¿A quién pertenece una vida, si a alguien?

Demoledora confesión. Diego Fonseca agradece por algo tan sencillo y ajeno a nosotros los seres de este mundo como es el acto de conmoción. Pido permiso a Diego y comparto este post en mi blog, pensando en todos aquellos anónimos que desaparecieron, y no tuvieron una red como esta que armamos para salvarlos del silencio de la frontera. Los comentarios al post siguen, torrenca, solidarios, y me hacen sospechar que la solidaridad no es una palabra guardada en los diccionarios.

 

Edgar, joven inmigrante guatemalteco

Orfilia, joven inmigrante guatemalteca

 

¿A quién pertenece una vida, si a alguien?

Ayer, muchos de ustedes me ayudaron a dar con el paradero de Orfilia, una muchacha guatemalteca que llevaba casi una semana perdida en el hueco negro de Farfulias, en Texas. Orfilia fue detenida el martes por la Border Patrol y ahora está siendo procesada para deportación.

Es la primera vez en mi vida que me alivia que alguien que no es criminal esté preso. Cuando llamé a Ingrid para avisarle de que su hermana estaba en manos de la policía —o sea, viva—, ella llevaba una semana sin dormir. Tiene dos medialunas grises cavadas bajo los ojos. Anoche pegó un ojo: dejó el otro abierto para esperar por Edgar, su sobrino, el compañero de viaje de Orfilia.

—Don Diego —me dijo—, me sacó las ganas de llorar.

El que lloró fui yo.

¿A quién pertenece una vida, si a alguien?

Hoy, el consulado de Guatemala en McAllen, la ciudad que se espeja en la mexicana Reynosa, me informaron que Edgar también había sido detenido. Orfilia y Edgar fueron atrapados cuando intentaban escapar de la patrulla. Otros que viajaban con ellos se escondieron en casas. Ahora esperaban el regreso del pollero para echar otra suerte a la ruleta: le pagarían 500 dólares más a cambio de volver a la frontera y probar otro cruce.

A Orfilia y a Edgar los atraparon porque iban juntos: no se puede huir bien si corres de la mano.

¿A quién pertenece una vida, si alguien?

Orfilia venía a Washington DC a trabajar: su hermana había ahorrado para traerla por un camino distinto al de ella, esquivando Matamoros, saltando por Reynosa, evitando Brownsville, eligiendo el vallado de McAllen. Ingrid me dijo que había patrullas cada dos brazadas y que cruzar sería difícil, pero si ella lo había logrado, no había por qué dudar de la determinación de alguien más joven.

Edgar llegó a la frontera escapando de lo que escapamos todos: la muerte. La suya, claro, no tenía la comodidad de la muerte vieja. Su padre, otro Edgar, había sido asesinado por la espalda frente a la puerta de una iglesia. Él cambió de casa y de pueblo con su hermana y su madre por un año. Un hermanastro del padre los extorsionaba por teléfono: si le daban plata, él les daba vida.

Edgar eligió la vida, pero no aquella, que es morirse de a poco. Eligió correr por la vida, jugársela a la ruleta del cálculo probabilístico: era mejor arriesgarse a perderla en un camino del desierto texano que perderla seguro por una bala en el trópico chapín de Izabal.

¿A quién pertenece una vida, si a alguien?

Soy malo para los agradecimientos. Memoria de agua, los hechos vueltos humo. Si no anoto, pierdo el registro del mundo. Pero recuerdo a muchos de ustedes, y va lo mismo para quienes no registre aquí: ya tengo el cuero duro pero me han ayudado a descubrir que aun me quedan poros para que se me filtre la conmoción. Gracias por todo lo que hicieron. Gracias por movilizar a sus familias en el norte de México, por conectar a organizaciones fronterizas y de ayuda a inmigrantes en Texas, Los Angeles, NYC y Washington. Gracias por los teléfonos y los correos de abogados. Gracias por hacer algo tan simple como conmoverse. Es tan fácil, tan difícil.

¿A quién pertenece una vida, si a alguien?

Ayer, cuando hablaba con la cónsul de Guatemala en McAllen le dije lo que Ingrid dijo de su hermana: que estaba *perdida* en la zona de Farfulias. Luego cambié: la segunda vez que hablé del tema ya usé un término más indefinidamente claro: Orfilia, dije, estaba *desaparecida*. Un desaparecido es alguien que no se ha ido nunca, que está destinado a flotar en un limbo que le niega toda entidad.

La cónsul tuvo la delicada brutalidad de las certezas.

—Cuando uno se pierde en Farfulias —me dijo—, no se pierde: se muere.

Las vidas apresadas de Orfilia y Edgar, hoy, al menos, son vidas. Queda ver qué libertades les quedan en la deportación, en el regreso al lugar del que escapaban, de la pobreza o de la muerte.

¿A quién pertenece una vida, si a alguien?

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2 comentarios en “¿A quién pertenece una vida, si a alguien?

  1. todo lo que se haga es mucho y por eso hay que hacerlo , la vida pertenece a las vidas y por ellas hay que conmoverse, luchar, unir, fundar y no cansarse nunca. Gracias a Rafa por compartir este post

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