Este es un texto largo que, lamentablemente pocos leerán. Pocos leerán porque estamos a las puertas del verano y la gente deja de conectarse, porque ya Lázaro Carrasco y su defensa de tesis dejó de ser trending topic en FCOM e Internet, porque M.B.S. no tiene el séquito de fans de mi amigo Carlos, porque es un texto casi alemán en su intención filosófica y pocos tienen tiempo y ganas para la filosofía por estas fechas. Ojalá me equivoque, porque si se tiene paciencia, si se sortean algunos escollos y espejismos, se pueden sacar un par de grandes lecciones de este texto. 

por M.B.S.

Advertencia

Mis reacciones iban dirigidas a Rafael, pues por una serie de descuidos pensé que él era el autor de La cara oculta de FCOM. En el diálogo inevitable que empecé a sostener con el texto conforme lo leía, me lo figuraba a Rafael como probable destinatario de lo que estaba segura terminaría escribiendo. No al Rafael que desencontraba a ratos entre las líneas que transcurría, sino al que leyera en otras ocasiones, lo suficiente para poder identificar su voz. En la escritura hay voces inconfundibles. Estados anímicos que delatan a los autores si honestos, determinantes de que la realidad se interprete y relate de una forma específica y no de otra.

Presumo que Rafael debe compartir la verdad que propone La cara oculta de FCOM, o al menos, valorar el acto de expresarla –como también yo lo valoro-. Pero la distancia entre su identidad literaria y la otra que evidencia la crónica publicada resulta notoria. No por mejor ni peor -esa discusión se superó hace mucho tiempo en algún libro de historia de la literatura-. Es por la diferencia. Quizás el indicador menos utilizado en la costumbre de evaluar. Así que yo le iba a escribir al no Rafael, al que en un arranque legítimo había dejado de ser o sido alguien más. Quedaba la posibilidad de que se hubiera metamorfoseado. Pero nadie cambia tan drásticamente. Menos en el escribir. Por eso cuando encontré que otro nombre firmaba el post, entendí las razones de mi desconcierto. No había ocurrido ni metamorfosis ni dejares de ser. Rafael continuaba siendo Rafael. Sin dudas el diálogo cambiaría, porque el receptor media el mensaje y demás blablerías, pero no igual mis cuestionamientos, dirigidos no a personas sino a ideas.

El imaginar

Primero lo primero. No por primero sino por esencial: ¿qué es la imaginación? Convengamos en que nadie podría ofrecer una respuesta universal. Engañaría al mundo si lo intentara y el mundo demostraría una incapacidad tremenda para imaginar. Porque la imaginación se significa para cada persona conforme la ha vivenciado. O utilizado. No obstante, cuando leí que la Facultad de Comunicación –del 2013, valga- no permite la imaginación, no pude evitar detenerme a diseccionar esa idea. ¿Será que la imaginación necesita ser permitida? ¿Será que la imaginación necesita permiso? ¿Será que la imaginación puede ser impedida?

Enseguida me acordé de Cervantes, Gramsci, Pablo de la Torriente, Miguel Hernández, Rodolfo Walsh, Ana Frank, Julius Fucik. Todos y más con sus respectivas obras. Creadas en condiciones donde “no permitían” la imaginación. Cierto tipo de imaginación. ¿Será que el Quijote pudo ser impedido? Una cárcel, la soledad, el ruido, un brazo. ¿Será que el ingenioso hidalgo hubiera existido en la serenidad contemplativa? No creo. Cada historia, personaje, palabra, es resultado de quienes somos en una combinación irrepetible de espacio y tiempo. Lo que suscitó el Quijote –incluyamos a Sancho, Dulcinea, los desventurados gigantes- fue precisamente su realidad. Mientras más hostiles las circunstancias, más voraz la imaginación. La imaginación es una compuerta al infinito. Ofrece la fuga. La salvación de lo real. Su superación. La rebelión contra lo real. Non plus ultra de la rebeldía. La única posibilidad de liberarse cuando lo convencional y socialmente establecido oprime, desespera, insatisface, aburre. Las limitaciones existentes en la vida no son más que propulsores infalibles de la imaginación. Para quien se la permita, claro. Cervantes tuvo a bien demostrar a la humanidad hace siglos que las circunstancias median el acto de imaginar, pero no lo impiden si esa es la voluntad del individuo. Cervantes, al igual que tantas otras y otros, antes y después de él, como corroboraría cualquier historiador de arte o de ciencia.

Ahora, no propongo que se conviertan en cárceles las aulas de las universidades para que los estudiantes puedan imaginar mejor y con más frecuencia. Como mismo las limitaciones de un contexto no impiden la imaginación, la ausencia de las mismas tampoco. Creer que existen situaciones o personas con el poder de impedirla es la principal limitación para imaginar. Lo que sí se puede impedir, sin dudas, es la expresión y realización de lo imaginado. Pero imaginar nunca. Eso solo se lo podría impedir uno mismo.

La facultad nuestra

Concuerdo en que hay ciertas lógicas académicas de la Facultad de Comunicación que no resultan excitantes, más cuando se asumen sin compartirlas o creer en ellas. Como sucede en toda academia heredera de los paradigmas de educación y construcción del conocimiento colonizadores. Que no Calibanizan sus Arieles con constancia. Esa es una deficiencia nuestra. No institucional sino mental. ¿Qué conforma una institución sino estructuras mentales que producen relaciones de poder que reproducen esas estructuras mentales? Hay mucho por revolucionar. Nuestra facultad no es más que un micropaís donde se pueden encontrar contradicciones similares a las que nos muestra la sociedad. Los problemas de un sistema son transversales a los sistemas que lo integran. Se retroalimentan y sustentan. “Los culpables” en el relato no son los miembros del tribunal, aunque a simple vista pudiera parecer que sí, aunque carguen con parte de “la culpa”. Buscar culpables puede conducirnos al mismo callejón donde creemos que en la facultad no permiten imaginar. Prefiero hablar de responsabilidad, que no corresponde solo a quienes otorgan calificaciones sino a los calificados, quienes aparentemente están predestinados a aceptar las calificaciones, o decisiones, de quienes califican, de quienes deciden. Tiene que ver con como uno se percibe, como sujeto sobre el cual deciden, pasivo, o como sujeto que decide, y no porque se lo permitan sino porque decide, aunque sea recurriendo a la desobediencia.

Confieso que yo durante el primer año estudiando Periodismo quise agarrarme a un paraguas y desaparecer de la facultad. Me creí una buena para nada. Olvidé cómo escribir, cuando intentaba aprender a hacerlo. Las palabras se me atascaron. Mi voz se enredó en alguna regla gramatical y un manual de estilo quiso servirle de mortaja. Me enterré viva sin darme cuenta. Algo me asfixiaba pero no sabía que era yo misma. Que debajo de tanta tierra continuaba respirando. Mi realidad me pareció imposible. No por la realidad en sí, porque había personas que se movían por ella sin conflictos, sino por mi manera de ser. ¿Debía adaptarme entonces a moldes donde no cabía? Estuve como tres años intentándolo. Y no fui la única en mi grupo. En algún momento, cuando entendimos que no teníamos que demostrarnos nada –no todos-, nos enteramos de que la mayoría habíamos pensado en abandonar por creer que nunca seríamos periodistas. Que no encajábamos, que no pertenecíamos. Hasta que poco a poco, más hasta donde pudimos que hasta donde nos permitieron, encontramos vías para crear un lugar nuestro en esa lógica de formación.

