AlaMesa, lo saben casi todos mis amigos porque no me canso de repetirlo, es uno de esos proyectos que amo sin reservas. Podría pasarme horas explicando las razones, pero prefiero que visiten y descubran este espacio (www.alamesacuba.com). Uno de sus grandes méritos es el boletín que, semana tras semana, hacen llegar a los correos de sus suscriptores con una actualización de las propuestas gastronómicas de la ciudad. Por si fuera poco, a cada rato los boletines vienen acompañados de deliciosos textos como éste que comparto; toda una declaración de identidad de marca y de identidad nacional, lo que no es más que otra de las tantas formas de hablar de la identidad personal.

A la mesa cabezal

“For a story, you snotty little Cardinal, for a story your lecherous,

alcoholic Eminences. For wealth, fame, women and longevity!”

John LeCarré. “The Honorable School Boy”

Por estos días confluyen las cifras cerradas en AlaMesa. El 9 de mayo recibirán ustedes la Edición número 100 de este mismo Boletín. El 20 de mayo, se cumplirá el segundo aniversario del lanzamiento de nuestro directorio web. La cuenta de los restaurantes indexados se acerca inexorablemente a los 300 (Leónidas estaría orgulloso de nosotros). Nuestros seguidores por esta vía y en redes sociales alcanzan también cifras cerradas tan solo para rebasarlas muy pronto y acercarse a las siguientes.

De más está decir que tanta cuenta cuadrada mueve a festejo (no los estamos estimulando a que armen la fiesta, tampoco los estamos desestimulando, por lo pronto nos ocuparemos de ello nosotros solitos) y también un poco de ese recuento inevitable, tan a tono con los votos y promesas que usualmente se emiten al calor de celebraciones tales (Ya saben, votos al estilo “este año nuevo de AlaMesa sí que no mezclo más vodka con buñuelos” o “la gorda, este año me le declaro a la gorda” y recuentos al estilo de “¿cómo en la Tierra llegamos hasta acá?”).

¿Cómo llegamos hasta acá? AlaMesa ofrece de manera periódica, información corroborada y actualizada sobre el entorno gastronómico de La Habana y muy pronto de otros lugares del país también (oops!… spoiler alert!). Para hacerlo, requiere de salir al terreno, confrontar a los restaurantes y sus propietarios y solicitarles la información, procesar esta hasta hacerla coherente con el sistema implementado y conformar así una base de datos de interés para nuestros usuarios. Paralelamente debe construir contenidos acordes con el interés de quienes nos siguen y estructurarlos de manera lo más atractiva posible. Distribuir esa información a través de al menos tres infraestructuras diferentes (web, mail y social networks) y desarrollar dicha infraestructura para ofrecer progresivamente servicios más elaborados dadas las necesidades de nuestros públicos metas. Luego,requiere de las opiniones de usuarios y clientes para retroalimentar el sistema en aras de perfeccionarlo.

Sentados como estamos en nuestra fiesta, “la patria en la mano” (como le dice el amigo Roberto al acto de empuñar un Cubalibre), algo achispados y alegres, nos asalta la inevitable pregunta…

¿Para qué hacemos esto? Y en el nombre del Cielo… ¿por qué nos metimos en esta prolija tarea de hormiguitas? ¿Qué, no teníamos nada mejor que hacer?

Aclarada la cabeza, si aun persisten las preguntas, es fácil encontrarle razón a la primera. Todo proyecto de esta o casi cualquier índole parte de una necesidad, en este caso: hay restaurantes en el país, cada vez más y estos son nuevos, diversos, novedosos. En el momento en el que AlaMesa surgió como concepto, eran una promesa emitida a partir de la aprobación de nuevas leyes. Hoy son un poderoso ecosistema que constantemente alimenta al público con nuevas propuestas. El público requiere conocerlas, no se hable más del asunto… manos a la obra…

¿Por qué, entonces?

En el principio, debemos reconocer, fue por lo que lo haríamos todo, por las razones que LeCarré sabiamente expone líneas más arriba: “por la fama, riqueza, mujeres y longevidad”. ¿Se necesita algo más?

En el camino transitado en estos dos años solo muy poco de esa cosas se presentó (mayormente las mujeres para ser más específicos. No fueron todas las esperadas, pero nadie se queja), y sospechamos que hubiera venido de todos modos, AlaMesa o no.

Y lo de la longevidad está por probarse, por lo pronto seguimos comiendo vegetales.

Las razones entonces mutaron, o quizá siempre fueron las mismas.

AlaMesa intenta demostrar lo que es posible en nuestra nación. Creemos que es posible el éxito de un proyecto de esta índole, entendiendo como tal el que sea capaz de sustentarse y desarrollarse en el tiempo, el que sea útil a los usuarios en Cuba de todas las maneras posibles, brindando la información necesaria, ayudando a difundir conocimientos respecto al tema y exhaltando valores de la cultura nacional que deberían ser reconocidos por todos los cubanos.

Y queremos hacerlo nosotros precisamente, cubanos que vivimos en Cuba y no esperar a que ninguna entidad de otra nacionalidad se presente para tomar nuestro puesto.

Reconocemos el valor y la experiencia de los precedentes que tenemos a escala internacional, algunos de los cuales se han constituido en grandes empresas con marcas reconocidas y de alto valor, pero consideramos que la verdadera defensa de nuestra cultura y valores no puede quedar en manos de otros… no es un problema de capacidad, es que simplemente nos toca.

Queremos deshacer la creencia de que para llevar adelante nuestros sueños profesionales, los cubanos debemos irnos de este país. Esa manera de pensar, tan válida como cualquier otra a nivel personal, ha costado a la nación expertos de variadas materias que han emigrado o viajado de manera temporal en la búsqueda de oportunidades, pero a nosotros, los individuos, los seres humanos, nos ha costado el vernos separados de amigos, familiares, amores incluso.

Es tan personal como la escena en la que Jorge Perugorría abraza a Adela Legrá al final de “Miel para Oshún”.

Es también para los que nos faltan que trabajamos, que procuramos que este servicio se desarrolle, que vitoreamos el éxito de cualquier propuesta que implique que vivir en Cuba sea mejor, que haga que valga la pena para alguien el tomar la decisión de quedarse a enriquecer con su talento este todo del que somos parte los nacidos en esta Isla.

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