Salvado por los fantamas de Misumi en el Festival de Cine

Fotograma de Un cuento de fantasmas, película de Kenji Misumi en el Festival de Cine
Fotograma de Un cuento de fantasmas, película de Kenji Misumi en el Festival de Cine

El día de ayer, en términos de Festival de Cine, comenzó y acabó con películas mexicanas premiadas en Cannes. La primera, Después de Lucía (premio Una cierta mirada) es un filme de estos que gustan a los jurados de Cannes (a la manera de La cinta blanca y La pianista), filmes que muestran a unos seres humanos cuya vida transcurre entre la crueldad más puras. Michel Franco se las arregla para contar la historia de Alejandra, una adolescente huérfana de madre, sometida hasta el extremo al abuso escolar de sus compañeros de clase.

El bullying es un fenómeno preocupante en las sociedades contemporáneas, incentivado en buena medida por la legitimación de la violencia en las industrias culturales. Por si fuera poco los márgenes del ámbito privado cada vez se estrechan más gracias a la penetración de las nuevas tecnologías en prácticamente todos los espacios de la vida cotidiana. Precisamente es una grabación, a través de un teléfono celular, de Alejandra teniendo relaciones sexuales con otro joven lo que desemboca la avalancha  de maltratos.

Excelente argumento que sin embargo flaquea al no encontrar en el guion una causa creíble o al menos aceptable para la actitud de estos adolescentes. Afortunadamente Gonzalo Vega en su papel del impasible padre salva la película que tiene un cierre brutal, inesperado.

Al final del día nos atrevimos un puñado de valientes con una película de Carlos Reygades, Post Tenebras Lux (Premio al mejor Director en Cannes). De este mejor no hablar, la verdad es que la experiencia audiovisual que representan las propuestas de este polémico realizador se me antojan demasiado complejas para abordarlas en un fugaz post. Escenas fragmentadas, anacrónicas, oníricas, hacen de este filme una subversión de los más flexibles cánones del cine.

Por suerte, mi colega de cinefilias Javier Montenegro me convenció de ver Un cuento de fantasmas, cinta del homenajeado japonés Kenji Misumi. Sorteando la molestísima luz de una puerta lateral abierta (NO, NO HAY AIRE ACONDICIONADO EN EL CINE RIVIERA) los espectadores pudimos apreciar como la buena mano de un experimentado director mezcla con gracia el melodrama y el horror, teniendo como base una antigua leyenda japonesa. Atinado filme que pasa de un primer momento un tanto soporífero a niveles de paroxismo espectacular, apenas echando mano al maquillaje y a los juegos con el sonido. Increíble pero cierto, mi mejor filme en el día de ayer fue uno de fantasmas.

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