Es cierto que una carrera universitaria, al menos como yo la concibo, debería ser un reto inspirador y no intimidante ni coercitivo. Debería ser participativa en la definición de los contenidos, potenciar su transformación, parecerse a los estudiantes, a su época. Una carrera universitaria, una facultad, una universidad cubana, debería ser mil cosas más. En eso precisamente consiste revolucionar. Pero no creo que lo vaya a ser, ni una facultad ni un país, a base de consentimientos, de permisos. Eso sería entonces burocratismo contrarrevolucionario. No abogo por rupturas absolutas, pues a veces en la juventud por ingenuidad terminamos negándolo todo, creyendo que vamos a inventar el mundo y desperdiciando valores que podrían contribuir a hacer más sólidos nuestros propósitos de cambio. La irreverencia desmesurada no es más que un síntoma de demasiada reverencia hacia uno mismo. Puro narcisismo. Que impide ver más lejos de la propia nariz. Hay lógicas de la facultad que yo decidí asumir porque hacían más efectivas y fructíferas mis propias lógicas. No podría precisar si fueron más las descartadas que las incorporadas, pero sí que fueron suficientes. Negar es una manera de afirmarse. El problema no son las negaciones ni las afirmaciones sino su aprehensión acrítica y los excesos.

Pero mis aprendizajes sí fueron mayores que las enseñanzas y no provinieron de “la institución” sino de las personas que la conformaban. Uno de los indispensables es que yo soy la principal responsable tanto de lo que ignoro como de lo que conozco. No se va a la universidad a que te llenen la cabeza de datos. Más bien se va para que te espantes por todo lo que ignoras. Te presentan mundos cognoscitivos –no todos los profesores, aclaro- y después arréglatelas como puedas, si te atreves a entrar. Te presentan verdades y las asumes o las cuestionas. “Cuando te quedes sin preguntas lánzate del balcón”, recuerdo que nos dijo en una clase de teoría Nora Gámez. Se me podrán olvidar algún día las disfunciones narcotizantes, pero jamás eso. Las disfunciones con una lectura se recuperan. Lo otro nunca tendrás que recuperarlo porque te atormentará por siempre.

No se si fue suerte de mi año, o de mi grupo, pero del 2007 al 2012 encontré en la Facultad a más de 10 profesores, adjuntos y no adjuntos, que me atormentarán por siempre. No les voy a mencionar para no pecar por omisión, pero sería injusta si dijera que fueron menos de diez, contando solamente los que me dieron clases en alguna ocasión, porque había –y hay- otros que nunca llegaron a mi grupo, pero de haberlo hecho hubieran sumado.

Por supuesto, a Julio sí debo mencionarlo. Me dio clases en dos oportunidades. Y en ambas fui inconstante. Cuando no consigo concentrarme para escuchar a un profesor empiezo a salir, entrar y salir del aula. Más si hay un balcón cerca. Me distraigo fácilmente. Muy fácilmente. Y Julio era un comunicador extraordinario, con una ternura inacabable y un gran dominio de cada tema que abordaba, pero mi intranquilidad fue mayor, por más que la controlara. No obstante, lo fundamental que aprendí de nuestro decano no fue en las aulas. Aparte de que el periodista no debe escribir con cinismo, que necesita aprender a contenerse y encontrar un equilibrio en sus emociones, la mayor lección que recibí fue su humildad. Con su muerte esa certeza se tornó aun más contundente. A pesar de haber dejado una obra periodística inmensa, varios premios y una investigación sobre la prensa hasta hoy insuperada, lo primero que siempre decía la gente cuando se enteraba de la noticia, era algo relativo a su generosidad. Tuvo que ser alguien descomunal para que sus cualidades humanas desplazaran a un nivel inferior su trayectoria profesional. De esa gente aparece muy poca, tanto en el periodismo como en la vida.

Pensando en Julio, se me ocurre que lo que falta en nuestra prensa no es coraje para decir la verdad. Lo que nos falta es ética periodística, consciencia social, compromiso con la historia. Porque hoy cualquiera hace una catarsis, escribe par de líneas agresivas y se convierte en héroe o heroína. La censura se ha vuelto una distinción. Ser marginado, contrariado, excluido, incomprendido. Cualquiera puede hacerse de un nombre a golpe, o a mimos, de la censura. Se hace difícil discernir entre quienes de veras desafiaron el poder y quienes ni siquiera le hicieron cosquillas. He optado por creer más en las personas que han sabido eludir la censura con destreza, o no la exhiben como condecoración sino que la asumen con una discreción tremenda.

En el caso de la tesis en cuestión, en tanto no la he leído y faltan argumentos que la validen, lo que me hace confiar en que no se trata de un aficionado más de la censura que la entendiera como fin y no como consecuencia posible, que se trata de un estudiante que indagó en zonas espinosas de nuestra sociedad por interés humano y no por vanidad, es la presencia de Jesús Arencibia como tutor. A Lázaro no lo conozco ni he leído. Ni presencié su defensa de tesis. Además, faltan en el texto-denuncia elementos claves para entender y apoyar a Lázaro, que no implicarían arremeter contra el tribunal, ni contra la facultad.

De temas y transgresiones

Lo que falta en el texto son argumentos que expliquen la radicalidad –en el sentido de ir a las raíces- del tema. Su simple enunciación no basta para estimarlo de radical, novedoso o transgresor. Un tema per se no es transgresor. No si el enfoque a ese tema-problema no abarca su complejidad, no alcanza su intrincada esencia, no advierte su significación social. He consultado tesis con temas en apariencia inofensivos e insustanciales, que luego cuando las revisas con detenimiento descubres que no lo son ni en una sola de sus páginas; como mismo he consultado tesis con temas innovadores que se desmoronan bien pronto en su tratamiento. Una tesis no puede valorarse –como transgresora ni como ninguna otra cosa- solo a partir de la mención de su tema-problema. Si el discurso de verdad que presenta no es sólido, si sus pilares teóricos y metodológicos no son coherentes con sus resultados, si sus resultados son superficiales, nunca habrá transgredido nada, porque, en primer orden, ni siquiera habrá alcanzado los límites de la comprensión-expresión del problema.

Forma y contenido ciertamente son inseparables. Pero hay que saber identificar cuando la hojalata se pretende acero porque le imita su forma. Las ideas también reclaman belleza. Hay muchas maneras lindas y diversas de decir que la Tierra es achatada por los polos y abultada por el Ecuador, pero si nos quedamos ahí no habremos transformado ningún saber científico.

No creo tampoco que una intención merezca cinco puntos. Una intención, per se, no es mérito. Bajo ese criterio mejor no hacemos defensas de tesis, ni siquiera hacemos tesis, ni estudiamos en la universidad, ni nada. O en este mismo instante voy a buscar un título de licenciada en física y otro en filología por mis tamañas intenciones de estudiar esas carreras. O nos dejamos de rodeos y vamos de una vez a Suecia a exigir el Nobel. Da igual si es de física, porque ya me habrán dado antes el título, porque incluso habré descubierto la máquina del tiempo y la ecuación para la teletransportación humana instantánea.

Por suerte el mundo no funciona con intenciones. La historia está plagada de personas anónimas que entregaron sus vidas a investigar algo que les colocó en un laberinto sin salida. Peor. Plagada de personas que sí encontraron salidas y nadie premió sus resultados, qué decir de reconocer sus esfuerzos o sus intenciones.

Las intenciones hay que materializarlas. Demostrarlas. Pues casi siempre la realidad las supera. Es cierto que unos se esfuerzan más que otros sin obtener resultados, que otros obtienen resultados sin esfuerzos, pero la perversión de los resultados no nos puede conducir a renegar su valor. Una nota no es el resultado de una tesis. Y menos lo es un título, que ni siquiera es el resultado de cinco años de estudios. Porque haya estudiantes que obtienen cinco puntos con ejercicios de tesis deficientes –no con temas-, con un recorrido estudiantil regido por la pereza, no significa que esos sean referentes para reconocer ejercicios de tesis o recorridos estudiantiles. Valorar a partir de lo mal hecho nos revolvería perennemente en lo mal hecho.

