Yo, en un P-1 cualquiera rumbo a alguna parte. Ella, despidiéndose de una anomalía de la Matrix. De pronto colisión de mundos, ruptura de las cuerdas, cruce de miradas. 

Incomprensible, si se tiene en cuenta que yo leía una novela de inculto llamada Carbono 14 y ella repetía su rutina de vestal caída en desgracia. Yo, despojo de sacrificios de los dioses. 

Ella, bella, irrealmente diseñada para enloquecer a los poetas más cuerdos. No pude resistirme, extendí la mano para acariciar su trenza etrusca. Ella tampoco pudo resistirlo. Su cabeza rodó sin tropiezos sobre la acera de Infanta, enamorando a todos a su paso. Comprensible, si tenemos en cuenta que un P-1 a 50 kilómetros por hora y un brazo extendido son un verdadero filtro de amor. Para qué negarlo, está muerta conmigo.

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