Palabras de una posible presentación de “La verdad no se ensaya”

Portada de La verdad no se ensaya. Julio César Guanche.

Por una de esas curiosas coincidencias, leía hace unos días una crítica de Ambrosio Fornet al libro Cuba hoy y después, del argentino Jacobo Timerman. En su texto Ambrosio recrea una conversación que sostuvo con el autor en 1987, y en la que, cuando le pregunta sus conclusiones respecto a la situación del país, Timerman le respondió que “a su juicio, se había desatado en Cuba, en los últimos años, un proceso de expectativas crecientes que la Revolución ya no estaba en condiciones de satisfacer. En 28 años el pueblo había obtenido todo lo que era humanamente posible asegurarle-trabajo, educación, salud, la propiedad de su vivienda…- (…) y el país carecía de los recursos necesarios para “dar” más. (…) ¿Cómo reaccionarían, ante esa realidad, las decenas de miles de profesionales y técnicos, esa incipiente “clase media” que la propia Revolución había creado ? (…) La Revolución había sacado de la miseria, la explotación y el anonimato a millones de personas, les había garantizado todos sus derechos y ahora se encontraba con que debía seguir apelando al sacrificio, a la conciencia de las masas, entre otras cosas, porque no podía responder a las expectativas de consumo que ella misma había creado sin proponérselo”.

Si trascendemos el enfoque economicista y releemos la frase en clave cultural nos encontramos con otra verdad tremenda: la necesidad de la Revolución de crear un contexto ideológico que corresponda con las expectativas de las generaciones que hemos crecido en ella. A poco más de medio siglo de 1959 asistimos a una una profunda disociación entre discurso político y práctica ideológico-cultural dentro del socialismo en Cuba, y urge como nunca entroncarlos.

Este asunto, de tanta -los estudiosos de la debacle soviética dirían que de mayor- trascendencia para el destino de la sociedad cubana se encuentra soslayado en el espacio público. Solo de tanto en tanto, escuchamos una voz como la de Julio César Guanche, una voz que desde la tradición marxista y la coherencia intelectual se pregunta por los caminos del socialismo y la democracia en Cuba.

A Guanche llegué por mis lecturas universitarias y junto a sus textos comprendí lo esencial de la participación ciudadana en el proceso democrático, no un ciudadano como objeto de políticas más o menos beneficiosas, sino el ciudadano como soberano, como sujeto responsable de su libertad.

Guanche se inserta dentro de esa franja de intelectuales que producen pensando en la centralidad de reevaluar el proceso social cubano y el discurso desde el poder que lo acompaña, no como un acto de legitimación del capital simbólico del poder, sino precisamente para “resituar en algunas culturas juveniles existentes hoy en Cuba, temas tan desgastados por la retórica oficial como el nacionalismo, el legado de los mártires, la responsabilidad cívica de las nuevas generaciones y el concepto propio de revolución.”, para usar sus palabras.

Resulta peligrosamente curioso ver cómo la eufemísticamente denominada actualización del modelo económico social no ha sido precedida –o al menos acompañada- por una reflexión de similar envergadura y voluntad política acerca de las reformulaciones que en materia de derechos civiles necesita la constitución cubana. Guanche advierte sobre este asunto en La verdad no se ensaya. Cuba: el socialismo y la democracia (Editorial Caminos, 2013)*, y una de las conclusiones que se pueden inferir de la lectura del libro es lo imperativo de dicho proceso si no queremos vernos en un entorno en el que las garantías materiales estarían de hecho sobreestimadas por encima de las jurídicas.

Cuando me convidó a hacer unas palabras de presentación, quedé agradablemente desconcertado. Luego, mientras escribía estas letras comprendí el gesto. Mi presencia aquí no es más que la reafirmación de esa voluntad de conectar con la juventud cubana para su inserción en temas que le atañen hasta la médula. Si no nos implicamos en los debates acerca del papel del Estado, la soberanía ciudadana y la participación en una sociedad socialista seremos un objeto de la política, una triste pieza en un tablero que otros controlarán bajo mecanismos que ni siquiera entenderemos.

Eduardo Galeano nos recuerda que el horizonte sirve para caminar. Julio César Guanche nos dice que con eso no basta, que debemos trazarnos caminos posibles para alcanzar la utopía, o para al menos sentirnos orgullosos del camino trazado en pos de esta. Y no hay manera de pensar y ejecutar la democracia sin democratizar los espacios de toma de decisiones, y a una propuesta a dicha democratización contribuyen las reflexiones de Guanche.

¿Para qué sirven los textos de Guanche, textos que tienen el raro mérito de que -más allá de la concordancia o no con su pensamiento- movilizan las ideas de quien se acerca a ellos? Estoy convencido de que muchos jóvenes hoy no devoran gustosos ensayos respecto al futuro político de la nación cubana, pero -lecturas al margen-, lo que importa es la necesidad de reinventar tanto el libreto original de la obra teatral como su puesta en escena (para utilizar una conocida metáfora sobre el socialismo), y a esto sirven como pocos los ensayos aquí presentados.

Como en el laberinto de Ts’ui Pên, los senderos de la sociedad cubana se bifurcan continuamente. Guanche prefiere alejarse del juego de las posibilidades infinitas, y se arriesga a diseñar cartografías difusas pero necesarias para los destinos de la nación cubana.

Nota: El pasado jueves 27 de febrero, el profesor Raúl Garcés y yo íbamos a presentar en la Facultad de Comunicación el libro “La verdad nos ensaya”, de Julio César Guanche. Los laberintos de la burocracia nos impidieron que tal acto sucediera. Estas iban a ser mis palabras de presentación, y no quería quedarme con ellas.

*Los textos de este libro (y otros más) pueden ser consultados aquí

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3 comentarios en “Palabras de una posible presentación de “La verdad no se ensaya”

  1. Me alegra que compartas las palabras de presentación. Veo por tu texto que no he sido el único en lamentar que no se celebrara el intercambio (seguramente hay unos cuantos que lo sienten igual). Ojalá estemos hablando de una postergación, y no del cierre de la posibilidad de realizar el encuentro con Guanche. Presiento que no es esto último.

    No es poco lo que se está diciendo, cuando se destaca, como lo hace Guanche en “La verdad no se ensaya…”, una crisis de carácter civilizatorio y una “fractura cosmovisiva” en torno a la revolución y su continuidad. En ese caso se hace más urgente, oportuno y necesario el intercambio. Seguro se dará próximamente en Fcom y nos encontraremos allí. Abrazos.

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