La tesis de Lázaro requiere defenderse por sus propias virtudes, imperfecciones y resultados. No apelando a que se ha premiado la chapucería. Porque, además, premiar la chapucería no ha sido norma en nuestra facultad, al menos en el período que yo viví. Habrá seguro algunos casos, pero no son norma. Con analizar las investigaciones producidas durante un año nos daremos cuenta de eso. En mi curso, en ambos grupos de Periodismo, hubo tesis transgresoras en muchos sentidos. Al igual que en años anteriores. Tesis que han trascendido su intención inicial, como es el caso de la de Rodolfo, que devino en Escaramujo, y me parece que es la que más impacto social ha tenido en la última década –quizás más o menos-, no solo por lo que intenta transformar y transforma en la sociedad cubana sino por su capacidad movilizadora y articuladora y los sentidos de vida que promueve.

Aunque lo cierto es que los temas-problemas en apariencia “menos conflictivos”, también son pertinentes y aportan a la comprensión de nuestra sociedad. Que alguien analice el discurso de un medio extranjero hacia Cuba no me resulta demeritorio si lo hace con rigurosidad. Eso es lo primordial. Si aplaudimos solo temas e intenciones nos convertiríamos en un fetiche. Seríamos más prejuiciosos aún, que lo que fuera el tribunal, según lo que declaran.

En mi año hubo una tesis que estudiaba las rutinas productivas de los periódicos de Mayabeque y Artemisa, o algo similar, y una de sus conclusiones fue que en los medios analizados el ejercicio periodístico estaba subordinado de distintas maneras al Partido. No fue la tesis más transgresora. A la autora no le preocupaba serlo. Sencillamente fue honesta con lo que encontró en la realidad. Pero en años anteriores sí hay varias que explicitan mejor la subordinación –parcial, porque no podemos reducir la prensa a Granma– al Estado y al Partido. Lo que es prensa en Cuba requiere redefiniciones, al igual que el periodismo contrahegemónico, que desconocerlo implica aceptar las leyes del juego hegemónicas. Habría también que repensar la hegemonía en Cuba, qué tan hegemónico es el Partido o que tan contrahegemónicas son las contrahegemonías.

Poder aparte. Aparte formal. Para decir que considero que si se explica con más profundidad la trascendencia social del tema de Lázaro no es necesario apelar a tesis intrascendentes. Buscar el reconocimiento de su trabajo cuestionando la autenticidad de otras tesis no autentifica la suya. La casa de tía* debe legitimarse por sí misma como producto comunicativo sustentado en una investigación. ¿Qué significa que hoy en Cuba existan sitios donde los homosexuales practiquen sexo en público y en colectivo? Yo podría arrojar algunas respuestas. Puedo intuir qué significa. Pero nunca como Lázaro, que dedicó meses a investigar ese fenómeno, aunque ni siquiera habiéndolo investigado serían iguales nuestras respuestas, nuestro enfoque ético-periodístico, nuestra manera de contarlo. Supongo que sus productos comunicativos no son eminentemente descriptivos o antropológicos, que existe una interpretación de esa realidad, pues de lo contrario regresamos a la trampa de la objetividad. Por eso quiero saber qué conmocionó humanamente a Lázaro, quiero saber qué siente y piensa sobre el cruising, quiero saber qué distingue la relación que estableció con esa realidad de la que hubiera establecido otra persona. Quiero concluir yo que su tesis es transgresora, que fue osado, que ameritaba la máxima calificación… visto que su historia se ha situado en la esfera pública.

Y sí creo, de ser que lograra sustentar su visión mediante un discurso organizado, que la tesis sería transgresora. Que en Ibiza o Ámsterdam no lo consideren así es comprensible. Pero sucede que Lázaro produjo desde Cuba y para Cuba. Lo que determina si un texto periodístico es transgresor o no es su contexto. Que en Estados Unidos la homosexualidad no resulte un “tema transgresor”, no significa que en Arabia Saudita no lo sea. No creo que Lázaro intentara ser transgresor para España investigando en Cuba. No creo que el cruising funcione igual en todas partes. Aunque, quizás, si con sus palabras escarbó bien hondo en esa realidad resulta posible que Lázaro tenga algo significativo que decir a los españoles, algo que importe a la humanidad. Igual, decir algo que importe a Cuba sería bastante.

Defensas de tesis

Respecto al acto de defensa de tesis, encuentro varios elementos curiosos. El primero es que Lázaro no defendiera su tesis ante los cuestionamientos del tribunal. Que se arrebujara en su silla, se asustara, quedara sin fuerzas, cuando le correspondía defender su trabajo de meses, una parte de su vida. ¿Qué es una defensa de tesis? Entiendo que los nervios pueden enclaustrar la razón, aturdir, pasmar palabras. Pero cuando provocamos tempestades hay que prepararse para enfrentarlas, más si las anticipan truenos. Y a veces son más impetuosas de lo que calculábamos.

La facultad, como institución que se integra a una institución mayor, siempre va a tener una posición ética, política, comunicativa, social, estética, ante distintas realidades problémicas. Sería ingenuo esperar que nos consienta cualquier osadía. Pero nuestra facultad, en mi experiencia, lo que sí permite es la confrontación. La tesis de Lázaro no es la primera que encuentra un tribunal no difícil sino hostil. Tampoco es la primera que pierde los cinco puntos en la defensa. Un oponente siempre actuará como oponente. Si se respeta a sí y al estudiante no caerá en condescendencias. Tiene el derecho-deber de cuestionarte, el estudiante tiene el derecho-deber de defenderse.

Desde luego, hay oponentes buenos y malos. Los primeros –ya lo escribí en alguna parte- desafían a transgredir los límites de la tesis. Identifican las debilidades de su estructura y justo ahí disparan sin clemencia. No con el afán de demolerte sino de que vuelvas más fuerte la estructura. Sus preguntas dan ganas de responderlas. Aunque bueno, si las debilidades predominan, lo más probable es que te extienda una escoba. Los segundos, disparan en todas las direcciones porque no saben hacia dónde disparar. Con tumbar una maceta de una ventana o agujerear la puerta son felices, aunque sueñen con demoliciones. Por lo general, tienen un alto concepto de sí. Son medio ególatras y se creen que la defensa es su gran momento –como cualquier otro donde haya un poco de gente obligada a atender lo que diga-. Pero si la estructura de la tesis es sólida y el estudiante la defiende con astucia, inevitablemente el oponente quedará en ridículo. El grado del ridículo dependerá de cuán compasivo sea el estudiante. Una vez hubo dos estudiantes tan compasivas que hasta salvaron del ridículo a su oponente. Claro, nunca pretendió regatearles la nota.

Así que sistematizando las defensas de tesis de nuestra facultad en las que he estado (incluyendo la mía,obvio), lo más frecuente ha sido encontrar oponentes del tipo primero y no del segundo. No se qué calificaciones han sido más frecuentes en casos de tribunales hostiles que conducen la discusión hasta el paroxismo intelectual, pero sí he visto estudiantes resistir horas defendiendo su tesis sin desfallecer un instante. Receptivos con las críticas sin transigir en sus verdades. Se puede decir que el cielo se despedazará en cien días y conoceremos el tope del mundo, si elegimos con sapiencia los argumentos para defender esa idea. Si la creemos, antes de intentar que otros la crean. Cualquier disparate es defendible. ¿Cómo no serlo una tesis transgresora? Claro que hay transgresiones más graves que disparates, pero lo que no perdona un tribunal que ha sido provocado es que bajen la guardia en la defensa. A mí también lo injusto me ha paralizado y he temblado de impotencia. No en mi defensa de tesis sino en otras circunstancias. Y entendí que hay que aprender a defender lo que uno cree, incluso si parece un disparate ante los ojos de alguien más.

