Cristales rotos

Hace un par de semanas llegué a la librería Fayad Jamís. Ya comenzaba a extrañar ese reducto al fondo del Palacio del Segundo Cabo, en el que lo mismo encontrabas una revista perdida que un libro delicioso.

A pesar de su diseño impecable, a pesar de sus estanterías magníficas y vidrieras atrayentes, tuve que sonreír con desazón al escuchar a la vendedora explicarme que las obras completas de la poeta Fina García Marruz, editadas en dos tomos, no podían venderse por separado. Yo les sugerí, ya que cada libro traía su precio individual, que pusieran un cartel aclaratorio, para futuros casos como el mío. Entonces me tiró otro cubo de agua fría, “es que si viene una inspección y nos cogen con los precios cambiados será una falta”. Nuevamente sonreí, me sentí en una tienda de artículos domésticos, comprando pasta dental y no palabras vivas. Cuando salí, advertí una pequeña fractura en el cristal de la entrada que exhibe los versos del poeta.

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