Gafas oscuras, gorra eterna y melena semigrisácea -señal del paso del tiempo, como su abultado vientre-; Frank Delgado representa al último de los topos que se niega a salir a la superficie. Atrás -muy atrás- quedaron los años en que junto a Carlos Varela, Santiago Feliú y Gerardo Alfonso trenzaba sueños y vida en canciones intrincadas que forman parte de la banda sonora de más de un cubano. Ahora canta junto a Buena Fe, o se desgañita semanalmente en los centros (pseudo)culturales a los que una élite dizque intelectual acude para no perder su status de gente inteligente. Pero se le nota algo de repugnancia a todos estos actos -“de algo hay que vivir” me diría seguramente si le preguntara al respecto- por eso busca escapes, salidas de ese trajín tan poco poético.
Esa necesidad de hacer arte para un público que acude a una sala exclusivamente a escuchar canciones llevó a Frank Delgado al teatro El Sótano, donde desde comienzos del verano el trovador realiza una peña cada miércoles en la que, según él mismo, vuelve a sus orígenes lo que, eso sí, con un público mucho más numeroso. Sigue leyendo →