Recuerdo de mi año la defensa de una estudiante con Mario Masvidal como oponente y con otra profesora del ISA muy inquisitiva en el tribunal. Jessica nunca tuvo el ánimo demasiado propenso a la polémica. Sin embargo, ese día supo crecerse para defender un documental audiovisual. Aunque su diabetes le dificultaba la situación, se mantuvo segura y encontró las maneras de enfrentar los cuestionamientos, que iban desde lo semiótico hasta definir qué es periodismo. Cuestionaron los valores periodísticos de su tema, cuestionaron el tratamiento, cuestionaron que los estudiantes de la facultad produjeran documentales, cuestionaron hasta que se graduara. Y claro que la roían los nervios, pero resistió y obtuvo la nota que merecía.

Calificación

Yo sí considero que “la nota” es importante, aunque simbólica. Porque lo que califican son tus criterios, tu visión ante un tema, ante la vida, y claro, la forma en que lo expresas. Por eso no se discuten notas sino ideas. A quien reproduzca ideas ajenas mansamente o no se haya esforzado produciendo pensamiento, tal vez le de lo mismo tres, cuatro o cinco. Pero ninguna persona que entregue tiempo, sueño y vida en crear algo, permanece indiferente cuando alguien autorizado va a determinar en una escala del dos al cinco qué tan bien lo hizo. Que no nos ofusque el cliché del estudiante despreocupado, etéreo, chévere, incomprendido, que deambula por los pasillos, ni el otro del estudiante que desespera con cada seminario, devora las lecturas que le orientan, escribe de más en los exámenes y le colocan un sellito dorado en el título. Todos deambulamos por la facultad más de la cuenta. A todos nos desveló una calificación. Unos se aproximaron más al modelo de estudiante de pasillos. Otros, al modelo de estudiante del sellito. Pero no son excluyentes entre sí ni incompatibles. En lo particular, tuve un poco de ambos, no por el sellito ni por parecer etérea sino porque así era. Lo difícil es ser fiel a uno. Complacer a la gente es fácil.

En lo que concierne a la lógica de calificación de tesis asumida por la facultad, de acuerdo con su tendencia –no formalizada en documento oficial o cosa semejante-, el tribunal evalúa el producto resultante a partir de las capacidades y características de cada estudiante, y considerando, además, su evolución profesional durante los años de la carrera. Aunque se utilicen parámetros generales, cada calificación suele tener razones propias. Todas las personas no se pueden evaluar de la misma manera porque todas las personas tienen capacidades diferentes. Lo que se debe evaluar –y he visto que se evalúa en muchas ocasiones- es si la tesis se corresponde con las capacidades y posibilidades del estudiante, si expresa o no su máximo potencial.

Periodismo y literatura

No obstante, presiento –el texto publicado apenas “me permite” presentimientos en este aspecto- que el ojo del huracán estuvo en el gran dilema periodismo-literatura, como si fueran antagonistas de una telenovela. Un dilema que, por los referentes del hecho, no ocupó la discusión lo suficiente. Quizá la historia fuera distinta si el acto de defensa-oposición hubiera apostado por ese camino, que sin dudas es bastante peligroso, pues identificar la frontera entre periodismo y literatura sería algo así como encontrar un unicornio alado. Yo por lo menos estoy absolutamente en contra de hablar sobre periodismo literario, como para conferirle mayores atributos a un texto. Nunca he escuchado hablar de literatura periodística con la misma insistencia. ¿Por qué cuando se escribe bien una historia hay que pedirle prestado un género a la literatura, como non fiction novel (A sangre fría), cuando la narración es sobresaliente, o como ensayo, cuando lo sobresaliente es la profundidad reflexiva e investigativa (Las venas abiertas de América Latina)? ¿Por qué gran reportaje solo por ser largo? Hay muchas cosas en que desacuerdo. Al periodismo le basta con ser periodismo. A la literatura le basta con ser literatura. Son autosuficientes. Lo que sí hay que aprender a lidiar con la chatarra literaria, con la chatarra periodística. Las fronteras entre uno y otra se desdibujan en cada caso. Que sean amantes y compartan recursos expresivos, como una pareja compartiría el cepillo de dientes –sea por emergencia o hábito-, no significa que sean siameses ni enemigos. Lo más claro es que en la literatura puedes mentir todo lo que quieras para decir una verdad, siempre que las mentiras sean verosímiles, y en el periodismo se miente menos, solo cuando la mentira ayuda a hacer la verdad más verdadera. Por si acaso se recomienda no mentir porque trabajar con mentiras en el periodismo es un riesgo enorme. Pasa que con las mentiras se empieza y después no se sabe para cuando acabar. Parar de inventar exige una fuerza de voluntad excepcional. Y si te embriagas de mentiras, un reportaje termina convertido en un cuento. No así el cuento, que aunque sea muy cierto, no corre el riesgo de volverse reportaje si se pretendió siempre cuento, ni aunque si se disfrazara de reportaje. Para saber mentir en el periodismo sin sobrepasarse hay que ser experto, o experta, con un sentido de la ética clarísimo que impida hacerlo por facilismo, y haber permanecido en abstinencia un tiempo. Que no se confunda la mentira casual con la construcción de la realidad subjetivada, que no es mentir, aunque en ocasiones pueda resultar la más infame de las mentiras, cuando descuida su compromiso con la sociedad.

Lenguaje

Y en ese compartir el cepillo de dientes entre el periodismo y la literatura surge entonces la discusión sobre el uso del lenguaje. La literatura admite felices atrocidades como el Ulises de Joyce, que lo ha leído completo una ínfima parte de la humanidad –incluida la que descansa en paz- y una más ínfima aún lo ha comprendido; mientras, el periodismo no admite no comunicar. Tampoco se trata de aspirar a que te comprendan cada uno de los lectores de una nación, ni siquiera de una ciudad, pero debe procurarse la comunicación. Y comunicar no supone conformarse con bagatelas, renunciar a la originalidad, menos a la poesía. Porque también hay que aprender a comunicar sentimientos, en conjunto con las ideas. Sin embargo, la selección de las palabras debe ser tan estricta como en la literatura, y no por las mismas razones. Las palabras no son únicamente términos bonitos o feos, que entonan o desentonan. Las palabras son sentidos con formas específicas. Trabajar con ellas implica conocer el sentido de cada una, así como los sentidos que crean en relación con otras, en relación con una época, en relación con un contexto, en relación con quienes van a leerlas, en relación con quien se las atribuye. Ninguna palabra es inofensiva. Por eso cada una, en el periodismo, necesita justificarse en la integralidad de un texto. La “vulgaridad”, en mi opinión, es válida siempre que demuestre su necesidad. Como mismo tendría que justificarse la mojigatería. Es decir, cualquier estética en el lenguaje. Utilizar lo grotesco en periodismo no es un pecado capital si lo grotesco se logra sostener con una realidad que sea eminentemente grotesca. Lo cual habría que manejar con extremada cautela para no caer en lo vulgar. Vulgar no como las palabras “malas”, que escandalizan precisamente por sus sentidos, sino vulgar como carente de belleza. De lo convencionalmente feo también puede emanar belleza.

Utilidad

No se si a Lázaro le sirva de algo tanta marejada de palabras. No podemos cambiar el pasado. No sé si se pueda revertir la situación. Si existan recursos de apelación para predefensas. Tampoco conozco la versión del tribunal, sus argumentos para la decisión que tomaron. Pero sí creo útil la socialización de lo que ocurrió. No tanto para Lázaro como para próximos estudiantes y tribunales de nuestra facultad que continuarán enfrentándose en tesis genuinamente transgresoras o que pretendan serlo. Si hubiera más discusiones acerca de lo que ocurre en nuestra facultad, de lo injusto y lo justo, porque ninguna persona está libre de actuar injustamente, quizás Lázaro hubiera enfrentado la defensa de otra manera, quizá el tribunal hubiera enfrentado la tesis de otra manera. Quizá lo que toca es exactamente imaginar nuevos métodos para defender tesis y evaluarlas, que conjuguen mejor con las tesis que se realizan. Ojala entonces sirviera lo ocurrido para eso, para imaginar.

