Arrancada en falso en el Festival de Cine

Fotograma de la película Dulce de leche, mi triste primer paso en el Festival de Cine
Fotograma de la película Dulce de leche, mi triste primer paso en el Festival de Cine

Primer día del Festival de Cine, uno de los dos eventos culturales más importantes del año (Junto a la Feria Internacional del Libro). Durante diez días la avenida 23, cobra aún más vida, si es que esto fuera posible. Y solo menciono 23 porque el festival tiene otras sedes pero su columna vertebral es esa calle repleta de cines y famosos, nuestro tropical Sunset Boulevard. Ahora 23 se llena de estudiantes ausentes a sus clases, de trabajadores que acortan el horario laboral o piden vacaciones, todo para disfrutar del alud cinematográfico que acompaña a diciembre.

Primer día del Festival de Cine. A última hora olvidé el programa general en casa. Pero lanzarse al abismo, penetrar en la oscuridad de la sala amparado apenas por un indescifrable título y una nacionalidad tiene su encanto. Recé por tener la suerte del año anterior en que me recibió una película tan magnífica como Las acacias, filme del argentino Pablo Giorgelli que inexplicablemente pasó desapercibido para el jurado del festival.

Entre la rusa Elena y la argentina Dulce de leche, escogí la cinta austral. GRAN error. Lo que podía ser -tenía que ser, por lo manido del tema- una reinterpretación que trascendiera la simple historia del primer amor en la adolescencia no pasa de ser eso, una simple historia sin pretensiones que para colmo erige con su cierre un canto al subdesarrollo mental.

Por si fuera poco, al encenderse las luces del cine 23 y 12, lo descubrí lleno de estudiantes preuniversitarios. Asumo que algún sesudo entendió que Dulce de leche podía ser una buena clase de educación sexual; lo irónico del asunto es que su mensajo pro-vida resuma tradicionalismo por todos lados (no estoy seguro fuera la intención de su director, pero ese es su lamentable resultado).

Salí del cine maldiciendo mi poca fortuna y llegué al cine Yara donde me esperaba la mexicana Mi universo en miniatura. En esta película, su director Hatuey Viveros toma el pulso de ese gran monstruo que es el DF, no desde el canon coral al estilo Amores Perros, sino a través de la travesía íntima de una joven que busca a su padre por las incontables calles Juárez de la gigantesca urbe. Disfrutable filme que sin embargo peca de su cargado estilo nuevocinelatinoamericano. Por alguna razón que me supera los creadores de nuestro continente continúan apostando por un tipo de creación en la que la intención poética supera -y devora- la narrativa, algo que los espectadores agradecen poco y a la mayoría de los especialistas ya no anima.

Al final del día, sin la más mínima de las pretensiones abordé otra argentina, La suerte está en tus manos, comedia romántica que es una excelente propuesta si deseas relajar tensiones de un día difícil. Lamentablemente, yo andaba en pos de un filme memorable.

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