El examen apenas comienza

Carlitos es –para escarnio de mi ego y satisfacción del resto de mi yo- el mejor escritor de mi generación que conozco. Lo supe hace mucho tiempo, cuando enfrenté mis crónicas a aquellos textos desmesurados, hiperbólicos que como materia periodística no valían un medio, pero como literatura, ah, para que negarlo, eran pura delicia.

Para alcanzar su objetivo, Carlitos ha hecho de la literatura algo más que la vida; muchas veces me pregunte si ese ser desmañado no es más que una farsa, una trampa, un personaje de laboratorio con el que experimenta el escritor para fabular historias.

Durante los últimos cuatro años Carlitos se ha disfrazado de estudiante universitario, prospecto de periodista polémico, bloguero de celebridad efímera, champion bate de la liga de softball de la prensa y renegado de cuanto estereotipo pueda haber en el campo intelectual (debo aclarar que en este último aspecto sus esfuerzos han sido nulos y resulta que, con su estampa desaliñada, esqueleto apenas aguantado por unas tiras de piel, barba rala y conversaciones existenciales es la viva imagen del poeta de siempre).

Creo que he mantenido mis escasos textos de ficción fuera de las manos de Carlitos. Una vez le pasé algunos poemas. Confío en que no los haya leído. Yo en cambio acabo de leer los relatos que agrupados bajo el nombre de El examen ha terminado, presentó a concurso en la más reciente edición del premio David.

Cuando hablaba de los disfraces de Carlitos no era solamente por caracterizarlo. Al parecer (y esto sé que probablemente lo niegue y nunca lo reconozca en público) el juego de espejos de Borges lo atrae demasiado y cayó en la tentación de crear un laberinto de historias que toma como centro La Habana, en la que se entrecruzan una galería de personajes a medio camino entre la realidad y la ficción. Todo es una cuestión de perspectiva parecen decirnos los hombres y mujeres que Carlitos dibuja a lo largo de la geografía habanera y un poco más allá (todavía me pregunto si hacían falta el DF e Inglaterra).

No tiene nada de raro entonces que una beca sea un edificio común y corriente o Calzada y K una librería –aunque algunos se empeñen sabiamente en buscar una funeraria-, o que Hamlet Hidalgo no conozca las interioridades de cierta historia de una temba chilena y un joven marginal; interioridades que como buen laberinto que se respete interceptan el camino de los relatos unas páginas más tarde.

Tomémoslos pues a El examen ha terminado como hay que tomarse todo con Carlitos, como una broma, o al menos prevenidos de que cualquier gesto por solemne que parezca puede esconder una trompetilla.

Finalmente el libro de cuentos ganó una mención en el David, lo que lo convierte en una sombra pálida pero presente en los patios literarios cubanos. Después de todo, se sabe que los certámenes (especialmente los literarios) son una conjunción de estados de ánimos, ruletas, intereses, especulaciones y apuestas ciegas. En materia del mundillo intelectual ya está dentro, y a no ser que le dé por hacer alguna boutade -¿se escribe así amigo mío?- más temprano que tarde volveré a escribir estas líneas, vanagloriándome además por haber sido uno de sus primeros descubridores.

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5 comentarios en “El examen apenas comienza

  1. aunque no escriba más en su blog, las obscenidades del tipo ese siguen apareciendo( !hasta las premian!); yo que pensé haberme librado de él.

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