 

*Es el título de la Tesis de Lázaro Jorge Carrasco

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29 comentarios en “Otra perspectiva de la historia relatada en La cara oculta de FCOM

  1. Otra vez M.B.S. me recuerda la autenticidad de quien piensa y escribe públicamente con responsabilidad. Siento pena por Lázaro, no aquella que castra su libertad de reacción, sino la que siente uno cuando le parece que demasiadas energías se han canalizado a través de un mismo embudo. Siento dolor por la Facultad, que otra vez vuelve a ser centro de debates por algo negativo (y en eso creo que todos concordamos), una Facultad que reconociéndola en los textos de Carlos Manuel y Mónica (debo admitir que más en el de ella) me lastima todavía porque deambulando en sus pasillos y sentado en sus aulas (gracias a algunos de sus profesores y a veces por culpa de ellos) se formó mi proyecto personal, profesional y político; siento dolor porque sigue siendo objeto de tantas miradas y atenciones que va perdiendo poco a poco su mérito como secreta cofradía, forjadora de rebeldías intelectuales. Aún así me alegro demasiado que Lázaro, Mónica y Carlos Manuel quepan dentro de ella como para que este sea un comentario únicamente de reproches. Del tribunal solo silencio porque no estuve, porque no sé… aunque imagino. A la Facultad, más que a Lázaro, que vuelva una y otra vez sobre el vergonzoso momento en que juzgó, con todo el poder y toda la responsabilidad.

  2. Mein Gott! ¿Esto es lo que la generación del siglo XXI entiende por “alemán” y “filosófico”???!!!! No en balde la tal FCOM esa tiene que ir por ahí ocultando la cara, si esto lo que mal-enseña… Schande über euch! Ahora los dejo para ir a revolverme en mi tumba…

  3. Debe ser porque me fui, porque vivi demasiadas cosas que a veces prefiero no recordar, o porque como dijo la propia M.B.S, tuve que largarme para no declarar mi rendicion. Deber ser porque estoy cansada de que las esencias de las denuncias se confundan con agresion hacia algo querido, o que porque el algo querido este manchado de pesimas decisiones y dogmatico castigo a los que “imaginan” diferente, otros piensen que uno les esta pisoteando la institucion. Yo no estudie en la facultad de periodismo, pero me es muy cercana por muchas razones. Me limito a comentar sobre un fenomeno que trasciende los muros de Bohemia, porque repito, no me atrevo a sennalar puntualmente esa facultad que no es mia.
    MBS, imaginar concuerdo contigo, nadie lo puede prohibir, o impedir. Cuando yo estaba tratando de luchar por cambiar lo que debia ser cambiado, me canse de decirte a ti y a todos nuestros dementes, que no creia en la represion a la libertad del pensamiento. Que para mi, no habia institucion capaz de controlar lo que yo pienso (dime tu si no lo puedo controlar yo lo van a controlar otros!) Dije muchas veces que aun desde una celda, con los ojos y la boca vendados, unos sigue siendo libre de pensar. Asi que en la idea de limitar la imaginacion, estoy de acuerdo contigo. En todo lo demas no estoy ni en acuerdo ni en desacuerdo, simplemente no entiendo. En algun momento, que yo asumo debe haber sido aquel 13 de Mayo cuando un oficial de aduana me puso el cunno indicando que salia definitivamente de mi pais, yo deje de entender tu literatura politica. Te leo y me parece leer a Luisi, a Guanche, a Julito, o tantos otros. Palabras como “logicas de poder”, “articulacion” y otras tantas que siempre me dio la impresion se repetian demasiado como si no existiera otro modo de decir lo mismo, uniformando a los que piensan semejante bajo lo que aparenta ser el mismo discruso, te alejan de lo que yo solia leer antes. Pero en cualquier caso, no estoy comentando para criticar tu literatura. Sabes lo que opino de tu talento para dibujar mundos enteros con palabras, uno que yo quisiera tener tan desarrollado. Lo que pretendo transmitir es que, ademas de que tu texto es muy largo (se que tienes un dilema con ese tema pero me duele que la gente que mas necesita leerlo se canse antes del final, considera como parte de esa “responsabilidad” que dice Pedro tienes al escribir, hacer las cosas un poquito mas cortas para que mas personas puedan disfrutarlas) tambien me sucede que no logro definir realmente lo que estas diciendo. En algunos parrafos me queda clarisimo, dolorosamente claro agrego, pero en otros no tanto.
    Yo no creo que la intencion de “La cara oculta de FCOM” haya sido la de pisotear la facultad, ni mucho menos darle “mala publicidad”, de haber sido asi lo habrian titulado “La verdadera cara de FCOM”. El hecho de que el titulo diga, “la cara oculta” implica de por si que la facultad no es solo aquello que se esta denunciando. Habla de un lado, una parte, un rasgo, un aspecto, que es esencialmente negativo pero que no necesariamente define la institucion.
    Entiendo tambien tu comentario sobre los que se abanderan con la censura para que les pongan la capa de super heroes de la libertad de expresion, y que en el fondo, tienen un discurso vacio y sin fundamentos bien estructurados. Los conozco, y los rechazo, porque por ellos tambien se ha satirizado y tirado a burla el esfuerzo genuino de otros que tal vez no tienen el mismo dominio de la lengua de Cervantes pero tienen un corazon que late a la izquierda, como el de Pablo o el de Roa, te acuerdas de Bufa Subversiva?
    Yo, que me fui, que “sali definitivo” que ya no tengo derecho a ir a un hospital como el Calixto Garcia y me tengo que pagar 50 dolares de seguro medico para que me atiendan en la clinica Cira Garcia cuando voy de visita a MI PAIS. Yo que segun algunos no deberia tener la cara dura de comentar sobre Cuba y mucho menos sus instituciones… yo estoy genuinamente preocupada por el futuro que las generaciones nuestras y algunas anteriores estan planteandose hoy. No me queda claro cual es el proyecto, ni mucho menos cual es la actitud. Mi weberiana interior esta muy preocupada por las intenciones, las acciones, pero sobre todo la forma de esas acciones.
    Tuve la suerte o desgracia de entrar en la piel de estudiante universitaria en una de las mas celebres universidades canadienses. Los primeros dos meses fueron de una confusion absoluta, no por el idioma sino por el sistema. Es tan diferente del sistema cubano que a ratos no sabia si estaba en la universidad o el circo. Pero un dia, me dio por pensar (cosa peligrosa cuando se es tan demente como yo y se tiene tan poco control sobre las ideas) que hay muchisimas cosas del sistema de educacion superior cubano que en teoria son ideales, y otras muchas que en teoria y practica son desastrosas. Pero cuando uno experimenta ( y repito, experimenta como estudiante corriente, no como profesor ni aspirante a maestria, que son distintas las experiencias por completo) otros sistemas de educacion e incorpora las nociones que ya tenemos de educacion popular etc, se da cuenta de que hay muchisimo potencial en la institucion cubana que se esta tirando por la ventana por dos cosas principales, el dogmatismo y estrechez de pensamiento de algunas personas que todavia duermen con una foto de lenin bajo la almohada porque nadie las ha avisado que los tiempos cambiaron, personas que todavia piensan que pensar diferente es contraRevolucion y que censurando van a llegar a mejores posiciones o quien sabe si a Ministro de Educacion, y por otro lado los que cada vez que alguien explota y se caga en la madre de la escuela, de la avenida de los presidentes, del comite central y de la palma, salen con banderas y escudo a decir “controla tus pasiones brother que tampoco es todo blanco y negro”. Dejenme decir que para algunos, en determinados momentos, las cosas son blanco y negro, y que no todo el tiempo se puede pensar y escribir con responsabilidad. Yo pienso Mona, que si a mi me hubiesen llegado a meter presa, o si yo hubiese llegado a hacer algo suficientemente estupido como para caer en esa desgracia, tu no habrias pensado y escrito con tanta responsabilidad, al menos eso quiero creer y por tu madre no me corrijas si me equivoco. El problema es que tanta responsabilidad, tanta teoria, tanta explicacion “articulada” y descriptiva de las “logicas” no deja espacio a las pequennas catarsis que son muy necesarias, en mi modesta cartatica opinion.
    Pero repito, no me se tomen nada de esto como agresion, porque yo, en realidad, lo unico que entendi perfectamente fue el primer texto, la cara oculta de FCOM. El tuyo M.B.S, lo releere en otro momento, pero te confieso que en 20 annos que llevo de conocerte, es la primera vez que no te leo. Besitos

