Blado, un caimanero ejemplar

Esta es una entrevista con casi dos años de existencia. La rescato porque hace mucho tiempo que no sé de la pandilla del Caimán. He escuchado que andan ahora por el Diablo Tún Tún los sábados, y es que esos caimaneros no saben quedarse tranquilos en una redacción. Aquí va esta conversación con el entrañable Blado.Revista Cultural de la juventud cubana

No se puede escribir la historia del Caimán Barbudo sin mencionar a Bladimir Zamora . Este eterno joven lleva más de 30 años vinculado a dicha publicación y es una fuente inagotable de historias sobre el quehacer de la revista cultural.
Nos encontramos en su apartamento de Monserrate 405, más popularmente conocido como La Gaveta por su minúsculo espacio. Refugiados entre libros comenzamos:

─ ¿En qué contexto surge la publicación?
El Caimán Barbudo apareció en 1966 como un suplemento del periódico Juventud Rebelde, con una frecuencia quincenal aunque esta etapa no duró mucho tiempo.
Rápidamente comenzó a tomar cuerpo de manera independiente. Alrededor de la publicación nuclearon un grupo de escritores, fundamentalmente jóvenes poetas. También había narradores (Luis Rogelio Nogueras, Víctor Casaus, Guillermo Rodríguez Rivera) y otros “raros” como Silvio Rodríguez.
El concierto realizado el pasado 22 de noviembre (2008) en el Centro Cultural Pablo de la Torriente se llamó Silvio y nosotros porque de alguna manera era una parábola de lo que había pasado en 1968, cuando los fundadores del Caimán le cantaron y recitaron poemas a Teresita Fernández.

─ ¿Quién tiró la primera piedra?
El primer director de la revista fue el narrador y cineasta Jesús Díaz, ganador del premio Casa de las Américas en el género de testimonio. En determinado momento de su vida Jesús decidió no residir en Cuba, como lo hicieron muchas personas. Respeto su decisión, pero lamento que él pasara de una militancia muy activa dentro del proyecto revolucionario nuestro a ser franco participante en la reacción, incluso vinculado a algunas organizaciones de Miami. No obstante, nunca se puede dejar de reconocer su papel como primer director de la revista.

 

─ ¿Dónde empezaron las andanzas de la publicación?
El Caimán comenzó en la que entonces era la sede de Juventud Rebelde, en Prado 553. Después pasó a un pequeño local en Calzada y 8, más tarde a una casona de Paseo entre 25 y 27 y finalmente retornó al sitio original,  donde actualmente se ubica la Casa Editora Abril.

 

─  En ocasiones paso varios meses sin poder conseguir la revista, ¿no crees que se tiran muy pocas?
Una vez que adoptó su carácter independiente, la publicación llegó a contar con una impresión mensual de casi 80 000 ejemplares. Durante el Período Especial dejó de editarse, y una vez que reapareció lo hizo con el formato actual: bimensual y con una tirada de 20 000 ejemplares. Esta cantidad es insuficiente producto de una serie de apetencias culturales que se han abierto en la juventud en la actualidad, favorecidas en gran medida por la creación de programas como las Escuelas de Instructores de Arte.

 

─ ¿Y cómo llega Bladimir Zamora al Caimán?
Leí el primer número de la revista cuando tenía 12 años y vivía en Bayamo. Publiqué mi primer poema en ella en el año 1972, cuando estaba en la universidad. A partir de entonces realicé varias colaboraciones.
Incorporarme al Caimán Barbudo fue un elemento fundamental en mi desarrollo intelectual. Cuando termino mis estudios en 1976, ya era natural para mí la relación de trabajo con la revista.

 

─ Los años 90 fueron un período difícil para el país. ¿De qué manera afectó esta situación al Caimán Barbudo?
En el año 1990 la revista desapareció físicamente, en cambio sucedieron cosas hermosísimas.
Exactamente en agosto deja de publicarse. En ese tiempo yo era vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y estaba haciendo un recorrido por toda Cuba junto a la presidenta, que en aquel momento era Eloísa Carrera. En las reuniones con los asociados nos preguntaban por la revista y cuando les explicaba lo que había pasado, en varios lugares –recuerdo especialmente a Ciego de Ávila- los asociados dijeron que estaban dispuestos a recolectar papel para imprimir la publicación al menos en el formato más rústico posible, y así evitar que desapareciera.
En un momento Fernando Rojas, entonces director de la Editora Abril, y los pocos que quedábamos en el colectivo, comenzamos a pensar, aquí mismo, en La Gaveta, qué podíamos hacer para no perder la relación que la revista siempre tuvo con el público.
Entonces decidimos Fernando y yo organizar unos encuentros que denominamos Caimanes Orales. La idea original venía de la peña que yo organizaba en la casona de Paseo. Así que dije, vamos a aprovechar eso y le damos un poco más de organicidad. Llegamos a hacer en la antigua Casa del Joven Creador, actual Museo del Ron, unos Caimanes Orales con todas las secciones de la revista.
Hubo momentos de lujo. Recuerdo que realizamos uno justamente en diciembre, en medio del Festival de Cine. Alguien realizó una entrevista al cineasta Fernando Pino Solanas, otros leyeron cuentos y poemas; se hizo además una crítica a una obra de Abelardo Estorino, que estaba por allí. Conversamos con Pablo Milanés, y este cantó junto al entonces muy joven Polito Ibáñez.
El Caimán se resiste a ser solo una revista; hemos demostrado que funciona como una institución social con diversas maneras de comunicarse con el público. En los tiempos más duros siempre logramos una forma de que apareciera.

