Pillerías
Eran cerca de las siete de la noche; la oscuridad comenzaba a ensombrecer el paisaje rodante de Alamar. De repente, una turba de enanos subió a la guagua. Eran cerca de 15, venían sudados, semivestidos con kimonos de combate y cintas de colores alrededor de la cintura que delataban su condición d karatecas de media tarde. Ruidosos rabos de nube, sacudieron con su algarabía todo aquel sitio.