Motivos para un Microwave

Para David, quien tiene el copyright de El Microwave

Saldando viejas deudas, tras descubrir que sin quererlo tengo entre manos un blog cumpleañero, haré un poco de historia y recuento del origen de El Microwave. Ha pasado tan rápido el tiempo que un miope y olvidadizo profesional como yo reconstruirá los hechos escudriñando la bruma, con esa cara interrogante que nos es característica a los de vista corta cuando andamos sin espejuelos. Así que no crean mucho de lo que está aquí. Tal vez no sean más que invenciones pre-Alzheimer mías. Digamos entonces que estos sucesos están basados en hechos reales, lo que me salva honrosa y literariamente de cualquier mentira, disparate y/o metedura de pata.

No recuerdo como nació la idea del blog; ya para entonces conocía a Bloggers Cuba, seguía las batallas de la delegada Elaine en su Polémica Digital, admiraba a Alberto Yoan por su persistencia bloguera, visitaba con regular frecuencia algún que otro blog aislado y junto a David llevaba esa maravillosa y hoy descuidada experiencia que es Desde el Aula (una vez más, gracias a Livia por el soplo iniciático).

Supongo que fue la necesidad que tenemos quienes escribimos de llevar las letras un poco más allá de nosotros mismos y, como conversamos tantos Martes, en esta era la Internet es nuestra imprenta, nuestra manera de enfrentar al mundo a un puñado de criterios más o menos falibles, pero que el diminuto ego personal nos hace considerarlos dignos de ser compartidos.

Lo cierto es que un buen día de comienzos de junio, seguramente en esas sesiones que David y yo pasábamos en el laboratorio del CIP, surgió la premura incontenible de hacer un blog propio, un espacio por el que responder con sus virtudes y desaciertos. Y como tengo una incapacidad natural para nombrar las cosas (nunca hubiera podido vivir en los momentos de la creación, cuando los hombres y mujeres bautizaban al mundo), busqué ayuda en ese tipo inclasificable que me acompaña desde hace un par de años en cuanta aventura intelectual nos hemos embarcado: David. Sí, David, “el eterno adolescente” como lo definiera Rosa, con sus pulóveres de carteles chistosos, sus pelos desordenados y los Converse centenarios fue quien tuvo la epifanía, el chispazo decisivo, el alumbrón definitivo y me dijo como quien no quiere la cosa: “Rafa, El Microwave”.

Probablemente puse a funcionar mi cerebro algo aletargado de tanta pantalla electrónica e intentara atrapar el millón de razones más o menos descabelladas que pasaron por mi cabeza para justificar el nombre, pero ninguna me convencía así que debo haberle preguntado: “Chama, ¿y por qué El Microwave?”.

Estoy bastante convencido de que en ese momento el cerebro de David aún no tenía respuesta para eso, muchas veces me da la impresión de que su lengua es más rápida que su pensamiento y en una suerte de surrealismo inconsciente preconfigura las ideas que solo más tarde toman forma en su conciencia.

Pero un par de segundos después me devolvió la respuesta “Oye, se llama El Microwave porque es un blog para calentar las ideas”. Y ahí sí que lo vi claro: una palabra de evocaciones contemporáneas, sencilla, pegajosa, que desde su esencia postmoderna (con un poco de interpretación delirante de por medio) invita a la discusión.

En aquel minuto nació, brilló y se apagó una estrella de la publicidad, un paradigma de películas hollywoodense, lo que se dice un Mad Men. Con aquel nombre y  slogan David contribuyó como pocas veces lo ha hecho al parto de una idea, y lo mejor de todo (para mí quiero decir), sin cobrar un centavo.

A partir de entonces El Microwave ha navegado con alguna fortuna por los cada vez más convulsos mares de la blogosfera cubana, ampliando mi conocimiento del mundo que cada día me parece menos ancho y ajeno, ganándome amigos (hasta hoy no sé de un enemigo que me haya provocado), enfrentándome a ritmos de creación ante los que reconozco he sucumbido la mar de veces, e intentando sobre todo que hasta el último bit publicado fuera consecuente con mi pensar.

Dos años más tarde sigo teniendo los mismos miedos que ayer, respirando idénticas angustias y batallando con armas parecidas. ¿Soy mejor persona? ¿Cambié en algo mi espacio? ¿Ha servido esto? No lo sé. Probablemente no lo sepa nunca. Y eso lo más dulce e inquietante; despertar en medio de la madrugada con la certeza de que nada de lo anterior ha valido la pena, que hay que seguir tanteando la vida, en este juego, con la humilde esperanza de que, quizás, el próximo post pueda efectivamente calentar las ideas.

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7 comentarios en “Motivos para un Microwave

  1. Y ahi lo tengo, adornando mi blogroll, y que así se mantenga. Pero oye, instigar a escoger un post prefrerido es como pedir que digan cual de tus hijos es el mejor: eso no de hace 🙂 Aunque, la verdad, tengo un par por ahí que recuerdo haber leido con particular placer…

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