Concierto de Habana Abierta, entre el deseo y la realidad

“Qué rico suena un rocanrol con timba”

Habana Abierta

Concierto de Habana Abierta en La Tropical, 2012. Foto: Abel / La Jiribilla
Concierto de Habana Abierta en La Tropical, 2012. Foto: Abel / La Jiribilla

Demasiados años esperándolos. Demasiados años repitiendo sus canciones con obsesión adolescente; canciones recogidas en casetes, discos compactos, guitarras y voces desafinadas de noches en la Lenin y entreactos del Servicio Militar. Así se fue sedimentando en muchos de mis compañeros de generación un fanatismo que trasciende la frontera de lo estrictamente musical, una mezcla de añoranza y vacío que lamentablemente no han podido llenar el resto de las promociones que les precedieron. Un concierto de Habana Abierta en Cuba era demasiado importante como para pasarlo por alto, el súmmum del anatema y el lugar común.

Después de mil batallas (conocidas algunas, la mayoría por contar), tuvo fecha y lugar el ansiado reencuentro del público cubano con unos músicos que cargan con un mito más grande que ellos mismos. Como le recomendé a casi todo el mundo, iba hacia La Tropical con las expectativas al mínimo. Faltaban varias piezas de aquel engranaje que aprendimos a reverenciar, Kelvis tocaría inexplicablemente al siguiente día con sus nuevos amigos, el radicalismo político de Boris lo vedaba de antemano como para que alguien pensara verlo encaramado en un escenario nacional; el resultado en cualquier caso sería parcial.

Superada la impresión inicial (ese mar de personas intentando abrirse paso a través de barandas, cacheos, y otras expresiones excesivas del poder policial) los asistentes al concierto llegábamos a una Tropical desbordada de euforia. Fue un buen momento para saludar a un montón de amigos que la vida ha ido desperdigando por ahí, para rememorar aquellos tiempos que, como me recordara una amiga, siempre van a ser buenos.

Sin mucho protocolo fueron llegando a escena, uno tras otro, cargando sus canas, sus arrugas, sus voces un tanto maltrechas que ya no empastan como antes. Alejandro Gutiérrez es el que más parece haber soportado el paso del tiempo. Todos, sin excepción, llevan las marcas de una existencia inquieta, desgarrada por una cubanía que no acaba de echar raíces en tierra firme. Pero a mi generación, que andaba en los inicios de la adolescencia en el 2003, poco le importaron estos detalles; íbamos a reencontrarnos con ese pedazo consustancial a nuestra historia, no a hacer valoraciones críticas de un concierto. Por eso nos desgañitamos coreando la dulzura de “Quito, septiembre”, la sensualidad de “Chocolate con churro”, o la incontenible sabrosura de un “Divino Guión”.

Durante un par de horas, La Habana fue un poco más esa ciudad soñada, la frontera de la Utopía, el lugar palpable en que se cruzan deseo y realidad. Después, roto el encanto, me quedó un extraño sabor en la boca. Me duele aceptarlo pero no todo el mundo es Chucho Valdés, no todo el mundo puede reinventarse tras veinte años de ejercicio musical, o por lo menos mantenerse al mismo nivel. Hay que reconocerlo, Habana Abierta, o lo que disfrutamos el cinco de octubre en el Salón Rosado de la Tropical, no es lo mismo. Contra ellos atentó fundamentalmente -me atrevo a especular- la incapacidad de encontrar un nicho de mercado efectivo desde el que apuntalar su creación, incluso con sacrificios estéticos mediante.

Junto al primer Interactivo, considero a Habana Abierta uno de los principales logros que en materia de música popular ha tenido la cultura cubana en sus últimos años. La vida, decisiones personales y restricciones de todo tipo dieron al traste con uno y otro proyecto. Sin embargo, por ahí sobrevive su espíritu, al punto que, una década más tarde, una franja nada despreciable de la población de este archipiélago los hace suyos una y otra vez.

