La pesadilla del Festival de Cultura

Dolor, dolor infinito deberían ser las únicas palabras que describieran lo que pretendió ser la más reciente gala de la Facultad de Comunicación.

Llegué temprano a la Facultad de Psicología. Leonardo, el muchacho nuevo de mi aula, se arrimó a mi lado y con cierto orgullo le comenté que las galas de la FCOM eran de las mejores que se realizaban en el Festival de Cultura de la Universidad de La Habana, que el teatro siempre se llenaba y a veces hasta para los propios estudiantes de la Facultad era difícil entrar. Recién llegado de Camagüey, Leonardo no conoce mucho de las historias entrelazadas de la Facultad de Comunicación y la Copa de Cultura. No sabe de los primeros años invictos, de la derrota del 2006, del despojo del 2007, de la actitud orgullosa e inmadura del 2008 -cuando la Facultad decidió no participar en la Copa y realizó su festival al margen de la competición-; no sabe del glorioso retorno en el 2009 de la Copa a su hábitat natural, la oficina de Julio el Dequi. Sí ha escuchado que somos buenos en esto de la Cultura, y para comprobarlo ha llegado bajo un demoledor sol a los predios de San Rafael y Mazón.

Cuando vio a sus estrenados compañeros menearse sin objetivo, amparados en una escenografía infantil, él me miró intrigado; yo, que en ese preciso momento recordaba mis críticas a las galas de FLEX, me hundí un pelín avergonzado en la silla. Leonardo decidió darle un voto de confianza al espectáculo y esperó, espero pacientemente, esperó durante tres agobiantes horas a que aquel maratón de números inconexos lo llevara a alguna parte. De tanto en tanto, me miraba con cara de estafado. Y no sin razón.

Los malos desempeños pululaban interminables, y en los fugaces momentos en que se podía intuir una buena actuación, los problemas técnicos la malograban. Así tuvimos sobredosis de terribles cantantes, experimentos originales pero fallidos, bailes insufribles y chistes de escaso o ningún brillo.

Leonardo parecía perder las esperanzas y yo intentaba disolverme en mi asiento. Una menuda estudiante apareció en el escenario y en un par minutos atrajo la agotada y distraída atención de los asistentes al teatro, logrando sorprendernos a todos y ponernos a aplaudir rabiosamente. El monólogo de Ana Carla (sí, ese es el nombre de la heroína) fue un auténtico manantial en pleno desierto creativo al punto que un entrañable profesor, sentado en una butaca cercana, me dijo entre admirado y gozoso “ponle un punto por juego salvado”. Para mí, que la observé en un reciente viaje al Turquino y la había catalogado de muchacha-de-espejuelos-muda-interesantemente-apartada-del-resto, fue un verdadero y alegre descubrimiento su proyección escénica, su capacidad de adueñarse del público y mantenerlo atentísimo por diez minutos. Espero ver mucho más de ella en los próximos años; quizás,  con su ayuda finalmente podamos Javier y yo concretar ese viejo sueño de montar un show de Les Luthiers en nuestra facu.

Por lo demás, tristezas. Sobre todos los tropiezos y desvíos, flotaba el problema de fondo, la ausencia de un guión sólido, coherente e intencionado, que lograra hacer confluir de manera más o menos creativas las propuestas de la tarde.

Nota para los organizadores: creo firmemente en el movimiento de los artistas aficionados, gracias a él he malogrado canciones en mi guitarra frente a cientos de personas, pero la existencia de una comisión censuradora es esencial para afrontar eventos de este tipo, que están regidos por un elemental sentido del  entretenimiento. Y un espectáculo de tres horas, es varias cosas, pero no entretenido. El trabajo de una comisión censuradora no solo sirve para eliminar números francamente débiles, también perfila y ajusta las actuaciones seleccionadas en función del guión que debe regir como mapa indispensable cualquier espectáculo.

Tal vez sea que me estoy poniendo viejo, y son nuevas maneras e historias que contar. No tengo nada en contra de las coreografías pop ni los desfiles de moda siempre que SIGNIFIQUEN algo, que adquieran sentido en un contexto, que sean en definitiva, cultura.

Desde que llegué a la casona de G 506, este fue el primer año que no participé en un festival de Cultura. Debo confesar que no me arrepiento en lo más mínimo. Al volver a la facultad, encontré un sugerente mensaje en el mural:

De 6-11 p.m.

