4.30 pm

Esto parece (tiene que ser) un chiste. En mis ojos se empezaba a delinear inevitable la desesperanza de una hora de espera cuando apareció en la esquina de J, mitad espejismo, mitad premonición, el segundo P-1. Lentamente, majestuosamente, el infernal carro dobló en la céntrica calle. Los náufragos que éramos entonces, disminuidos tras 50 minutos de bombardeo de un sol vulgar, empezamos a movernos con sigilo, calculando las miles de posibilidades en las que se puede manifestar la parada de una guagua.

1.30 pm

El día no había sido precisamente un éxito. El 21 de junio, con el solsticio no solo había comenzado el verano, también se desató mi personal caja de Pandora. Al parecer existe una inverosímil conexión entre la posición del sol y mis vicisitudes.

Primero fue la computadora, que decidió no cooperar con las intenciones de David y mías de terminar de editar cierta entrevista atrasada. La muy desconsiderada, sin previo aviso nos dejó al pairo y no encendió más. En ese momento pensé en mi proyecto de metodología pospuesto y mi ensayo sobre cine ni empezado.

“No cojas lucha”, me recomendó David.

Siguiendo sus indicaciones partí hacia Cubadebate a entregarle la cámara a Rosa. El P2 no paró en la parada (inadvertido presagio). Desde la puerta, creí ver la fugaz silueta de Alejandra. Mi intuición, que hoy amaneció dormida, debió advertirme sobre lo que sucedió minutos después.

“Rosa acaba de irse, ¿no la viste?” me preguntó José Ramón sosegado, con esa alegría inconsciente que emanan los que están encerrados en un aire acondicionado y no saben que afuera el asfalto se deforma bajo el calor.

Sonreí, resignado a dejarme vencer por las circunstancias. Me sumergí en Internet, lloré mis penas en un Twitter ostensiblemente más aburrido que el día anterior, cuando #Twitthab prendió como pólvora en la twittosfera cubana.

Salí hacia casa de Rosa, fui para Coppelia ante la imposibilidad (o mi desconocimiento) de una ruta directa desde Cubadebate. No sabía que era allí donde verdaderamente comenzaría mi calvario.

(Lea la segunda parte acá)

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3 comentarios en “El día más largo del año (I)

  1. Muy bueno, rafa… Además te comprendo, llevo 20 años estudiando el fenómeno del transporte público en una IAP desarrollada desde Guanabacoa que cuando la publique merecerá un doctorado. Jaja. Un abrazo a todos los pobres mortales que tenemos en las guaguas nuestra segunda casa.

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