  4. iblog4change: la responsabilidad no siempre es útil, ni importante, ni necesaria, pero de vez en cuando sí…. Para hablar de una cosa tan delicada como la dignidad de alguien (la de Lázaro, en primer lugar), hay que ser un poquito responsable. Y la responsabilidad no significa siempre una posición conciliadora, que incite a la calma y la cordura; de hecho puede ser todo lo contrario. Solo por ser consecuente con las verdades en las que cree, Mónica es responsable en su texto. Y ese texto, en lo personal, me ha invitado, más que cualquier otro, a no quedarme callado sobre un muchacho y una investigación que apenas conozco. De cualquier manera no creo que el hecho mismo que dio origen a todo esto sea menos injusto después de los pronunciamientos de Mónica, todo lo contrario. Las instituciones no son entelequias, son las personas que las integran y les dan vida. Cuando algo tan malo, tan terrible, ha sucedido dentro de sus muros, es hora de buscar a las personas que representaban en ese momento a la institución, no en plan caza de brujas, sino desde la ética y la verdad, que a veces, coincido contigo, es blanca o negra. Y repito, con todo el poder, pero sin asumirnos como víctimas o victimarios, como buenos y malos, sinceros y mentirosos, porque esas etiquetas por lo general tienden a perpetuarnos para siempre en un mismo rol. Y entonces no hay verdad alguna que defender.

  5. Claudia, yo tampoco creo que la intención de La cara oculta de FCOM haya sido pisotear la faculta ni darle mala publicidad. Si ese hubiera sido su motivación y fin, nunca me hubiera molestado en ofrecer otra perspectiva de la realidad de la facultad y del suceso que cuenta. Porque admiro el hecho de que haya surgido como rebelión ante lo injusto fue que escribí.
    No cuestiono el derecho de nadie a la catarsis bajo ninguna circunstancia. Siempre he creído que la catarsis es preferible a la indiferencia. Tampoco creo que La cara oculta de FCOM sea una catarsis. Precisamente porque su título refiere a la facultad y no solo a una defensa de tesis. Es un trabajo que asciende a lo profundo. Pero si no me equivoco en mi interpretación, su autor nos interpela. No es una recreación individual que comparte con el mundo. Cada persona decide como responder. Que yo desacuerde con algunas ideas que expresa, no significa que deje de considerar injusto lo mismo que él considerara injusto. En lo absoluto. Sin embargo, luego de reconocer su valor, su indiscutible talento para conmocionar, no puedo evitar intentar ese diálogo. No con él exactamente sino con sus ideas que expresa, con las ideas que asume igual mucha gente. Hay senderos que permiten redimensionar la injusticia, cuando se logra entenderla no contra Lázaro sino contra cualquier otro Lázaro futuro.
    No me puedo disculpar por la extensión del trabajo, ni por el lenguaje que utilizo, por los códigos con lo que interpreto el mundo y lo explico en mi escritura. No es algo premeditado para aislarme. Es sencillamente quien soy como persona. Me esfuerzo por no complejizar las realidades más de la cuenta, me esfuerzo por ser breve, pero casi nunca lo logro. Mis esfuerzos terminan ahí donde dejo de ser. Me encantaría poder comunicarme con más personas sin perder la complejidad, como lo lograra Carlos Manuel, pero cada quien es como es. No me agobia que me lea poca gente, ni que me lean a brincos, ni que dejen de leerme. Con eso puedo vivir. Con no ser yo, no.
    Tampoco espero reconocimientos, ni aceptación, ni siquiera tolerancia. Me conformo con recibir el respeto de quienes incomprendan lo que escribo, de quienes desistan de leerme, de quienes no se molesten en hacerlo. Como mismo yo respeto cualquier trabajo escrito con honestidad, más si le engrandece la belleza.
    Creo que las páginas que Rafael publicara dan muestra de mi respeto hacia la escritura de Carlos Manuel. No entiendo disentir con una persona como una falta de respeto. Todo lo contrario.
    En cuanto a Guanche, Julio Antonio y Luis Emilio, confieso que los admiro muchísimo por razones que conoces. Me alegra que me identifiques con ellos. Aunque no así que nos homogenices, pues sabes que cada quien es bastante peculiar. Compartir conceptos, categorías, posiciones ante la vida, no nos uniforma. Igual de ellos lo que he recibido, excepto por Luis Emilio, viene más por lecturas, conferencias y talleres que porque sea amiga suya. Apenas saben que existo por coincidir en algunos espacios. Les conozco lo mismo que tantos otros jóvenes.
    Y aunque existan palabras que se repitan miles de veces, siempre que sienta que las necesite, yo las utilizaré. El poder, aunque no siempre lo mencione o vaya a mencionar, siempre lo estaré observando. A lo mejor es obsesión mía buscarlo en todas partes, representarlo en palabras, cuestionarlo en sus excesos, tratar de ejercerlo, pero es mi manera de ser libre, de practicar la libertad. Toda búsqueda genuina de libertad supone un desafío del poder. Y un desafío en sí misma, por la sigilosa trampa de que queriéndose libertad termine convertida en dominación.
    Yo escribo para ser libre, aunque no sea la única forma de liberarme. Sí la única imprescindible. No se como podría hacerlo sin mirar en otra dirección que no sea la del poder en el sentido que disminuye la libertad humana. A ese que también le funciono, en especial cuando no asumo la libertad.
    Lo que hubiera podido pasar no lo sabemos, pero ten la certeza de que nunca me volvería cómplice de lo que sienta injusto guardando silencio ni de ninguna otra forma. Si mañana ocurre, porque no me creo mártir, porque lo justo y lo injusto a veces no se nos presenta tan claramente, porque no somos dioses implacables para determinar lo justo, espero saber rectificar, aprender y perdonarme. No se si mis reacciones ante lo injusto correspondan con las expectativas de la gente, no se si coincida con otras reacciones. Cada persona defiende sus verdades como su moral le dicta. Pero estemos de acuerdo en el derecho universal a hacerlo.
    No disminuyo la catarsis, ni creo que mis escritos por supuestamente teóricos quiten espacio a quienes verdaderamente quieran expresarse, sea como sea. No suelo desplazarme del blanco al negro, como tampoco desvirtúo a quien lo haga, ni quisiera que me desvirtuaran a mi si no lo hiciera. Toda expresión de pensamientos y sentimientos, sea en el color que sea, desde la catarsis, la literatura, el periodismo, el cine, es válida y esencial. Más en Cuba donde hay un proyecto que tanto necesita oxigenarse con la participación ciudadana. Un proyecto ciertamente difuso, pero que fue posible por un país, por ese pueblo complejo, desgastado en consignas y en tantas otras cosas. Un proyecto, una revolución, que mientras la gente no sienta y haga nuestra, no podrá ser de todas y todos y para nuestro bien común. Social antes que institucional, partidista o gubernamental. Pero la libre expresión de pensamientos y sentimientos no anula la diferencia, la discusión con expresiones diferentes. Expresar nuestros acuerdos o desacuerdos también es válido y esencial. Las contradicciones forman parte de la vida social y del individuo.
    Y a la responsabilidad que siento ante mi realidad, no puedo renunciar. Ser responsable no es ser disciplinado ni asentir con la cabeza a cualquier cargo con micrófono, como tampoco lo es aplaudir las catarsis. Responsable se tratar de ser consecuente con lo que uno cree. Si mañana el proyecto definitivamente se va a la mierda, si de verdad lo que terminamos haciendo fue un camino más largo al capitalismo, entonces también deberé asumir la responsabilidad de ese fracaso. Lo que si no me imagino es diciendo que tales funcionarios o mas cuales dirigentes arruinaron mi país, porque en todo caso yo se los habré permitido desde mi indiferencia. En esos términos yo entiendo la responsabilidad. No busco más amigos ni simpatizantes ni acólitos en ningún bando ni en ningún color, porque con los que tengo ya me sobra. Incluso mañana si quedara sola, continuaré expresando lo que siento y pienso, aunque incomode, aunque me recriminen por mis verdades y mis maneras de expresarla. Cuento con que siempre habrá personas que sepan aceptarme, como mismo yo espero saber respetar y aceptar a cada persona, incluso a las que no me acepten.
    Por ahora, continúo con mi discapacidad para la síntesis. O para ser breve. En estos momentos, en este tipo de escritura, la brevedad en mí supondría dejar de escribir. En algunos años a lo mejor lo consiga, dice un amigo que como hasta los cuarenta uno se encuentra en expansión, y que ya me alcanzará la síntesis. Quién sabe. Pero en cualquier caso, prefiero la eterna soledad de mis palabras a vivir sin escribir. Eso es lo que significaría en este instante imponerme la síntesis.