Centro Vasco

Celebrando el Festival

Entonces, entonces entendí ciertas cosas.

celebración fcom cultura 2012

Anuncios

18 comentarios en “La pesadilla del Festival de Cultura

  1. disculpa por insistir tanto en que participaras junto a mí y Albita en el festival a pesar de tu negativa, imaginé tus razones pero ahora comprendo en total…

    1. Nada que disculpar, mi actuación individual poco nada hubiera cambiado, creo que el principal daño fue provocado por la ruptura que capto entre 4to y 5to año y los años anteriores, algo que nunca antes vi. Un beso libre de culpas. R

  2. A mí tampoco me gustó la gala. Igual que tú, Rafa, quise que el calor me evaporase y hasta comenté contigo varias veces que no veía la hora en que llegara el final por las razones que das como la calidad de algunos números y el guión, por recordar algunas. Pero, en mi opinión, la gala también tuvo elementos positivos (por favor, que nadie me tome por apagafuegos y menos tú, Rafa, que me conoces desde hace unos cuantos festivales).

    El primero de ellos fue la integración apreciable entre las tres carreras de la facultad. No sé cómo habrá sido en los tiempos de las 6 victorias en línea, pero en las 5 galas de Fcom que he visto (estuve como invitado en la “gala protesta” cuando aún era un “podrío”) nunca había apreciado tanta participación de los estudiantes de CI. Eso es algo que, aunque evidentemente no compite, constituye motivo para alegrarse un poco, al menos para mí.

    Lo segundo que puedo referir como positivo es que, a pesar de que disfruté de lo lindo en la gala del año pasado, solo clasificaron dos números para el Festival de Universidad: la coreografía de las chicas del actual 5CS con Hansell y compañía y la danza de Luisa. Por el contrario, en esta gala que NO ME GUSTÓ, lo repito, el jurado determinó que pasarían a nivel de UH cuatro números de canto y dos danzas para un total de seis. Creo que somos de las facultades que más números tenemos en el Festival UH de música y danza que son, en definitiva, las manifestaciones que compiten dentro de la gala. Lo que intento decir es que las estadísticas insinúan que este año hubo números mejores, solo que el desbalance con los restantes fue más que notable.

    Por lo demás, está claro que no vamos a ganar ni en Espectáculo ni en Escenografía y, aunque en otros años tampoco hemos ganado, que quede claro, esa es “la cara” que se muestra en público, por la cual cientos de estudiantes de Fcom se someten al calor y el hacinamiento en el teatro de Psicología y, por tanto, lo que mejor debe quedar. Verdaderamente, las profundas carencias del guión eliminaron cualquier posibilidad de pasar una tarde entretenida.

    En cuanto a lo otro que mencionas en tu comentario del blog sobre las diferencias entre los años (cosa sobre la cual hemos hablado bastante), creo que en una ocasión tú y yo (y Albita, y Nelson, y Darío…) coincidimos en que no era acertado decir que una de las manera era superior a la otra y que no por incompatibles tendrían que significar un divorcio. Siento que primer año, segundo y tercero aún tienen muchas cosas que hacer por Fcom y si bien los de cuarto y quinto las haríamos de forma distinta, mi hermano, la ley natural indica que es a ellos a quienes les toca seguir tirando del carro.

    1. ony, mi socio, si bien reconozco que la integración de las carreras es de hecho una gran victoria, lo demás no me complace ni un poco. ¿Qué logramos “colar” seis actuaciones en el Festival de la UH? ¿Y a mí qué? Eso solo me deja una malísima impresión de las personas encargadas de seleccionar los trabajos; la verdad es que el balance que mencionas no lo encontré por ninguna parte. La mayoría de las cosas presentadas me parecieron francamente malas, algunas dignas, como comenté, solo el monólogo de María Carla me dejó un agradable sabor. Que a los años siguientes les toca tirar el carro no lo niego, de hecho me alegra, pero repito, CON CULTURA, y ojo, como dije arriba, las pasarelas, el pop y el reguetón pueden serlo, lo importante es quién y cómo lo hace, y para qué lo hace. Un abrazo y gracias por compartir tu extensa reflexión.
      R

      1. Nunca dije que la calidad de los núnmeros estuviese balanceada, sino todo lo contrario. También, como tú, tengo mis dudas respecto al jurado, por eso digo que “las estadísticas INSINÚAN” y no DEMUESTRAN, como suele escribirse. Otro abrazo y cuídate por allá por la ciénaga, no dejes que los cocodrilos matanceros (los reptiles de verdad) le hagan un favor a unos cuantos aquí en La Habana, jeje.

