Sin saber bien cómo, se me escurrieron los días de vacaciones. Primero un mes alejado de la ciudad; si bien los 25 días que estuve en Televisión Serrana realizando mis prácticas de periodismo audiovisual no fueron agobiantes, para nada. La estancia en la intrincada región oriental me sirvió para descubrir ese mundo más allá de las fronteras de nuestra capital, tan diferente a mi entorno cotidiano. Pude disfrutar de la ingenuidad del campesino, esa que está a punto de desaparecer bajo el influjo de lo moderno que troca la mano franca en mano interesada. Amanecí con la vista de un paisaje de lomas superpuestas y ríos serpenteantes, sonidos de herrerías y pájaros silvestres. Compartí con un colectivo maravilloso, hecho a la medida del magnífico lugar en que realiza su trabajo. Terminado el período, retorné a mi ciudad. Sigue leyendo