Canciones

A mi abuela, que amaba la música por sobre todas las cosas

Andaba yo montado en un P-3, en uno de mis ya habituales viajes rumbo a M-X, mientras la noche se avecinaba de pronto y sin aviso, como sucede en estos tiempos en el que el año se esfuma. A contrapelo de las predicciones de los pesimistas la guagua se encontraba casi vacía (que en cubano significa que no iba como un insecto incrustado contra la puerta).

No sé si por complicidad con el ambiente o qué, el caso es que a mis audífonos le dio por deslizarme tibiamente, como quien arrulla a un niño, la versión de Harold López-Nussa de esa hermosa canción que es “8 y6” de Fito Páez. Las tiernas notas me sumergieron en un mundo de amores primeros, de universos conquistables abiertos ante nosotros."Canciones", disco de Harold López-Nussa

Y es que eso tienen los diez temas que componen el disco del joven pianista, obra que responde al sencillo nombre de “Canciones”. Desde Tom Jobim y Vinicius de Moraes hasta Carlos Varela, para disfrute de nuestros corazones desfila un decálogo de composiciones por las manos de Harold, quien en compañía de excelentes músicos se reapropia de estas melodías y las hace sonar de tal manera que sentimos la voz que no aparece a lo largo del disco.

No es un hecho fortuito que el fonograma se titule “Canciones”. El disco está compuesto por emblemáticas piezas que nacieron para ser interpretadas fundamentalmente por la voz, con la excepción de “Bailando suiza”, del propio Harold y “Los muñecos” de Ignacio Cervantes, que según el destacado musicólogo Leonardo Acosta debió inspirarse en alguna canción olvidada en el tiempo. Y Lopez-Nussa las (nos) hace vibrar de qué manera.

Por esas cosas de la industria cultural la mayoría de las personas solo conoce “Bailando suiza”, tema que contó con un videoclip muy original realizado por el fenomenal Raupa. El resto de las composiciones, que sin duda alguna gozaría de mucha aceptación en muchos y variados públicos, permanecen lejos de los entornos mediáticos, durmiendo en los discos y humildemente a la espera de algún afortunado para estremecer su alma entre las teclas de un piano, al compás de esas canciones.

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