Amén de que el Festival de Cine se nombra oficialmente Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, no son pocos los cinéfilos (entre los que me incluyo) que intenta atrapar la mayor cantidad de filmes posibles de las muestras colaterales. La esmerada selección de lo mejor de la cinematografía mundial nos presenta un verdadero maratón de deleites, tantos que quisiéramos clonarnos para estar en varias salas simultáneamente. Pero hay que escoger, y cuando descubrí un filme del finés Akis Kaurismäki no lo pensé dos veces.

Poster de El Havre, película del finés Aki Kaurismäki dentro de las muestras colaterales del Festival de Cine
Poster de El Havre, película del finés Aki Kaurismäki dentro de las muestras colaterales del Festival de Cine

El Havre, que antiguamente significaba puerto, es uno de los puntos convergentes de Europa y el resto de los continentes, un cruce de caminos culturales, prefiguración de este mundo globalizado mucho antes de que existiera el término. Tomando el nombre de la ciudad para la película, Kaurismäki nos acerca como es habitual  en él a los desposeídos, a los pobres de siempre y sus problemas.

En esta ocasión narra el encuentro de Idrissa (Blondin Miguel) -un niño de ojos desarmantes, inmensos, que parecen cuestionar toda la maldad del mundo- con Marcel Marx (André Wilms), ex bohemio parisino devenido limpiabotas de El Havre.

A partir de ese encuentro aparecen una galería limpiabotas, comerciantes de barrio, pescadores y la camarera de un bar portuario(incluída su típica clientela de hombres de mar anclados a tierra firme), seres  que no cambian el curso de la Historia pero sí pueden unirse para lograr modestas victorias, como ayudar a Idrissa a llegar a su destino.

El Havre es una película inocente, de una inocencia tan contenida y oportuna que aceptamos sin reparo la propuesta de Kaurismäki. Los personajes son de una simplicidad cómplice, en la que no buscamos la complejización que se extraña en la mayoría de los dramas comerciales de medio mundo (de hecho, no pude evitar el recuerdo de Silvain Chomet y sus historias mínimas.).

Disfrazada de Marcel Marx, del falso chino Chang, o incluso del adusto comisario, la bondad se erige como la verdadera protagonista de esta historia. La candidez de los personajes y sus parlamentos me hicieron preguntarme al comienzo del filme si eran actores no profesionales, pero con el paso de los minutos Kaurismäki enseña sus cartas y nos redimos ante su atmósfera sencilla, y reímos alegres y despreocupados por tantos actos buenos.

Con semejante espíritu el final se sobreentiende mucho antes de acabe el filme. Pero no importa, el cerezo florecido del cierre y la historia parecen estar poseídos por la oriental idea del karma, esa energía inefable derivada de las acciones, palabras y pensamientos humanos. Los protagonistas de El Havre, nos dice Kaurismäki, tendrán una hermosa reencarnación.

Puntuación: 8.5

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