oso de peluche, fotografía

Descubrir tesoros en los alrededores de la basura es uno de los premios que los caminantes impenitentes reciben a cada tanto. Por ejemplo; el caminante que hace dos días hubiera andado por la esquina de H y 13, se habría topado con un diminuto oso de peluche. En ese tranquilo rincón del Vedado, si aguzaba la vista, el caminante hubiera notado uno de esos teddy bear que suelen arrastrar las familias por décadas y apasionan a los coleccionistas con su hálito añoso. Nuestro Teddy en cuestión podría ser el vestigio de una infancia clausurada, de un amor que dolía, o simplemente el descuido de una mudanza.

Si el caminante impenitente hubiera pasado por H y 13 con la mirada atenta, podría haber recogido al oso y sumarlo a su biblioteca de sorpresas. La biblioteca de sorpresas de un caminante guarda objetos, sensaciones, recuerdos; desde una calabaza para el mate que aun canta coplas gauchescas, hasta una sinestésica rama de canela que evoca una vieja conquista. La biblioteca de sorpresas de un caminante se compone de la suma desconcertante, caótica; del puro placer de las cosas pequeñas. Y un oso negro y de sonrisa infantil, suave como la espuma, sería un detalle perfecto para una de esas bibliotecas. Se lo garantizo. Palabra de caminante impenitente.

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6 comentarios en “Trofeos de un caminante

    1. Dios, te mereces un beso tan solo por descubrir al viejo debajo del oso!!! Y no, La Habana es surrealista, pero no tanto como para encontrar Kapucinskis tirados en la basura. Saludos desde Cuba,
      R

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