  3. NUNCA ANTES HABIA LEIDO ALGO SOBRE MI HIJA TAN ALAGADOR.
    NO HEMOS PODIDO VER SU ACTUACIÓN EN EL FESTIVAL PORQUE NOS ENCONTRAMOS TRABAJANDO EN LA EMBAJADA DE CUBA EN MEXICO.
    SI CONOCEMOS QUE ES MUY SIMPATICA Y TIENE TALENTO PARA HACER REIR.
    GRACIAS POR HACERNOS LLEGAR TAN AGRADABLE OPINION.

    1. Pues si, Vilma, Anita nos salvó el Festival con su monólogo. A todos les encantó, deja que veas el video… (Soy Coky, por cierto, jajaja)

    2. Y deja que la vean! a mí, como dije por allá arriba, me impresionó el doble, por la buena actuación, y por su carácter introvertido off-escene. Nada que agradecer, solo escribí la dulce verdad. Saludos
      R

  4. No pretendo hacer una declaración de principios y menos aún salvar lo insalvable: la gala del Festival de Cultura de este año no fue, quizás, lo que muchos esperaban. Pero eso es más que obvio si nos sentamos como simples espectadores de lo que OTROS hicieron, o más bien, nos sumamos al facilismo hipercrítico de los que desde afuera ven ¿más?
    Tampoco me complace que NUESTRA gala –y lo pongo así porque, amén de mis escasos dos años en la facultad, es como la siento– no haya sido digna de las semanas en vela; de las carreras y desmanes que sufrió José Ernesto, y no solo él, que pocos conocen; de las horas de ensayo; los turnos perdidos y las notas bajas; y los insultos al borde del síncope en pleno teatro por lo que no salió.
    Pero para tener la moral de alzar el dedo estuve allí, haciendo como MUCHOS, durante largas jornadas de preparación. Allí, donde era derecho estar de todo el que “soltó sus bultos para ayudar” y, para los que tenemos algún sentido de pertenencia, una obligación. Allí, sin que nadie tuviera que tocar a la puerta del aula para hacer por un Festival que es de TODOS.
    Tampoco concordaba mucho con parte de la estética de algunas ideas que se manejaron desde antes de la gala, tal vez porque mi tardía entrada a la universidad me acerque más a los de quinto que a los de segundo. Tampoco me gustaron algunos números que, es cierto, carecían de la calidad para presentarse. También sufrí –corriendo escaleras abajo– los caprichos de la técnica cuando dejó de funcionar y de quienes, en ocasiones, no supieron (supimos, si me incluyo) preparar todo como salido de una sola cabeza.
    Quizás por ello quise luego esperar las opiniones de quienes se me acercaron para decirme “el Festival fue una mierda”, o aquellos que sin falsos halagos dijeron: “tuvo sus cosas, pero me gustó”, antes de sacar conclusiones propias, críticas y distanciadas en el afecto.
    Ahora bien, si es cierto que la inexperiencia condujo a los descalabros, la colaboración de quienes miran por encima del hombro, y se regodean llamándose a sí mismos “Los del año ¿superior?”, no estuvo NUNCA. Y no hablo de excepciones como Fidel Alejandro –y otras poquísimos–, que desde temprano estuvo allí, guiando, diciendo cómo, aportando experiencia pegado a la mesa de trabajo, incluso cuando el video sin audio amenazaba con echarlo todo abajo; sino de esos que –como añadí a los agradecimientos– “siguieron de largo sin preguntar siquiera”. De esos que rezaron para que las cosas fueran mal y sólo se sentaron en la luneta, cruzando los dedos para que alguien se virase un tobillo o se le fuera un gallo. De esos que ni siquiera para opinar sobre lo censurable estuvieron porque “estaban muy ocupados para ayudar con el Festival”.
    ¿Acaso se les acabó el sentirse feconianos por cursar un cuarto o quinto año? ¿Acaso no se involucraron por puro repudio a la música pop?; o es que como no se hicieron las cosas a su modo ¿había que demostrarles a los “años inferiores” su equivoco y hacerlos pagar por ello?
    No, es que “desde afuera se ve más bonito” y que quien no toca con sus propias manos puede después lavárselas como el tal Poncio.
    No se trata de falta de integración entre los años, no lo creo. Asuntos similares hemos debatido miles de veces con la integración entre las tres carreras –y que sin dudas es un mérito de la “malograda” gala– y siguen allí, recalentándose como la prometida pintura de las paredes de Bohemia que no acaba de llegar.
    A mi juicio es un problema de egos sobreelevados, egoísmos extremistas, y excesivo “grupusculismo” arraigado (permítanme la licencia).
    Creo que más que si un año u otro carga con el mayor peso en la preparación o en los errores del Festival, deberíamos sentirnos muy bien por que la gente que a veces no se ve en el pasillo de la facu se sienta motivada a pararse en un escenario; por que “a pesar de los pesares”, la mayoría del público se mantuviera en sus asientos hasta el final de las tres horas, en verdad, extenuantes –sufriendo o divirtiéndose, pero ahí–; sentirnos bien por los que, mejor o peor, no se negaron jamás si había que ESTAR por FCOM.
    Y deberíamos estar muy preocupados por la poca participación de los de primero, por no explotar más el talento de quienes teniéndolo, aún no se animan o los que intentan boicotear esfuerzo ajenos; y por el no estar, desde ahora, buscando puntos fuertes para que el próximo año –y por qué no este también, que aún no se acaba– podamos complacer nuestro orgullo/egoísmo de no compartir la Copa, en vez de despedazarnos en casa.

