Elefante blanco, ¿quiso Trapero abarcar mucho?

Cartel de la película Elenfante blanco, competidora en el Festival de Cine
Cartel de la película Elenfante blanco, competidora en el Festival de Cine

Pablo Trapero nos ha demostrado con su filmografía que no teme abordar acuciantes problemas de la sociedad argentina. Su Leonera y Carancho son cartas credenciales más que suficientes para afirmar que hay en él una necesidad vital de plantear las caras duras de la realidad.

Ahora vuelve al Festival de Cine con Elefante blanco, intenso drama que narra las miserias de las villas argentinas.  El filme tiene como centro el involucramiento social de los curas Julián (Ricardo Darín) y Nicolás (Jérémie Renier) en una parroquia de la Villa Oculta, donde se comenzó a levantar el que debió ser el hospital más grande de Latinoamérica. El hospital, llamado Elefante Blanco, es una gigantesca mole inconclusa, perfecta parábola del inmovilismo al que son sometidos los desposeídos, prueba viviente de los rejuegos populistas del siglo XX argentino.

Historia que recoge las condiciones de supervivencia de miles de seres desplazados, que viven entre peleas de bandos narcotraficantes y amenazados por las fuerzas policiales. Elefante blanco nos recuerda también que más allá de las solucione macros del kichnerismo, en las estructuras del sistema perviven vicios y posturas dogmáticas e inescrupulosas.

Paralelo a este conflicto mayor se desarrolla uno no menos interesante (aunque poco explotado), el del padre Nicolás, dividido entre sus mandatos religiosos y el placer físico que encuentra en la asistenta social Luciana (Martina Gusmán). En su afán de abarcar un problema tan enmarañado Trapero se queda con una cacerola llena de huecos, lo que atenta contra la redondez del filme, que quizás debió ser menos ambicioso y centrarse en aspectos puntuales de la situación presentada.

Entre las actuaciones más que aceptables sobresalen los protagónicos Jérémie Renier y Ricardo Darín. Sobre este último no se sabe si la contención que trasluce el padre Julián es del personaje o del actor; lo cierto es que con su probada capacidad histriónica podría esperarse algo más de él.

Amén de las críticas que cuestionan el guión, al que tildan de inconsistente por excesivamente abarcador, no caben dudas de que Pablo Trapero se confirma como uno de los realizadores más destacados del continente. No me extrañaría verlo discutiendo por un Coral.

Puntuación: 7.5

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