Crónicas serranas IX

Domingo, 4 de julio de 2010 9:00 am

Dolor. Dolor infinito, parafraseando a Martí. Es la única frase que se me ocurre que define mi malestar ayer. Desde las cinco o seis de la tarde me comenzó un dolor de cabeza que no hizo otra cosa que empeorar. Después de algunos documentales pusimos “Dr. Strangelove” de Kubrick y en algún momento lo tuve que dejar, el dolor era insoportable.

Me quedé dormido, pero cerca de la medianoche me desperté con la sensación de que se me partiría la cabeza. Desanduve el portal un rato y me entraron ganas de ir al baño y de vomitar. Por burlarme de David caí en los brazos parásitos (ahora que me doy cuenta no puedo usar esta expresión aquí, se ve raro eso de parásitos con extremidades, pero al diablo).

Vómitos, diarrea y dolor de cabeza, que más puede uno pedir para una buena madrugada. Desperté a David y hablamos con el custodio. Él nos indicó la ubicación de la posta médica y bajamos.

Llegamos al lugar y todo estaba a oscuras. Preguntamos a dos muchachos y nos dijeron que encima de la posta vivía el médico. Tocamos hasta que se despertó. Fue muy amable. Como no tienen pastillas me inyectó, no recordaba que los pinchazos dolieran tanto. Subir la loma al regreso me debilitó aún más.

Me tiré en la cama, y hasta el sol de hoy, literalmente. No me duele la cabeza, esperemos que mis achaques hayan terminado.

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