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Liuba y sus misterios

Imagen del ensayo del concierto "Como un ángel que despierta". Foto: Olivia PrendesLa mar de veces los misterios nos penetran sin pedir permiso,  imperceptiblemente; a través de minúsculos e indistinguibles hechos que nos dejan un regocijo innombrable, una sabia alegría que cala hondo. Así que cuando ese ángel mayor que es Liuba María Hevia -irrepetible conjunción de canciones puras y tierna voz- nos convoca a montar sobre las alas de un colibrí podemos afinar nuestros espíritus porque el festín de arcanos que se avecina es indudable. Y se agradece. Sigue leyendo

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El último de los topos

Gafas oscuras, gorra eterna y melena semigrisácea  -señal del paso del tiempo, como su abultado vientre-; Frank Delgado representa al último de los topos que se niega a salir a la superficie. Atrás -muy atrás- quedaron los años en que junto a Carlos Varela, Santiago Feliú y Gerardo Alfonso trenzaba sueños y vida en canciones intrincadas que forman parte de la banda sonora de más de un cubano. Ahora canta junto a Buena Fe, o se desgañita semanalmente en los centros (pseudo)culturales a los que una élite dizque intelectual acude para no perder su status de gente inteligente. Pero se le nota algo de repugnancia a todos estos actos -“de algo hay que vivir” me diría seguramente si le preguntara al respecto- por eso busca escapes, salidas de ese trajín tan poco poético.

Esa necesidad de hacer arte para un público que acude a una sala exclusivamente a escuchar canciones llevó a Frank Delgado al teatro El Sótano, donde desde comienzos del verano el trovador realiza una peña cada miércoles en la que, según él mismo, vuelve a sus orígenes lo que, eso sí, con un público mucho más numeroso. Sigue leyendo

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Alarma contra la cultura en Muralla 63

Cartel promocional del concierto A guitarra limpia Rubial y Barbería

Cartel promocional del concierto A guitarra limpia Rubial y Barbería

A mi correo llegó esta historia tristísima, que empañó el quehacer de las buenas gentes que tanto hacen por la cultura nacional desde su minúscula atalaya al comienzo de una callejuela habanera. Me pregunto, ¿cuándo abandonaremos los oscuros procesos que dominan en este castillo nuestro? Sigue leyendo

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La huella indeleble del aprendiz de brujo

El azar concurrente me ha llevado a Silvio Rodríguez una y otra vez en lo que va de año, como las botellas lanzadas al mar que recalan intermitentemente en las costas y vuelven a su eterna travesía. Sin embargo aún no había presenciado esos fugaces actos de amor que realiza el bardo de barrio en barrio, pulsando los espíritus de algunas de las personas más necesitadas de nuestra ciudad. Por eso accedí gustoso a la invitación de unos amigos que, como buenos silviófilos, se olvidan de criterios geográficos y persiguen al trovador por cuanto teatro de alcurnia o esquina pendenciera decide regalar canciones. Sigue leyendo

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El privilegio de la metáfora sobre la anécdota

La Nueva Trova (y su larga descendencia) ha servido de refugio de la mejor literatura surgida en nuestro país en los últimos cuarenta años. Quién negaría la calidad lírica de los versos de Silvio Rodríguez, o los aciertos narrativos de las trovadas de Frank Delgado. Sin menospreciar la calidad de los textos, existe sin embargo en nuestra tradición trovera una preeminencia de la historia sobre el símbolo, la necesidad de contar algo sobrepasa a la de la expresión abstracta. Por eso se agradecen conciertos como el del pasado sábado 9, en el que Heidi Igualada, escoltada de su grupo Trébol de Ciudad, creó un circular cerco de poesía en el que fuimos atrapados todos los asistentes. Sigue leyendo

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Un brujo del amor y el tiempo (Nota de presentación del libro “Silvio, aprendiz de brujo”)

Por Vivian Núñez

Portada de "Silvio, aprendiz de brujo"

Cuenta el mexicano Eduardo Valtierra que él se sobrecogió, hace muchos años, cuando escuchó por primera vez la palabra guerrilla en un texto musical. Se trataba de los versos finales de “Te doy una canción”, de Silvio Rodríguez. Según admitió, décadas después sigue sobrecogiéndose con las composiciones del trovador.

Y desde esa admiración sobrecogedora y sentida fue que Valtierra escribió su obra Silvio, aprendiz de brujo, presentada el 16 de febrero, en La Habana, en la XX Feria Internacional del Libro, en la que más de una treintena de voces latinoamericanas, casi todas cercanas al fundador de la Nueva Trova, opinan sobre él y sus canciones, desde la amistad y el compromiso.

