Abro Internet y me recibe la muerte de Leonard Weinglass, quien hasta ese momento no representaba para mí más que uno de los abogados de los Cinco Héroes. Minutos más tarde, gracias a un breve texto de Ricardo Alarcón, descubro la gigantesca dimensión ética de Weinglass, y que no se podría escribir la historia del derecho norteamericano y la lucha por las causas justas sin su nombre.
Luego un tweet me lanza 175 misiles Tomahawk destinados a restaurar la democracia en Libia. Democracia para sobrevivientes, debieran añadir. Mientras otros reciben rescates económicos, Libia es congraciada con 122 destructores millones de dólares cortesía de la OTAN. God bless them. Y mientras Gadafi y las potencias occidentales se reniegan mutuamente, los habitantes de un Trípoli en llamas se reúnen en triste cortejo para despedir a sus muertos, que nunca tendrán la publicidad de los apagados ojos violetas de una Liz Taylor mucho más noticiable que todos los niños afganos, irakíes y libios que has desaparecido jugando con el rey de las flores en los últimos años. Sigue leyendo