    1. Max, de ti solo tengo las mejores referencias por parte de personas que quiero mucho. Ahora, en tu comentario solo veo un (valeroso) ciervo herido. Asumo que las referencias a “los OTROS”, a “los de años superiores”, los de “egos egos sobreelevados, egoísmos extremistas, y excesivo “grupusculismo” arraigado” me incluye, si no no entendería el tono dolido. Como así lo tomo, te diré que la ruptura entre los años (y por ignorante de buena parte de la realidad que me circunda solo hablaré de la carrera de periodismo) es un hecho; yo soy incapaz de nombrar por su nombre de pila a 30 personas de 3er año, ni hablar más allá. El fenómeno se repite así a lo largo y ancho. Perdona mi pragmatismo, pero las buenas intenciones, si no llegan a puerto seguro, al menos deber sentirse, y la verdad que este año, más allá de las ganas de hacer, no me llevo mucho más del comité organizador. Creo que deberías mirar las cosas con un poco de distancia crítica (no te pido que te sientes en mi luneta de espectador), y sopesar lo que realmente ocurrió, y no lo que se quiso que ocurriera. Me encantaría que debatiéramos sobre esto en un espacio físico, todos los interesados y ver si logramos ganar alguna experiencia con el asunto. Después de todo, bien poco valen mi opinión y la tuya si no la ponemos en función de la facu, lo único verdaderamente perecedero, y no estas letras dispersas en la red.

  5. FAVOR DECIRME QUIEN ES RAFA, NO ESTOY FAMILIARIZADA CON EL MEDIO BLOG, PERO SI INSISTO EN QUE MI ESPOSO Y YO NOS SENTIMOS HALAGADOS POR TAN BONITA EXPRESIÓN HACIA NUESTRA HIJA HAN TENIDO UDS. CARIÑOS VILMA

  6. PERDONEN QUE SEA REITERATIVA, PERO ACABO DE VER Y OIR (EN LO QUE SE PUDO) EL MONOLOGO DE LA FLACA DE ESPEJUELOS (ANA CARLA, NUESTRA HIJA) AHORA SI ESTOY SEGURA QUE UDS FUERON JUSTOS EN SUS OPINIONES. SI PUEDO AYUDARLOS EN ALGO LES DIGO QUE ELLA ES FANATICA A LES LUTHIERS Y NOSOTROS TAMBIEN, CARIÑOS

  7. YA ESCRIBIO LA MAMA DE ANA CARLA, AHORA VA EL PAPA. NO SOY TAN BUEN “CRONIQUERO” COMO TU, PERO MI MANERA DE EXPRESAR COMO NOS SENTIMOS CUANDO VIMOS EL VIDEO DEL MONOLOGO DE ANA Y TU CRONICA, VA EN ESTE ESCRITO.