El cinco de octubre, Habana Abierta llegó a puerto seguro con un concierto necesario, pero que mientras más me distancio de él, más lo veo como un saldo de cuentas, y no como el inolvidable instante que miles imaginamos. Ahora circulan rumores de posibles participaciones en otros conciertos, como invitados o figuras principales en circuitos más cerrados. No creo que me aventure a seguirles la pista. Me quedo con lo mejor de ellos, con sus canciones irrepetibles, con esa manera tan cubana de decir las cosas, con la posibilidad de pensar una Habana abierta al mundo a través de la música y la buena letra.

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8 comentarios en “Concierto de Habana Abierta, entre el deseo y la realidad

  1. También sentí que algo faltaba… quizás la ausencia de Kelvis y/o Boris… no sé.
    De lo que estoy segura es que fue todo un evento poder estar ahí y lograr reencontrarme con las canciones que me han fascinado siempre.
    Al final… como dicen ellos: Habana Abierta te lo trae de p…

  2. Yo sentí mucho la ausencia de Boris, y la de Kelvis, por supuesto; pero sobre todo lo q ellos juntos creaban, o por lo menos parecían crear (a juzgar por lo q escuchaba en sus discos). Mis expectativas sí estaban en mil y obviamente en esas condiciones nunca se puede terminar satisfecha. Pero más allá de los temas imprescindibles q faltaron, del lujo de determinados estrenos, de lo corto que se hizo el concierto y de otros tecnicismos, me alegra no habèrmelo perdido; no me lo hubiera perdonado. Y si El Sauce no kedara tan lejos, este fin fuera a buscar allí mi llave, la algarabía, a llorarle a Medina una manida y simple Estación de sol. En realidad, fue más que otra oportunidad de emborracharse, compartir con amigos, reencontrarse; eso todavía en La Habana se puede hacer con frecuencia en ciertos espacios (en los q casi q otra cosa no es posible). El plus era Habana Abierta, la única versión más o menos íntegra de ellos que he podido disfrutar en vivo. Me alegra, Rafa, que aunq reseñarlo tmb pueda parecer un lugar común d stos días, te hayas lanzado.

    1. Me lo pensé bastante, para qué negártelo, pero era una deuda que tenía que saldar conmigo mismo. Me alegra ver como mi concierto, no fue el mismo que el tuyo ni el de tantos otros, esa es una de las maravillas del verdadero arte. Un beso,
      R

  3. También soy de las que no pudo sustraerse al influjo, casi vaticinio, de que por muchas razones, este sería un concierto memorable. No iba con demasiadas expectativas sobre lo que podría escuchar, estaba segura de que atentarían demasiadas cosas como para lograr repetir nítidamente la “alternativa” banda sonora de mis más lúcidos años. Para mí sobre todo este encuentro tiene el valor de hacer palpables las memorias, las nostalgias, las apetencias. Tenía muchísimas ganas de verlos, sentirlos en vivo, sobre todo rodeada de gente de mi generación que iban a reaccionar bajo la exitación como tensados. Así fue y es la mayor alegría que siento. La Habana toda cantándole a la Habana. Abiertos todos a la historia de una isla, su verdad, sus desarraigos. Bueno el empeño, buenas las razones, viva el reencuentro…es lo que vale.

  4. Mi primer comentario en tu blog…bueno, en el cambio de dirección…(uf, pors suerte no tuviste que hacer tantos trámites para esta permuta, eh?? 🙂 )
    Yo también fui a uno de sus conciertos, al del ISA. 😉

    pd: ya cambié tu url en mis enlaces…lo tenía desactualizado! soy un desastre… bueno, un desastrico, pq soy peque… un abrazo, rafa

    1. Bueno, este comentario tiene más pinta de correo que sobre el tema, eh? Pero bueno, me alegra saber que ya encontraste mis pistas. Un beso,
      R

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