Los (no tan) inofensivos tiranuelos

Yo quería que esta fuera la crónica de una experiencia maravillosa, de nuestro primer juego de pelota como visitadores, de la ciudad de Matanzas con sus mujeres hermosas, calles maltrechas y grandes casas que me recordaron el Cerro habanero, de la lentitud de aquel camión que tardó cerca de dos horas y media para llevarnos de La Habana a Matanzas. Pero la vida no cree en expectativas, y sin esperarlo un par de malestares se te clavan en el pecho y no queda más remedio que exorcizarlos.

Hacia Matanzas nos lanzamos, con más ganas que dinero y la certeza de que el espectáculo de ver jugar a Industriales contra Matanzas bien valdría cualquier dificultad. Como buenos jóvenes parricidas dedicamos las horas muertas a destrozar cuanto periodista o medio del sistema de prensa cubano nos vino a la memoria, con esa ligereza propia del que no tiene demasiadas preocupaciones y el convencimiento de que una vez allí revolucionaremos el periodismo.

Llegó la noche y con ella un memorable juego de pelota que disfrutamos encaramados en la cima del estadio Victoria de Girón, sobre los bancos rosadamente kitsch que mencionara Carlitos, rodeados de matanceros. Gente buena los matanceros, por cierto.

Al finalizar el partido salimos apresuradamente, con la esperanza de montarnos en la guagua del equipo de la televisión que en agradable coincidencia se hospedaba en el mismo lugar que nosotros.

Pensamos que sería algo fácil; en la tarde ya habíamos hablado con un  editor y nos aseguró que no debía haber complicaciones. Pero como pudimos comprobar, donde manda productor, no manda editor. Esperamos disciplinadamente a que subiera todo el personal de la televisión y cuando decidimos montar, el chofer nos preguntó con su mejor voz de chofer-todopoderoso-dueño-del-transporte “¿y ustedes quiénes son?”. Le explicamos lo de siempre, que éramos estudiantes de periodismo disfrutando de la subserie Matanzas-Industriales y que nos hospedábamos en el mismo de lugar que ellos.

El chofer, ni corto ni perezoso, nos cortó las alas y le pasó la bola al productor. “No hay problema”, pensamos, “hablamos con el colega, que evidentemente nos comprenderá, y nos vamos. Puro trámite”

“A ver, ¿quiénes son ustedes?”, nos preguntó el que sin lugar a dudas, por la autoridad con que nos hablaba, era el jefe.

Aunque la reiteración de la pregunta nos molestó, repetimos obedientemente nuestra cantinela.

“¿Y quién les dijo que podían montar?”.

-Hablamos con un editor pero… ¿hay algún problema?- aventuramos a preguntar.

-Pues sí. Primero que todo, tenemos un problema de capacidad –nos decía mientras apuntaba significativamente una Yutong con todas las señales de estar semivacía- y segundo… la complicación la pongo y la quito yo.

No aguanté más, llevaba todo el rato callado, pensando que nuestra actitud humillada serviría para algo pero mi dignidad puede ser puesta a prueba hasta un límite.

-Señor, déjelo ahí mismo- le dije.

-No, pero…

-Señor- lo interrumpí- le estoy pidiendo por el buen final de esta conversación que lo dejemos ahí mismo.

-¿Ah, sí? De acuerdo. Arranca- dijo mientras se montaba en la guagua y nos quedábamos al filo de la madrugada tirados a las puertas del Victoria de Girón pensando en las trastadas del karma.

Eternos impenitentes, decidimos quedarnos un día más en esa ciudad que tan bien nos había tratado, amén de aquel tropiezo con el ridículo dictadorcillo.

Después de disfrutar el electrizante partido de futbol entre el Barcelona F.C. y el Real Madrid nos lanzamos una vez más hacia el Victoria de Girón. Por lo tarde que era, decidimos hacer uso de nuestras credenciales y sentarnos en el palco de la prensa. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando al llegar al lugar el guardián del palco nos respondió que aquellos asientos eran para la prensa nacional a Granma y Juventud Rebelde.

