Harold Lopez Nussa: de la sutileza de un bolero al jolgorio de una descarga
No podría precisar en qué momento llegaron a mis oídos los compases de Harold López Nussa. Probablemente fuera en aquellos primeros días en que, recién mudado al Vedado, vagaba con asombro casi provinciano por esas calles anchas y vacías que no eran las populosas Línea y 23, descubriendo parques imposibles, estatuas conversadoras y, lo más importante, a escasos metros de mi casa, los contornos melódicos del Auditorium Amadeo Roldán.