Dolor, dolor infinito deberían ser las únicas palabras que describieran lo que pretendió ser la más reciente gala de la Facultad de Comunicación.
Llegué temprano a la Facultad de Psicología. Leonardo, el muchacho nuevo de mi aula, se arrimó a mi lado y con cierto orgullo le comenté que las galas de la FCOM eran de las mejores que se realizaban en el Festival de Cultura de la Universidad de La Habana, que el teatro siempre se llenaba y a veces hasta para los propios estudiantes de la Facultad era difícil entrar. Recién llegado de Camagüey, Leonardo no conoce mucho de las historias entrelazadas de la Facultad de Comunicación y la Copa de Cultura. No sabe de los primeros años invictos, de la derrota del 2006, del despojo del 2007, de la actitud orgullosa e inmadura del 2008 -cuando la Facultad decidió no participar en la Copa y realizó su festival al margen de la competición-; no sabe del glorioso retorno en el 2009 de la Copa a su hábitat natural, la oficina de Julio el Dequi. Sí ha escuchado que somos buenos en esto de la Cultura, y para comprobarlo ha llegado bajo un demoledor sol a los predios de San Rafael y Mazón. Sigue leyendo
No tengo la menor duda de que las transformaciones –al menos las hechas con buena fe- que sufren los planes de estudios son con la intención de ajustar la formación profesional a la realidad circundante, para garantizar que el futuro graduado logre insertarse con los conocimientos necesarios en un posible entorno laboral. Por eso pienso que el llamado “Plan D” es superior al “C”, como mismo lo será el “E” en unos años. Lo que sucede es que de repente la espada de la pregonada semipresencialidad ha comenzado a soltarse y está a punto de cortar más de una cabeza. 
