Archivo de etiqueta: Música

Liuba y sus misterios

La mar de veces los misterios nos penetran sin pedir permiso, imperceptiblemente; a través de minúsculos e indistinguibles hechos que nos dejan un regocijo innombrable, una sabia alegría que cala hondo. Así que cuando ese ángel mayor que es Liuba María Hevia -irrepetible conjunción de canciones puras y tierna voz- nos convoca a montar sobre las alas de un colibrí podemos afinar nuestros espíritus porque el festín de arcanos que se avecina es indudable. Y se agradece.

Una noche con blogs, JazSeo no. 3

El luctuoso párrafo anterior fue mi manera de pedir disculpas por el retraso injustificable de JazSeo, que en esta ocasión sufre las consecuencias de unas grabaciones asincrónicas pero que sin lugar a dudas muchos disfrutarán por el sensacional tema que Karel ha logrado conseguir, un “Night in Tunisia” fenómenal de la mano de estudiantes de las escuelas de música de la capital y el acompañamiento de cuatro músicos del Jazz at Lincoln Center, quienes estuvieron hace unas semanas en Cuba como parte del “Horns for Havana”.

Chucho Valdés, New Orleans y yo

Mientras los metales de New Orleans resonaban recordando el distintivo signo de la familia Marsalis me acerqué lentamente, aún incrédulo ante esta concurrencia del azar. A escasos metros comprobé que la boina azul mostraba el inconfundible canguro Kangool. Del millón de coincidencias posibles ahí estábamos, en combinación casi irreal, Chucho Valdés, New Orleans y yo.

El último de los topos

Gafas oscuras, gorra eterna y melena semigrisácea  -señal del paso del tiempo, como su abultado vientre-; Frank Delgado representa al último de los topos que se niega a salir a la superficie. Atrás… Leer más

Cronología de un podcast

8 de agosto 12.53 pm De: Karel Iroko Tengo tarde libre en el vedado. Hay algo que hacer? Karel 12.56 pm De:Rafa Chama no sé d nada yo también ando libre si se… Leer más

Alarma contra la cultura en Muralla 63

Los avatares ordinariamente humanos de una extraordinaria institución

La huella indeleble del aprendiz de brujo

El azar concurrente me ha llevado a Silvio Rodríguez una y otra vez en lo que va de año, como las botellas lanzadas al mar que recalan intermitentemente en las costas y vuelven a su eterna travesía. Sin embargo aún no había presenciado esos fugaces actos de amor que realiza el bardo de barrio en barrio, pulsando los espíritus de algunas de las personas más necesitadas de nuestra ciudad. Por eso accedí gustoso a la invitación de unos amigos que, como buenos silviófilos, se olvidan de criterios geográficos y persiguen al trovador por cuanto teatro de alcurnia o esquina pendenciera decide regalar canciones.

Solo salen

La inmensa sapiencia de Blado, en una noche cualquiera de guitarra y ron,  nombró a Roly Berrío  ”el Matamoros de la Nueva Trova” con sobrada razón. Sin lugar a dudas este santaclareño es el padre de varias de las mejores canciones que se han compuesto en los últimos años en este trozo de tierra. Ex miembro del legendario trío Enserie (el único que queda de este lado si no me equivoco), Roly pertenece a esa rara banda de gitanos nucleados en torno a la Trovuntivitis, obra salida de la mano de Ramón Silverio y que nunca ha sido lo suficientemente agradecida (como no lo fue el patio de María en su momento).

El privilegio de la metáfora sobre la anécdota

La Nueva Trova (y su larga descendencia) ha servido de refugio de la mejor literatura surgida en nuestro país en los últimos cuarenta años. Quién negaría la calidad lírica de los versos de Silvio Rodríguez, o los aciertos narrativos de las trovadas de Frank Delgado. Sin menospreciar la calidad de los textos, existe sin embargo en nuestra tradición trovera una preeminencia de la historia sobre el símbolo, la necesidad de contar algo sobrepasa a la de la expresión abstracta.

Harold Lopez Nussa: de la sutileza de un bolero al jolgorio de una descarga

No podría precisar en qué momento llegaron a mis oídos los compases de Harold López Nussa. Probablemente fuera en aquellos primeros días en que, recién mudado al Vedado, vagaba con asombro casi provinciano por esas calles anchas y vacías que no eran las populosas Línea y 23, descubriendo parques imposibles, estatuas conversadoras y, lo más importante, a escasos metros de mi casa, los contornos melódicos del Auditorium Amadeo Roldán.

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