Chucho Valdés y su grupo, inauguración Festival Jazz Plaza 201
Chucho Valdés y su grupo, inauguración Festival Jazz Plaza 2012. Foto:  Oriol de la Cruz/ AIN

El 2012, ya nos lo habían anunciado los mayas, es una época de cambios. El entorno del jazz cubano no escapó a las transformaciones. Primero fue la partida de Javier Zalba de Temperamento; ayer, justo ayer, Chucho Valdés estrenó un nuevo formato, dando por finalizado su ciclo con The Afro-Cuban Jazz Messengers.

Tras demorada espera –desagradable costumbre cada vez más común en los espectáculos musicales en Cuba- apareció el gigante de dedos maravillosos acompañado de sus músicos, listos para inaugurar el Festival Jazz Plaza 2012. Chucho presentó una nueva e inusual agrupación, un quinteto compuesto por piano (Chucho Valdés), percusión (Yaroldy Abreu), tambores batas y vocal (Dreiser Durruthy), batería (Rodney Barreto) y bajo (Gastón Joya). Sí, como lo leyó, sin metales.

Sin lugar a dudas, la banda demostró sus potencialidades en numerosas ocasiones. Para disfrute de los asistentes quedaron como prueba la apertura, las composiciones tocadas a trío y la presencia de la magnífica jazzista canadiense Jane Bunnet. Lamenablemente, no sucedió lo mismo con las versiones que hiciera la agrupación de varios temas del disco Chucho’s steps.

Individualmente, los músicos se presentaron impecables. Dreiser Durruthy convence una vez más y Yaroldy Abreu demostró por qué es considerado un grande de la percusión cubana. Gastón Joya dio credenciales de su mayoría de edad y Rodney Barreto confirma que es un baterista de altura. Estos dos últimos relevan sin menoscabo a Juan Carlos Rojas “El Peje” y Lázaro Rivas “El Fino” en la batería y el bajo, respectivamente (lo que no significa que no añore la presencia de estos). Y Chucho, qué Maradona ni ocho cuartos, la mano de Dios es la derecha de ese tremendísimo genio.

A la altura del sexto tema, la aparición de Roberto Vizcaíno Jr. en la paila y su refrescante improvisación apenas mitigó el hecho incuestionable de que algunas composiciones del disco por el que ganó un Grammy en 2010 sonaran como si estuvieran ensayando, a la espera de la llegada de los metales.

Con el inicio y el cierre del concierto el quinteto presentó sus mejores credenciales. Habrá que esperar el desarrollo de este nuevo experimento del hijo de Bebo. Pero se extrañan los melódicos compases de la trompeta y el saxofón. Recuerdo la primera vez que vi a Chucho y The Afro-Cuban Messengers. Fue una de las primeras presentaciones de la agrupación y quedé pasmado por sus ejecuciones. Cinco años más tarde –lo reconozco, más viejo y un poquito más rodado por los caminos del jazz – vi a Chucho presentar un nuevo formato, y me quedé con ganas.

No sé al resto de los presentes, pero las versiones de los temas de Chucho’s steps me sonaron un incompletas, como una fábula mal contada. Quizás por eso amanecí escuchando Someday my prince will come, de la mano de Miles Davis, para llenar el vacío de metales dejado por Chucho y su quinteto.

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