Silvio no contó con tu presencia

Nelson: es una lástima que la vida te haya impuesto cargas tan duras demasiado pronto y no puedas disfrutar de muchos momentos de despreocupada juventud. Cuando me devolviste la entrada para el concierto de Silvio, explicándome que no podías ir porque tenías que trabajar, me avergoncé de mis 20 años tarambanas.

Un gigantesco cartel que me recordó ciertas fotos de los años cincuenta, anunciaba a los cuatro vientos el nombre del teatro, Lázaro Peña, recién remozado según cierto chiste para entretener a la gran masa de ex trabajadores que se avecina. Quienes teníamos entradas para el segundo balcón hubimos de hacer una serpentina cola que se prolongó por varias cuadras (ni siquiera con Silvio escapamos a nuestro sino de las colas). Una vez dentro del teatro subimos por incontables escaleras que me hicieron extrañar los espaciosos peldaños del Amadeo o del Karl Marx. Después de dejar medio ánimo sobre los escalones llegamos a una suerte de gallinero, con un exceso de sillas repartidas sin mucho concierto y al parecer destinadas a un liliputiense público. “Todo sea por Silvio”, pensé entre suspiros. Como buen gallinero el parloteo fue constante, ni siquiera en los momentos más inspirados del concierto pude sentir la tranquilidad que distingue a los teatros, aunque debo reconocer que el sistema de audio no contribuía mucho a una buena audición. Entre un mar de cuchicheos entendí (o creí entender) que el concierto estaba dedicado al bicentenario de Chile, de ahí que a cada rato se alzara el grito de algún chileno (nunca he entendido una oración entera dicha por un chileno, sus películas siempre las he tenido que ver subtituladas).

Al final me olvidé del parloteo, de los gritos y de la incomodidad de las sillas. Cuando comenzó la música, dejé mi atormentado cuerpo anclado a la butaca y sumergí mi espíritu entre las cuerdas de Trovarroco, las llaves de Niurka, los golpes de Oliver Valdés y la poesía de Silvio. Verdaderamente Silvio ha encontrado su fórmula definitiva; tras cuatro décadas buscando y experimentando con formatos de acompañamiento musical, desde la solitaria guitarra hasta el apoteósico Irakere, con esta banda acompañante ha tocado puerto seguro. Los temas clásicos aparecieron con renovados bríos, como si hubieran salido ayer del horno creador. Me divertí mucho al dividir al público según el momento en que comenzaban a aplaudir una canción: por un lado estaban los “silviófilos”, que les bastaba un trozo de armonía para descubrir la canción, mientras que en el otro estaban aquellos que tenían que esperar a que Silvio empezara a cantar para dar con el tema.

Me molestó mucho que, cuando Silvio abandonó el escenario y el trío Trovarroco cargó con uno de sus himnos de batalla –Chan chan, homenaje a Compay Segundo-, las personas lo asumieran como un entreacto: muchos se levantaron, fueron al baño o simplemente estiraron las piernas, sin un mínimo de respeto para los músicos que permanecieron en escena dando lo mejor de su arte. Trovarroco es un excepcional grupo que lamentablemente no recibe ni recibirá el reconocimiento que merece del público. Si así fue con el público “culto”, no quiero pensar que suerte correrían en otros espacios.

Pero volvió Silvio y siguió la noche su curso. Poco a poco se fueron hilvanando melodías, mezclando lo antiguo y lo reciente para homenajear a la patria de Salvador Allende. Sin darme cuenta, entre coros mejor o peor entonados finalizó el concierto. Aplaudí. Aplaudí como aplaudo siempre a esto reparador de sueños que no se cansa de demostrarnos que ser un tilín mejores no es solo un verso de sus composiciones.

Me acordé de ti, que a esa hora debías de estar en tu trabajo. Pensé que tenía que contarte un poco de lo que vi y sentí, a ti, que merecías mil veces más que yo estar en ese concierto. Comprendí entonces que no es que te hubieras perdido el concierto, es que tú le faltabas al teatro. ¡Qué persona tan importante! Me sentí honrado de considerarte mi amigo, y quise honrar un poco el concierto con tu presencia a través de estas palabras. Espero que Silvio tenga la oportunidad de contar contigo la próxima vez.

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6 comentarios en “Silvio no contó con tu presencia

  1. Rafa tu cronica conmueve realmente. pero mucho más la amistad que sientes por Nelson. esos son los amigos que quedan para la vida entera. Muchas felicidades.

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