El cine contra sí mismo

Carátula de Abraham Licoln vs. Zombies

Carátula de Abraham Licoln vs. Zombies

Acostumbro a revisar los audiovisuales que corren por la ciudad de la mano de esos nuevos personajes que son “los vendedores de paquetes”. Las series son por lo general su producto más atractivo pero a cada rato le echo un vistazo a las películas. Usualmente son estrenos en copias imposibles de disfrutar, pero más de una vez he salvado alguna rareza de tanta hojarasca.

Cuando me encontré con un filme llamado “Strippers vs Werewolfs” pensé que era una suerte de parodia, un divertimento de algunos chicos de la costa oeste que sueñan con llegar a ser artistas de la Meca. Hice un poco de zapping en la película y mis sospechas se confirmaron; resultó ser una peli de tipo B, con escaso presupuesto, actores desconocidos y guión risible. Lo que no imaginé es que encontraría una película con el nombre de “Abraham Lincoln vs Zombies”.

La trama de “Strippers…”, aunque osada, recuerda de alguna manera el entorno de “From dusk till dawn”, con su bar y figuras demoníacas de bajo mundo. Sin embargo la segunda peli, si les parece que el título es una broma, esperen a verla. Pensaba encontrar algún chiste, una referencia rara, pero no: ¡la historia es literalmente acerca del enfrentamiento de Abraham Lincoln contra una invasión de zombies!

Para que tengan una idea, les cuento un par de escenas. Un soldado contagiado logra liberarse de las cadenas que lo mantenían en una cama y ataca al guardia personal de Lincoln. El presi pide una espada y se lanza contra el zombie. Imagínense al venerable hombre de la barbita blandiendo un sable contra un muerto viviente. El bicho le tumba el sable y para suerte del futuro de la nación americana, en ese justo momento le lanzan un simpático cacharro -que resultó ser una guadaña desplegable- que el adusto unificador de Estados Unidos blande con habilidad de granjero, y con el que cercena de un preciso golpe la cabeza del zombie. En serio, en el Aquelarre no encontrarán humor mejor.

Después viene un irrepetible diálogo de Lincoln con su ¿secretario de guerra?, donde en un arrebato mesiánico el presidente declara que debe combatir personalmente la invasión zombie, y que el destino de la nación se decide no en la unificación del Norte y el Sur sino en la pelea contra las fuerzas de ultratumba (el extracto es mío, les dije que el diálogo es irrepetible). Estoy seguro que un tipo como Reagan o el pequeño Bush hubieran matado por tener la posibilidad de decir esas líneas.

Y sí, la película se pone peor. De repente asistimos a la misión de un comando de rescate encabezado por el sagaz Abraham Lincoln, un grupo compuesto por 12 hombres (la tentación de usar ese número teniendo a un Mesías de protagonista era irresistible, los entiendo). El comando se tropieza con el General Thomas Jonathan “Stonewall” Jackson, mítico héroe de la Guerra Civil, lo que nos convence de que el guionista no pretende hacer una novela de tipo histórico, con un escenario real y un margen de duda; más bien parece que no tiene ningún problema con desmenuzar la historia hasta sus últimas consecuencias.

Y no les cuento el resto de la historia para que la busquen (de hecho espero que no lo hagan) pero sí quería, a falta de una teoría mejor, exponerles mi tesis sobre esta joya cinematográfica:

Había una vez cierta película llamada Alien vs. Predator, que tuvo bastante éxito entre un amplio público que iba desde los amantes de la ciencia ficción hasta los que gustaban de las películas de acción más comerciales.

La película tuvo secuelas, y se entrelazó con el universo cultural de Alien y Predator, que desde la década del 80 venía rodando.

En el 2011 salió Cowboys vs. Aliens, superproducción que intentó reavivar el western a través de unos de esos remixes de los que tanto gusta Hollywood, que en la actualidad no teme echar mano a cuanto recurso posmoderno tenga a su alcance.

El cine B, desembarazado de muchos de los imperativos económicos de las Grandes Ligas audiovisuales, ha recorrido muchas veces los caminos del riesgo y la experimentación –esos mismos que Mark Kermode les pedía a la gran industria que recorriera- con un desenfado solo esquiparable al de las producciones surcoreanas (todavía me quedo en shock cuando pienso en un filme como Save the green planet).

De ahí que The Asylum, la productora del filme –exitoso negocio conocido por fagocitar cuanta oportunidad se le presente, vea si no el estreno de su película Transmorphers en los mismos días que la superproducción Tansformers- y otras similares se hayan lanzado a la conquista del modelo. Modelo, que si es rentable, pronto invadirá los grandes estudios de Hollywood (recordemos como Paramount compró Paranormal Activity y ha resultado un jugoso negocio para el estudio).

Por lo pronto, esperemos que las continuadoras del género tengan menos de Ed Wood y más de Ridley Scott. Por el bien del cine y de nosotros, sufridos espectadores.

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