Habanas
Mi viejo amigo Nelson, tras una rara conversación telefónica y mucho tiempo sin vernos como se ven los amigos las caras, trajo a El Microwave una crónica ¿dolorosa? sobre una Habana plural, diversa.… Leer más
Perdí la cuenta de la cantidad de madrugadas, tardes infinitas y turnos aburridos en los que mis compañeros de estudios y yo hemos desmenuzado el periodismo cubano, sus causas, sus destinos, sus atajos,… Leer más
Estoy parado sobre el muro del Malecón. Indeciso. Vacilante. Las olas rompen contra el diente de perro y se desparraman en gigantescas cortinas líquidas que llegan más allá de la avenida. Solamente a… Leer más
Y fue el alcohol, y los sentimientos compartidos, y la ausencia de una imprenta, y una cosa bastante parecida a la amistad lo que nos llevó a pensar que en un Martes cualquiera… Leer más
Hasta aquí, me dije. No soporto un día más sin pasear por el Malecón, vieja costumbre adquirida hace muchos años y que reforcé cuando emigré hacia el Vedado. Salgo dispuesto a caminar. Sin… Leer más
Desperté sobresaltado. Había sido un largo sueño, una de esas películas existencialistas que intentan recoger en un par de trazos la vida humana. La vi a mi lado, tan frágil. Comprendí que, sin… Leer más
Saldando viejas deudas, tras descubrir que sin quererlo tengo entre manos un blog cumpleañero, haré un poco de historia y recuento del origen de El Microwave. Ha pasado tan rápido el tiempo que un miope y olvidadizo profesional como yo reconstruirá los hechos escudriñando la bruma, con esa cara interrogante que nos es característica a los de vista corta cuando andamos sin espejuelos. Así que no crean mucho de lo que está aquí. Tal vez no sean más que invenciones pre-Alzheimer mías. Digamos entonces que estos sucesos están BASADOS en hechos reales, lo que me salva honrosa y literariamente de cualquier mentira, disparate y/o metedura de pata.
Viendo las cosas en perspectiva, me inicié en la escritura con un plagio abierto, brutal. Afortunadamente para mí, toda la literatura no es más que un plagio más o menos velado, un juego de reescrituras salvado gracias a que los lectores (por suerte para los escritores) tienen una vida muy corta y las sociedades una memoria más corta aún. Así que no soy más apócrifo que el resto. Va y un día escribo El tambor de hojalata. Veremos si tiene tanto éxito como aquella composición.