En el fondo, aquella actitud no er6a más que una faceta del pensamiento retrógrado que el día anterior nos negó el auxilio para transportarnos. Y es que, aunque me duele decirlo, en Cuba ser joven es un problema. Lo percibes en la mirada inquisitoria de tanto emperadorcillo suelto, en el tono perdonavidas con que te hablan, como si fueran los seres más magnánimos del mundo por concedernos un par de minutos de su tiempo ocupado en cosas serias.

En nuestro país, que lleva más de medio siglo intentando subvertir los esquemas, sobrevive una línea de pensamiento, que camuflada con el sentido común, lucha por la preservación del orden, de su orden.

Es el mismo pensamiento que se alarmó con el manifiesto de los fundadores del Caimán Barbudo, el mismo que molesta a los cantores de la Trovuntivitis cuando acampan en los parques de su ciudad santaclareña, el mismo que acusó a los organizadores de Rotilla de falta de experiencia y caos organizativo.

Estoy convencido de que si en lugar de la tropa juvenil y extravagante que éramos hubiéramos sido una delegación de aspecto venerable acompañada por Julita Osendi o Sigfredo Barrios otro gallo hubiera cantado.

Esta gente, que evidentemente nunca ha leído a Martí, al menos no con el corazón, se regocija con hacer uso de su pequeño poder, torpes tiranuelos de los minúsculos feudos que existen en nuestro país.

Lo más triste es que estos choques no son con seres extraterrestres, ciudadanos de un mundo ajeno que no volveremos a visitar. Lo más triste es que pronto, muy pronto, el déspota de la guagua y el guardián del palco de prensa serán nuestros jefes, nuestros colegas y –si así lo quieren las irónicas Parcas- nuestros subordinados.

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3 comentarios en “Los (no tan) inofensivos tiranuelos

  1. rafa… dónde está el caimán barbudo?… es hoy una de las publicaciones culturales más sólidas de nuestro país… y la trovuntivitis?… ya pasó la década con el mejunje santaclareño como sede… hay que seguir, hay que imponerse!… ese choque generacional es normal y siempre la juventud ha llevado sobre sí los cuestionamientos., en cuba y en cualquier lugar del mundo… hace poco leí una cita creo que era de sócrates que parecía escrita en la cuba de hoy con relación a los jóvenes y sus actitudes irreverentes… y tú te estás formando como periodista, lo que te falta por vivir en el mundo del periodismo y la imposición es mucho y créeme, coño, que no te lo digo como aquellos que se llenan la boca de mierda hablando todo lo mal que pueden de este país… verás como cuando seas profesional muchos usan el código de ética de la upec como papel sanitario… y del mismo modo, chocarás con gente de 60 años que comprenden a la juventud y comparten con ella como ti tuviesen 20 años… hiciste bien en decirle al tipo que se fuera, así es como se responde a esas actitudes, no se les ruega…una pregunta: qué hicieron esa noche que se quedaron en la madrugada en las puertas del victoria de girón?… qué pasó entre ese momento y el otro día?…

    1. camarero, nada, ese noche esperamos hasta que dimos una guagua que por un peso nos llevó hasta Guanimar, nada que la suerte nos acompañó. Sobre lo que hablas, es así de complejo, conozco un par de viejos muy jóvenes y un par de jóvenes añejos. Abrazos,
      R

  2. Mi abuela también me cantaba boleros en las noche de apagón. BUeno, ya lo debes haber leído en mi crónica sobre la familia. Me gustó también lo que leí tuyo. Yo me gradué hace poco, trabajo en le periódico de mi ciudad y como tú también tengo muchas esperanzas de ayudar a cambiar para bien el periodismo.
    Otra coincidencia, me llamo María teresa, pero no Vera.

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