  6. Y coincido con Pedro en que no siempre se actúa responsablemente. Porque a veces lo más responsable puede ser precisamente lo irresponsable. Y quienes me conocen saben, desafortunadamente, que hay más cosas para las que soy irresponsable que responsable. Pero en este caso, más que ser responsable, que no fue lo que me propuse y no creo que sea algo que uno se proponga y ocurra, lo que intenté fue precisamente ser consecuente con lo que creo.
    Y aclaro que lo que me bastan son amigos, no simpatizantes, mucho menos acólitos.

  7. Pedro y Monica: sennores yo definitivamente me voy a releer el texto porque les juro que parece que estamos hablando de dos escritos distintos. Es evidente que yo interprete el texto de una manera muy pero muy diferente a como lo hicieron ustedes, no la esencia del texto sino su forma quizas. He estado pensando y la sociologa me dice que probablemente sea porque hemos estado leyendo el texto desde realidades tan distintas que podrian ser planetas distintos. Ojo! No por distintas una sea mejor o peor que la otra, solo distintas, con sus obligados puntos en comun, pero formalmente distintas. Creo tambien que no conozco a Carlos Manuel ni por sennas. Tal vez tener al minimo una gota de informacion sobre el autor del texto puedo ofrecer una luz que muestra un camino hacia la interpretacion del texto. Tal vez sea la combinacion de ambos. Pero en cualquier caso, yo creo que al final estamos todos hablando de lo mismo al menos en esencia. Yo creo en la necesidad de un cambio en Cuba, como creo que el resto de Cuba piensa, un cambio desde el pueblo y para el pueblo. Lo que alguna vez quise para Cuba ya son proyectos que han acumulado polvos porque los intente en un momento que no era el apropiado… Creo que se me fue la olla y tire a Marx por la ventana y descarte el problema de las condiciones. Pero en esencia, yo quiero que las cosas cambien, quiero mas empoderamiento de los ciudadanos, mas participacion. Que nadie se sienta de nuevo que decir o criticar algo no tiene sentido porque nada va a cambiar. Y ojo que ese es un fenomeno dolorosamente universal, es como funciona el poder. Quiero que el cambio venga desde abajo, que sea el propio pueblo el actor, promotor, creador y ejecutor de esa obra. No que alguien desde el poder proponga algunas medidas que aunque positivas siguen viniendo desde arriba. No porque yo piense que el poder no sirve y que sus ideas son nulas, sino porque Cuba en mi opinion necesita urgente que el pueblo se ejercite como pueblo activo y transformador de su realidad. El activismo civico, la participacion ciudadana, es como el ejercicio. Cuando llevas mucho tiempo sin hacerlo no quieres intentarlo de nuevo poque sabes que el primer dia te va a doler horrores. Y los primeros dias no puedes levantar ni cinco libras, pero poco a poco tu cuerpo va recordando en su memoria muscular lo que puede hacer, y llegas a ejercitarte plenamente como antes. Creo que los musculos y los huesos de mi isla han estado quietos durante mucho tiempo.
    En todo caso, repito, no estamos hablando esencialmente de lo mismo? O es que yo no los entiendo a ustedes ni ustedes a mi? Yo no puedo creer que verdaderamente haya crecido una barrera en la comunicacion simplemente porque ya no estoy alli o porque mis realidades son otras.
    Lo que yo me lleve principalmente del texto de Carlos Manuel fue una critica a la tirania y dogmatismo de ciertos tribunales, que machacan (perdonen la palabra pero es la que me viene a la mente) a algunos estudiantes porque se salen de las lineas concevidas para una investigacion etc. En segundo lugar, la injusticia de lo que sucedio con Lazara cuando hay tantas investigacion con temas menos “duros” como los que el menciona, que son aplaudidas etc, en resumen el cuestionamiento del tipo de investigacion que la facultad quiere promover. En tercer lugar, y muy importante, la rabia infinita por adivinar que nada va a cambiar, que ningun estudiante va a protestar y que la gente seguira con sus propios problemas sin “meterse en candela” por el tal Lazaro al que no muchos conocen.
    Ustedes entendieron otras cosa?
    Les repito que mi interpretacion esta claramente mediada por el hecho de no estar ahora mismo en Cuba ni conocer a Carlos Manuel de nada, ni haber leido jamas nada escrito por el. Pero en fin, ahi tienen lo que yo entendi a ver si ahora nos podemos entender mejor.
    Monica, no recuerdo en ningun momento haber hablado de acolitos ni mucho menos. Yo conozco los amigos que tienes, y en algun momento muchos de esos fueron los mismos que los mios. Yo tambien tengo muchos, muchisimos amigos, que admiran y respetan mi valor, mis principios que jamas he traicionado, y que como tu, no he dejado de ser yo jamas. De hecho deje todo, absolutamente todo lo que tenia, pero no tener que dejar de ser yo. Lo que sucede quizas es que mi yo es mucho mas energico y por que no catartico que el tuyo, y en eso nunca nos entendimos. Yo siempre queria apurar los acontecimientos, actuar, actuar, actuar, tu me llamabas a la paciencia y a pensar en lo que estaba haciendo, en el momento, en las vias, en cuestionar mi necesidad de hacer cosas radicales… Creo que en eso se define nuestro diferendo, yo soy demasiado extrema y radical, tu eres mas logica y pausada. Es una opinion. Pero te reitero, no hable en ningun momento de acolitos, ni fans, ni tanto menos, porque deberias saber luego de 20 annos o mas de ser mi otra mitad, que yo conozco perfectamente tu madera, y tus amigos, y creo que te sobran, asi que no entiendo esa aclaracion.
    Yo les pido Pedro y Monica, que ustedes compartan conmigo lo que entendieron o interpretaron del texto, para ver si yo acabo de entender por que no nos entendemos. Creo que al final, cuando yo estaba en Cuba, habitabamos un lugar politico comun. Pedro a ti no te conozco personalmente pero por lo que Monica me ha contado, me daba la impresion de que estabamos todos compartiendo ideas semejantes. Asi que porfa, compartan sus interpretaciones del texto a ver si yo entiendo donde cogimos por caminos diferentes.
    Monica, la critica a tu forma de escribir asumo debe ser tan respetada como tu critica a casi todo lo que te rodea. Con el mismo fervor con el que te niegas a dejar de ser tu y escribir disntinto, con ese mismo fervor te sigo criticando como escribes, el parecido con julito, guanche y luisi, que no lo critico solo te sennale que se me hacia homogeneo, eso no tiene porque ser algo malo. Personas que comparten puntos comunes en el quehacer politico tambien pueden impregnarse uno del otro en la escritura. Lo que yo criticaba era el uso de esas palabras, (que por cierto una vez criticaste tu tambien lo que ya no te acuerdas pero David y yo si) que hacen a veces que parezca que no hay otra forma de hablar de “articulacion” “logicas de poder” etc…Yo no te critique que hablaras del poder, al contrario, si no hablamos del poder, si no lo analizamos, estudiamos etc, no tenemos punto de partida ni sabemos con que estamos lidiando. Es, como diria Ivo, “el desproposito”…
    En todo caso, te repito, como mismo tu exiges que se respete tu decision de ser tu y como escribes etc, yo exijo que me respetes mi derecho de ser yo y considerar tu discurso como yo entienda, igual o diferente al de guanche, julito o luisi, homogeneo o no, etc etc. Creo que todos tienen el derecho de criticar, pero el mio me es muy preciado porque soy probablemente la primera persona que te leyo.
    Cuando yo vaya a Cuba hablaremos con mas calma, sobretodo porque siento muchas diferencias en el ambito personal que pueden haber mediado un poco el animo del texto.
    Por otro lado, cuando hablan tu y Pedro de escribir “con responsabilidad” que ya entiendo de que estan hablando, o sea, de mantener un discurso que sea consecuente con lo que uno verdaderamente piensa y consecuente con lo que uno en realidad hace. Y llego a la encrucijada nuevamente de no conocer a Carlos Manuel pues no entiendo como su texto es inconsecuente. Pero repito, supongo que para evaluar su inconsecuencia o falta de responsabilidad al escribir tendria que conocer a Carlos no? Si algunos de los dos, Pedro o Mona, me pudiera sacar de la oscuridad y decirme cual es la inconsecuencia creo que no entenderiamos mejor.
    Bueno, ya los dejo porque las realidades canadienses reclaman mi participacion. Aqui tambien, al final, hago politica! Aqui tambien trato, junto a un grupo de los mejores marxistas de este norte frio, de mover la conciencia politica de los individuos y converles de actuar. En Quebec tuvieron grandes resultados, aunque todavia falta muchisimo, pero para los parametros de este capitalismo que es brutal y extremo, la victoria de Quebec ha sido grande.
    Cuidenme la isla, porfa.