 

─ ¿Es El Caimán una revista juvenil?
Consideramos que sí. La publicación se nutre fundamentalmente de todas las acciones culturales que hacemos fuera de la redacción, del intercambio intenso con los jóvenes. Por tal motivo aparecen en la revista trabajos de pintores y narradores noveles. Tengo la vanidad de que existe una sección inventada por mí que se llama Por primera vez, para personas que escriben poesía y nunca han publicado sus textos. A partir de los concursos nos llegan muchos proyectos de gente joven. Cada vez que encontramos en algún lugar del país creadores con posibilidades y resultados promisorios hacemos artículos para destacarlos.

 

─ ¿La publicación es fiel a sus orígenes?
Desde su comienzo la revista ha tenido un perfil editorial que en esencia se mantiene. Por una parte se preocupa por reflejar lo más valioso de la literatura emergente del país, en todos los géneros. Por supuesto, sobresalen la narrativa breve y la poesía, aunque incluimos obras de teatro y ensayos. Además, se trata de mostrar un espectro del resto de las creaciones hechas por lo jóvenes, especialmente entre las artes plásticas, que han sido siempre la resonancia visual de la revista.
Otra de sus propensiones es -quizá porque Silvio está en la génesis de El Caimán- una no disimulada cercanía con la Nueva Canción Cubana y con el movimiento de la canción latinoamericana. Al mismo tiempo tiene la preocupación de revelarle a la juventud algunos testimonios de personalidades de la cultura cubana de generaciones anteriores que tengan especial importancia para el joven creador. Otra característica es la promoción de libros de excelentes autores que son poco conocidos en nuestro país.

 

─ En la revista se percibe una especial relación con el rock, ¿cómo nació esta afinidad?
La sección de rock del Caimán se llama actualmente La cuerda floja, y la escribe el periodista Humberto Manduley. En sus inicios se llamó Entre cuerdas y la hacía el Guille Vilar. Era un espacio mucho más breve que el actual y las informaciones que brindaba podrían parecer hoy muy elementales. Sin embargo, la revista las publicaba en un período en que a una gran cantidad de personas, sobre todo funcionarios de instituciones culturales y no culturales, les parecía que esa tendencia musical era parte del “enemigo”. Entre cuerdas fue una ventana dentro de aquella restricción en la prensa escrita. Considero que la revista puso alguna piedrecita en el muro que contuvo la intolerancia a ese género y posibilitó que ahora no sea nada raro hablar de rock y la propia publicación cuente con un espacio más amplio para tratar el tema.

 

─ ¿Cómo ha logrado El Caimán esa libertad de realización que ostenta?
El Caimán Barbudo pertenece al sistema de publicaciones que tiene la Unión de Jóvenes Comunistas agrupados en la Casa Editora Abril. Además, como revista que se hace en Cuba, responde a la política de prensa del Partido Comunista de Cuba. Lo que sucede es que al comparar El Caimán comparado con otras revistas parece que va “por la libre”, mientras que el resto se encuentra bajo la “férrea” tutela del Partido. Básicamente, nos regimos por las mismas bases editoriales pautadas para las demás.
Desde el principio, la revista tuvo una clara definición de compromiso, palabra a la que no renunciamos. En los últimos años hay personas que temen pronunciar Fidel o Revolución, pero pienso que cuando hay que decir una palabra no hay que buscar otra. Eso es otra forma de ser valiente.

 

─ ¿Cómo ves al Caimán en el futuro próximo?
Queremos que la revista tenga más ejemplares y que su frecuencia sea mensual. Sobre el contenido, otra aspiración es mantenernos al borde, no acomodarnos, no creer que tenemos la palabra absoluta. Buscamos quienes nos puedan nutrir para que la revista mantenga su impronta juvenil, no como una pose o estilo sino con ideas verdaderamente novedosas.


─ Como hombre sabio de la tribu caimanera, ¿eres capaz de reconocer sus errores?
Pienso que los redactores deben moverse más por las provincias, aunque esto es un problema básicamente de recursos. Queremos sistematizar la colaboración de personas con capacidades artísticas y literarias que viven por todo el país. Debemos trabajar para reflejar de manera regular el acontecer cultural de los jóvenes más allá de la capital.

 

─ ¿Cómo valora  Bladimir sus 22 años junto al  Caimán?
Me ha traído enormes satisfacciones. Sin El Caimán no me hubiera podido relacionar con varias generaciones de artistas jóvenes que son parte de mi formación, de mi círculo de amigos. También ha significado grandes tristezas. Que en el año 1990 dejara de salir la revista, independientemente de que me explicaran las razones, me provocó incluso un pre infarto. Fue un inmenso placer estar entre los vivos cuando se reanudó la circulación. Yo no puedo explicarme a  mí mismo sin El Caimán Barbudo.

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