Chucho Valdés, New Orleans y yo
Mientras los metales de New Orleans resonaban recordando el distintivo signo de la familia Marsalis me acerqué lentamente, aún incrédulo ante esta concurrencia del azar. A escasos metros comprobé que la boina azul mostraba el inconfundible canguro Kangool. Del millón de coincidencias posibles ahí estábamos, en combinación casi irreal, Chucho Valdés, New Orleans y yo.