Lo que empezó como un sueño, un anhelo compartido, fue sumando almas por su esencia integradora, por su afán inclusivista, amén de las habituales escisiones  que provoca todo intento de unificar, verdad esta como un templo por paradójico que suene.

Cuando el primero de Julio, tras varios días de desconexión, me encontré un #Twitthab dividido (otros dicen que multiplicado), sentí lástima de nosotros mismos, de nuestra incapacidad de aunar voluntades.

Mi espíritu de romántico impenitente me indicó que debía permanecer fiel a la idea original, al Cinecittá primigenio, aunque fuéramos dos gatos, aunque la prensa nunca hablara de ese lugar, aunque no hubiera salas de navegación ni burocráticas complacencias.

No le resto legitimidad al otro lugar de reunión, solo que nunca entenderé ni apoyaré  cambios a deshora, cualesquiera que sean las razones, sobre todo porque ninguna ameritaba el traslado imprevisto (otros dicen que imperativo).

Pero sigamos en el primero de julio, en la esquina pactada en la que, a cuentagotas, fuimos llegando un soñador tras otro.

Nos reconocimos, nos intuimos, nos sospechamos por el aire de alegría que emanábamos. Así nos fuimos juntando hasta formar un grupo de sospechosa apariencia que decidió trasladarse al Carmelo, hogar de los irreverentes que desde los años 60 se relevan en el difícil trabajo de mantener viva la utopía.

Despojados de formalismos, ocupamos el restaurante y empezamos a corporeizar los espíritus ocultos hasta entonces tras las @.

Algunos, muchos, ya nos conocíamos; otros, desgraciadamente los menos, fueron una revelación. Supe así de @salvatore300, trabajador de un banco y “plagiador” de poemas; de @roger213tm, friki confeso y el segundo twittero cubano;  de tantos otros herejes, verdadero orgullo  -quizás sin tener conciencia de ello- de lo mejor de esta Revolución.

Con el tiempo fueron arribando espíritus del otro lugar, con noticias que hablaban de ambientes fraternos, vedettes de la dizque contrarrevolución ignoradas, lentes inquisitivos de la prensa extranjera y conexiones exasperantes.

Convertidos en grupo considerable, lo que se dice una muchedumbre en ciernes, nos lanzamos a la conquista del parque del Amadeo Roldán y, guitarra en mano, deshicimos dudas y escepticismos.

A esa misma hora, Argentina masacraba (o eso creía yo) a Bolivia en el partido inaugural de la Copa América. Pensé en irme a verlo, pero me ganó la idea de quedarme entre las canciones de Fito y Silvio, entre el revoltijo de ideas, recetas de cocina, disquisiciones filosóficas y políticas. Acciones cómplices de este modesto primer paso, que no fue perfecto, pero humanizó nuestro bregar diario por las redes, en últimas, su más auténtico sentido.

La vida tiene sus trampas y a veces sus zancadillas nos hacen trastabillar en el camino. Pero si perseveramos llegamos al puerto. Y como perseveramos, llegamos a #Twitthab.

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16 comentarios en “Como perseveramos, llegamos a #Twitthab

  1. Rafa, buen artículo, hermano. De cara a futuro saldrán mejor las cosas, con mejor coordinacion e unidad. Yo me lo perdí por cuestiones de trabajo, de última hora… ¿Fueron después al Pabellón Cuba?

    Un abrazo a todos,

    ifroilan

  2. Oye que padre que si se reunieron el el lugar origial, super de acuerdo contigo, en el twitter, se armo todo un rollo por lo de los cambios. Saludos.

  3. Pasé horas frente a la PC con una conexión a internet que daba pena siguiendo los sucesos de twitthab, esperando noticias de ustedes, de los que estaban offline. Sentía una mezcla de rabia y envidia que solo los que como yo que queriendo estar ahí y no podían sintieron ese día. Recuerdo como agite a @yurisander para que publicara las fotos en su blog. Me encantó este post, me encantó poder ver como se hizo realidad el sueño de twitthab, espero que este sea solo el primero de estos encuentros offline de gente que sale detrás de la @ para tenderse la mano.

  4. He estado pensando mucho en twitthab (debe ser una irremediable manía, la de pensarlo todo doblemente, desde la distancia). Y he recordado aquella convocatoria de Guillermo Cabrera Alvarez, cuando convidó a las parejas de enamorados, un 14 de febrero, a besarse en medio de la mismísima Plaza de la Revolución. No pudo ser.
    Ahora twitthab ya es un hecho. La demostración de que ningún bloqueo puede con Cuba, con los jóvenes, con esa fuerza nueva que avanza por todos los espacios, sin que nos demos cuenta suficientemente. Twitthab es la semilla de algo mucho más grande y poderoso, que todavía no alcanzo a ver, pero que huele mucho a Revolución.

  5. Nos alegra saber que fue un éxito. Falta que otros sectores de jóvenes cubanos, medio enagenados que andan, lo vean también como una plataforma para ellos. La Revolución cubana, en franco proceso de renovación de aires, debe continuar ganando y sobre todo a los jóvenes.

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