Gabriela

mi locura es la secuela de una terrible epidemia anémica, endémica y sentimental…

Frank Delgado

La recordaba menuda, una maraña de pelo castaño que me inició en los mágicos mundos de la pottermanía. Fue la primera Gabriela que inauguró una dulce maldición de Gabrielas a mi alrededor, también fue la primera persona que se acercó a lo que años más tarde llamé un buen amigo. Haciendo un balance responsable, ella salvó buena parte de mi infancia-adolescencia al devolverme a la senda de los libros correctos; gracias a ella me alejé de las peligrosas bifurcaciones de un sendero literario que no creo me hubiera conducido a nada bueno. Junto a ella se inician buena parte de mis recuerdos tempraneros, llenos de una cándida seducción por Internet –bendito privilegio que no entendería hasta muchos años después-, relecturas infinitas de las aventuras sucedidas en los pasillos de Hogwarts, paseos por la Marina Hemingway y viajes interminables a Varadero –cosas de trabajo, nada de ocio-.

Luego me fui a estudiar en aquella absorbente casa azul y nos perdimos de vista por mucho tiempo -demasiado tiempo-. Pero nunca olvidé aquel intrigante renacuajo que me hacía reflexionar más que la mayoría de los muchachos y muchachas de mi edad que me rodeaban. Un día supe que había partido, y la sumé a la lista de cosas irrecuperablemente perdidas más allá del muro del Malecón. Pasaron los años y crecimos, nos hicimos serios y lejanos.

Facebook -¡el dichoso Facebook!- nos devolvió a la senda común tras mil y una noches de distancia, y una búsqueda casual entre los papeles de mi madre me llevó hasta cierto teléfono olvidado. Fue así que di con ella muchos años más tarde -demasiados años más tarde- y concertamos un encuentro una noche habanera de agosto.

No sé que esperaba encontrar, tal vez una mocosa mucho más alta y menos despeinada, pero nada me preparó para aquella esbelta muchacha de vestido negro y cabeza soñadora que me abrió la puerta. La estreché contra mí, no todo lo fuerte que quería, pero si lo suficiente que me permitieron las buenas maneras. Subimos por J, conversando indeteniblemente de nuestros vaivenes, alegrías, derrotas; ¡caben tantas anécdotas en siete años! En la penumbra de la sala, la miraba entonar alguna que otra canción de Frank Delgado, todavía incrédulo ante esta visión tardía de una chiquilla que dejé vistiendo un desencajado uniforme de secundaria.

Salimos del teatro, caminando rumbo al lugar en que terminan todas las conversaciones de esta ciudad, aún parloteando indeteniblemente sobre nuestras más mínimas cuitas; yo con mi caótica y habanera manera de hablar, ella con ese acento que me evoca huelgas estudiantiles y canciones de Calle 13. Las olas fueron y vinieron hasta que la madrugada nos cubrió por completo y me tocó a mí la desagradable tarea de señalar que ya era tarde. Nos despedimos entre las luces nocturnas de las avenidas del Vedado, con las promesas de rigor de volvernos a encontrar antes de la partida inminente y un abrazo trunco.

No volvimos a encontrarnos. Varios días después me pregunto si todo no habrá sido producto de mi imaginación y algunos tragos nostálgicos de más. El miércoles 10 de agosto partió hacia un destino inaccesible por mí, dejando un rastro de inquietudes no resueltas, historias incompletas y puntos de vista no explicados. Creo recordar que me dijo que volverá en diciembre: ojalá nuestros caminos se crucen con mejor suerte para entonces, y lo que parece un desliz de mi nostalgia se  confirme como el verdadero reencuentro con un hermoso pedazo de mi pasado.

Anuncios

6 comentarios en “Gabriela

  1. Hace unas semanas por poco dejo un comentario aquí, pero como siempre, me invade la vergüenza de compartir mis impresiones sobre encuentros íntimos, que paradójicamente se hacen públicos…. De todas maneras, con frecuencia termino impactado ante el mismo tema, y esta vez lo hago también ante un texto oportuno y cuidadosamente escrito.

    1. Gracias por el elogio. Definitivamente ciertas arrugas en nuestra ropa son tan comunes a todos nosotros que pueden contarse sin temor a ser impúdico. Este es uno de esos temas eternos que nos encuentra una y otra vez. Abrazos.
      R

Comenta sin pena

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s