Leyendo noticias

Abro Internet y me recibe la muerte de Leonard Weinglass, quien hasta ese momento no representaba para mí más que uno de los abogados de los Cinco Héroes. Minutos más tarde, gracias a un breve texto de Ricardo Alarcón, descubro la gigantesca dimensión ética de Weinglass, y que no se podría escribir la historia del derecho norteamericano y la lucha por las causas justas sin su nombre.

Luego un tweet me lanza 175 misiles Tomahawk destinados a restaurar la democracia en Libia. Democracia para sobrevivientes, debieran añadir. Mientras otros reciben rescates económicos, Libia es congraciada con 122 destructores millones de dólares cortesía de la OTAN. God bless them. Y mientras Gadafi y las potencias occidentales se reniegan mutuamente, los habitantes de un Trípoli en llamas se reúnen en triste cortejo para despedir a sus muertos, que nunca tendrán la publicidad de los apagados ojos violetas de una Liz Taylor mucho más noticiable que todos los niños afganos, irakíes y libios que has desaparecido jugando con el rey de las flores en los últimos años.

El comentario de un buen amigo me trae de vuelta la tragedia japonesa. Ellos tan estoicos, superarán su infortunio sin demasiado aspaviento, trocando las lágrimas en sudor como es su proverbial naturaleza. Goldman Sachs anuncia que es el desastre natural más caro de la historia, como si eso fuera lo importante y no las vidas, las casas, los pueblos, las historias que destrozó y siguen destrozando esa infernal complicidad entre la tierra y el mar.

Terrible, un mundo terrible y no son ni las diez de la mañana. Y aún no me he puesto a pensar en los mil tropiezos de mi paisito, que al lado de estos desmanes parecen quejas de señoras burguesas, pero los callos propios duelen más que los cánceres ajenos.

Pienso en cómo iba el mundo a las diez de la mañana cuando yo era pequeño. Entonces los periódicos eran para hacer papalotes, la radio para escuchar los episodios de Elpidio Valdés y la televisión, bueno, la televisión a las diez de la mañana ni siquiera tenía transmisiones. Por aquellos días, si alguien me hubiese mencionado la palabra Internet, habría pensado en algún evento deportivo.

Repasando aquellos años me pregunto en qué momento el mundo se fue al carajo y se llenó de desastres apocalípticos, guerras irracionales y muertes inoportunas, pero en el fondo sé que no, que el mundo no ha cambiado tanto; en aquellos días Libia se llamaba Yogoslavia y los Tomahawk eran tan eficientes destruyendo historias como hoy.

Nada, que hay días en que ser mayor y privilegiado tecnológico tiene sus desventajas.

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