    El monólogo de Ana Carla.
    Después de varios días recibiendo desde Cuba únicamente elogios, comentarios propicios, euforia y toda la alegría, llegó a nuestras manos el CD con la grabación del ya famoso monólogo que actuó Ana Carla en el teatro de la facultad de Psicología de la Universidad de la Habana. Ni siquiera abrí el sobre donde venía el CD, pues temí romperlo haciendo justicia a mi fama de torpe para las artes manuales. Salí rápido de la Embajada para el apartamento donde vivimos.
    Ya tenía lista la PC, pensábamos que no se podía ver en el Televisor. Nada, ignorancia retroactiva de la generación de los 60´s que conocimos el arte digital y la informática cuando hace rato habíamos terminado la universidad. Entonces, nuestra primera vez, fue en la pantalla de la computadora.
    Al principio ni la miraron porque todos hablaban entre sí, en un par de minutos se robó a la gente, atención total. Entendimos casi todo, pero no todo, por causa del “filmador” que de tanto reír y gritar no dejó de mover la cámara ni un segundo, ojalá en el futuro vaya de público y filme un profesional. Tampoco voy a echarle toda la culpa a ese muchacho, para quien va mi agradecimiento, prefiero se haya reído con estallidos, pues para eso actuó Ana; no oímos bien además, porque Vilma y yo nos mezclamos entre una risa espontánea y un llanto de orgullo paterno, que dicen es el mayor orgullo que existe. El final, cuando Ana da las gracias y se retira de escena, fue delirante, ahí Vilma y yo aplaudimos también y nos abrazamos mucho rato, para compartir ese éxito de nuestra única hija desde esta ciudad enorme. De pronto me sorprendo pensando, si eso era cierto, si aquella muchacha bella vestida de negro era nuestra hija. Hace casi ocho meses que no la vemos físicamente, todo esto me ha dejado en un estado de letargo delicioso.
    No sé si antes o después – todo ha sido tan dinámico – leímos la crónica del festival que hizo un estudiante de la facultad de comunicación, que luego supimos se nombra Rafael. Ese fue el colofón de la placidez, mi esposa llegó a escribirle en su blog que nunca antes nadie había escrito algo tan halagador de su hija. Realmente fue fabuloso, me gustó mucho, quizás mi juicio este sesgado por ser el padre de la “heroína”. Ahora trato de escribir esta crónica desde la distancia del tiempo y el lugar, en la que va mi agradecimiento por haber referido, como dices, “la dulce verdad”.
    Bueno, me disgregué. Salimos Vilma y yo a compartir la crónica de Rafa con el poeta Waldo Leyva – que está en México como Consejero Cultural de la Embajada – y su esposa Margarita, allí los cuatro parados en el comedor de su apartamento, Waldo me conminó a leerles la crónica famosa, solo llegué hasta donde dice “una menuda estudiante apareció en el escenario…”, se me anudó la glotis y cedí el papel a Vilma – luego supe que a mi hermano Alejandro le sucedió lo mismo cuando la leía en La Habana, cosa de genes – quién continuó leyendo con su parsimonia emotiva que tanto atrae.
    Hoy es domingo, mañana dedicaremos parte del día a mostrarles a nuestros colegas de la Embajada el monólogo de Ana. Ah! olvidé decir que lo hemos visto tres veces más, todas en el televisor. En las dos primeras nuestra reacción fue similar, lágrimas y risa, ya en la última Vilma me fue traduciendo partes para mí inentendibles y atendimos con más imparcialidad.
    Ana Carla es un genio del humorismo, siempre se lo dije a ella y a su madre. Como dice la mía, quizás le venga de la vena de su abuelo y su padre, pues también hemos hecho actuaciones atrevidas, pero nada como ese monólogo tan excelentemente bien concebido y actuado. Ya empezó. Ahora le queda producir más y hacer que la gente se ría, se divierta, les ayude a vivir. Estoy seguro que va a ser una doctora de la alegría, pues no hay nada más parecido a un médico que un humorista o un artista que ayude al enfermo a ver el sol y el mar, como aquella película de Robin Williams. Eso es martiano, por eso es grande. Ana Carla tendrá todo el apoyo de sus padres y de toda la familia que tiene en Cuba, para seguir adelante con esa labor, ella sabe bien lo que quiere. Ana nos escribió recién sobre el particular: “no quiero premio ni nada, lo que quiero es que la gente se divierta…”. Bienvenido sea tu deseo Nanyn.
    Emilio. México DF, 15/4/2012.

  8. Felicidades a todos los que se implicaron en una gala que, quizás no a la altura de otros años, trató de asumir el reto que implica ser “una gala de FCOM”. Bienvenidas las críticas, hay que aprender de los errores. Para el año que viene, con esas enseñanzas y tantos nuevos implicados lo haremos mucho mejor. Felicidades para los chicos de BCI. Me apunto para montar lo de Les Luthiers. Saludos a todos.

Comenta sin pena

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s