Dicen que los brujos pueden, entre otras cosas, detener el tiempo. Y ese es un poder que le atribuye a Silvio su amigo Guillermo Rodríguez Rivera. Sólo así se explica que generaciones posteriores a las del cantautor sigan agolpándose para entrar a sus conciertos o desafíen el sol o la lluvia para emocionarse con sus letras y sus melodías.

Y ese relevo generacional que ha seguido a Silvio se puso de manifiesto ese día de febrero en la presentación del libro, uno de los últimos títulos de Ediciones La Memoria, sello editorial del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.

De los trovadores que cantaron esa tarde, apoyando los comentarios y la lectura de fragmentos del texto hechos por Valtierra, solo Sara González es contemporánea del trovador. Marta Campos y Heidi Igualada son más jóvenes; más jóvenes aún son Eduardo Sosa, Ariel Díaz, Lilliana Héctor, los integrantes del dúo Karma y Lien y Rey. Ninguno cantó imitando a Silvio. Todos lo hicieron emocionados y agradecidos.

En la repleta sala Nicolás Guillén de La Cabaña también se agruparon admiradores de todas las edades. Y coreaban las conocidas  “Unicornio”, “La gota de rocío” o “Te doy una canción”, y se sorprendían con otras que habían escuchado menos como “Que ya viví, que te vas”, “La resurrección” o “Querer tener riendas”. Esta última pieza, según reveló Sara González, la escribió Silvio pero ella se la “enseñó” cuando la grabaron juntos.

Para Rodríguez Rivera, quien tuvo a su cargo la presentación, Silvio, aprendiz de brujo es un libro chismoso, en el buen sentido de la palabra, si lo tiene, porque “enseña cosas”, incluso a él que tanto conoce del fundador de la Nueva Trova.

Otro poeta y amigo, Víctor Casaus, director del Centro Pablo, se reconoció una vez más como un silviófilo incurable, al tiempo que rememoró los años del Caimán Barbudo, en los que el trovador andaba con su guitarra a cuestas y él con sus versos, que no es lo mismo, pero es igual.

Sonriente y por momentos sonrojándose, Silvio asistió a la presentación del volumen, en la que también estaban el ministro de cultura Abel Prieto y la presidenta del Instituto Cubano del Libro, Zuleica Romay.

La magia se extendió hasta el jueves 17, en la galería Los pasos perdidos de la Biblioteca Nacional José Martí. Allí, la ausencia de trovadores la suplieron las hijas de Valtierra, Ilce y Erika, quienes acompañaron a su padre interpretando las composiciones, sin guitarra pero con mucho deseo. Y es que desde niñas no conocieron otras nanas que los cantos del cubano.

Licenciados en bibliotecología, historiadores, trabajadores de mantenimiento, empleadas de la cafetería, cubanas y cubanos diversos, jóvenes y viejos, narraron anécdotas de su vida vinculadas a Silvio, se acercaron al micrófono y cantaron, mientras que otros se agruparon para imitar con sus gargantas los sonidos de la guitarra, de la clave, o del bongó.

“Hoy le dimos un duro golpe al reguetón”, comentó como para sí uno de los asistentes a la presentación, quien se retiró del salón tarareando “La era”,  con un libro de Valtierra bajo el brazo.

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Blado, un caimanero ejemplar

Esta es una entrevista con casi dos años de existencia. La rescato porque hace mucho tiempo que no sé de la pandilla del Caimán. He escuchado que andan ahora por el Diablo Tún Tún los sábados, y es que esos caimaneros no saben quedarse tranquilos en una redacción. Aquí va esta conversación con el entrañable Blado.Revista Cultural de la juventud cubana

No se puede escribir la historia del Caimán Barbudo sin mencionar a Bladimir Zamora . Este eterno joven lleva más de 30 años vinculado a dicha publicación y es una fuente inagotable de historias sobre el quehacer de la revista cultural.
Nos encontramos en su apartamento de Monserrate 405, más popularmente conocido como La Gaveta por su minúsculo espacio. Refugiados entre libros comenzamos:

─ ¿En qué contexto surge la publicación?
El Caimán Barbudo apareció en 1966 como un suplemento del periódico Juventud Rebelde, con una frecuencia quincenal aunque esta etapa no duró mucho tiempo.
Rápidamente comenzó a tomar cuerpo de manera independiente. Alrededor de la publicación nuclearon un grupo de escritores, fundamentalmente jóvenes poetas. También había narradores (Luis Rogelio Nogueras, Víctor Casaus, Guillermo Rodríguez Rivera) y otros “raros” como Silvio Rodríguez.
El concierto realizado el pasado 22 de noviembre (2008) en el Centro Cultural Pablo de la Torriente se llamó Silvio y nosotros porque de alguna manera era una parábola de lo que había pasado en 1968, cuando los fundadores del Caimán le cantaron y recitaron poemas a Teresita Fernández. Sigue leyendo

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