De galgos y podencos o los debates estériles

El diario Granma, en su página tres del viernes 24 de febrero, ha lanzado un artículo a página completa con el significativo de “Una discrepancia que puede resultar útil”.

“Ahora sí”, pensé, “estamos viendo polémicas en la prensa nacional. Lástima que tuvimos que esperar a la Conferencia del Partido para esto, pero más vale tarde que nunca”.

El trabajo en cuestión versaba sobre el desacuerdo entre la redacción del diario y el delegado Provincial del Ministerio de Agricultura en Matanzas, José Miguel Rodríguez de Armas. El delegado exponía en una carta que se le citaba como autor de la frase “las ganancias deben proporcionarles a los productores los recursos para comprar el combustible a precio de CUPET”, y pedía solucionar este malentendido que a su parecer trastocaba las palabras que dijera sobre tema tan sensible.

A continuación de la carta transcrita del delegado matancero, Granma aclara que la frase es un criterio editorial del diario, y que no pretendió adjudicársela al funcionario, y (aunque gasta media página para ello) señala que esta es una diferencia formal, comillas más, comillas menos.

Cuando encontré el llamativo subtítulo “La raíz de nuestro desacuerdo con el enfoque del delegado” me dije “aquí está, después de la hojarasca retórica, llegamos al meollo del asunto”. ¿Y qué me encuentro? Resulta que el diario Granma, amparándose en el cumplimiento de los Lineamientos…, interpreta como síntoma del “síndrome del pichón” (imagen de nefastos resultados que no sé quién se atrevió a volver utilizar) el empeño de un agricultor de que él, como productor, no debiera adquirir el combustible a los precios que tienen en el mercado minorista cubano, sino a precios mayoristas, lo que no quiere decir que sea subsidiado a los precios ridículos que tiene la gasolina para las empresas estatales.

No es secreto que muchos (y no hablo de la mayoría) de nuestros agricultores son verdaderos príncipes de los campos cubanos, con abultadas cuentas bancarias, con casas y carros ostentosos que contrastan con la imagen humilde y bucólica del guajiro. Pero tampoco es menos cierto que, si la agricultura cubana está tan deprimida, lo que menos necesitan sus productores es mayores trabas, y pagar desde 1.20 hasta 1.40 CUC (los precios en que fluctúa la gasolina y el diesel en sus diferentes variantes) por cada litro de combustible es un verdadero desafío.  Y hablamos de los “macetas guajiros”, mejor ni pensar en el resto de los trabajadores del sector no estatal y su larga lista de necesidades de productos que actualmente “debieran” comprar a precios minoristas para sus labores.

Lo más triste del asunto (en lo que a polémicas en la prensa cubana se refiere) es que estoy bastante seguro de que una opinión como esta no entra dentro de los estándares de la “discrepancia que nos puede ser útil”. Ojalá me equivoque, ojalá abra el Granma el próximo viernes y halle en la página tres una opinión de este tipo, una opinión que le devuelva su real sentido a la divertida frase “ricos e intensos debates”. Que ya es hora.

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