No explotó la catedral

Una vez más esta ciudad se libró de la embestida arrolladora de los vientos. Una vez más, los cemíes perdonaron la vida de las vetustas vigas que penden más allá de su esperanza de vida en miles de construcciones habaneras. Una vez más, la Virgen de la Caridad se apiadó de los once millones de Juanes y Juanas que le imploran cada vez que una tromba sacude los mares a nuestro alrededor.  Una vez más, en todo el archipiélago y el Municipio Especial en Tierra Firme de Miami se escuchará el chiste mil veces repetido de que Fidel ahuyenta los ciclones donde esté. Una vez más la angustiosa sensación de vivir demasiado cerca del mar no pasó de ser más que eso, una sensación, y no la terrorífica certeza del año 2005, en el que las paredes de mi casa fueron martirizadas por el agua salada durante un día entero. Por una vez, mis paisanos de Pinar del Río e Isla de la Juventud respiraron aliviados, al ver como Isaac, haciendo honor a su nombre, les hizo reír mientras se perdía inconfundiblemente por el Mar Caribe. Una vez más, por uno de esos rarísimos giros del azar, ganamos en esta suerte de lotería atmosférica.

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