  8. Claudia, en lo personal nada me ha molestado en el texto de Carlos Manuel, al que tampoco conozco muy bien, de leer un par de cosas suyas y de verlo en los pasillos de la facultad (en realidad creo que lo conozco más por lo que muchos me han hablado de él, casi todo referente a su talento literario). Tampoco creo que haya sido un texto irresponsable el suyo, mucho menos inconsecuente o innecesario, todo lo contrario. Esencialmente creo que todo lo que dijo es su verdad y una parte de la de todos nosotros, los que alguna vez pasamos por la Facultad de Comunicación. No tengo absolutamente nada que reprocharle, porque ¿quién soy yo para cuestionar una opinión, su opinión?. Cierto que la forma, el tono, la voz detrás de cada idea no siempre coincidió con mi manera de entender el asunto, pero eso es lo más normal del mundo. Mónica tiene la cualidad de recolocarme siempre la verdad, aunque nunca se lo he dicho, y su texto se acerca más a lo que yo pienso, pero como también es lógico difiero en un par de aspectos. Ello nunca significó que yo pensara que el texto de Carlos es irresponsable y el de Mónica por el contrario la única verdad. Simplemente el de ella me motivó a buscar la tesis en cuestión, leer el informe de oponencia y empezar a adentrame en lo que Lázaro en definitiva escribió. Y me detengo ya, que casi me siento indigno escribiendo tanto sobre un hecho que ya conozco bastante, pero por terceros, porque no estuve allí. Será porque quiero pensar, porque sé, que no podrá suceder lo mismo el año próximo, cuando acompañe como tutor la tesis de otro Lázaro (literalmente) quien realizará un documental sobre transformismo en Cuba. Ya escribiré entonces sobre ese tema de investigación, sobre ese acto de defensa, sobre ese tribunal y sobre esa facultad, esperemos que otra entonces, que no juzgue a este Lázaro de la misma manera. Me gustó haberte leído-conocido Claudia; no siento, a pesar de las distancias y las realidades distintas, incompatibilidades esenciales y puede parecer romanticismo, incluso ingenuidad de mi parte, pero veo eso como algo valioso. Un saludo y un placer.

  9. Muchas gracias Pedro, el gusto y el placer de vuelta. Te agradezco haber compartido tus opiniones sobre el texto de Carlos Manuel. Ahora entiendo un poco mejor que es lo que te resulto incomodo, y no es para nada como yo pensaba, la esencia, sino la forma, la voz como bien dices. Te repito que tendre que releerme el texto poque siendo tan honesta como me ensenno Marti, no he vuelto sobre el desde las primeras dos lecturas, hace dias ya. Puede que en mi apasionada empatia por el contenido de la denuncia, no haya notado la voz y el tono, no lo se. Puede tambien que algunas diferencias que hemos tenido Mona y yo a lo largo de mas de 20 annos de amistad, hayan mediado un tilincito el discurso de las dos, yo se que al menos el mio ha sido asi, pero, que discurso no esta mediado por las pasadas y presentes interacciones con otros? Que hable el interaccionismo simbolico! 🙂
    Yo, Pedro, sangro por la misma herida que nunca se me cerro cada vez que leo algo parecido a esto. Y como bien dices, al final ninguno de nosotros estuvo ahi, y yo tal vez no debi parcializarme tanto sin haber siquiera visto la tesis, ni el informe del tribunal. Pero las palabras que han descrito de como actuo el tribunal, de las comunicaciones pre-defensa de la tesis y lo que se dijo etc, me sonaron demasiado familiares para que no me palpitara la sangre ahi donde tengo la herida.
    En realidad lo unico que yo quiero es que dejen de suceder cosas asi. Porque Cuba tiene muchos problemas, como todo proyecto que esta aun en proceso de formacion, pero los demas problemas paulatinamente nuestra propia gente los sabra ir limando. Lo que si no puede continuar es la censura, de ningun tipo. Y no soy una de las tantas abanderadas de la libertad de epxresion ni los derechos humanos, pero en algun momento de mi paso por la UH me convenci de que la institucion podia ser tan represiva del pensamiento “otro” como cualquier institucion anclada en los modelos de los 70. Y lo que mas me cuesta entender, es que no es esa la politica. No es eso lo que se esta promoviendo desde la autoridad, es simplemente que quedan muchas personas en cargos y con responsabilidades que todavia quieren hacer carrera politica “castigando” o “regannando” a los estudiantes “revoltosos”. Eso me duele. Eso me quema. Mi tio-abuelo y mi abuelo lucharon con Jose Antonio y otros miles de estudiantes desde esa misma escalinata, y te confieso que hubo dias en los que yo sali de mi facultad tan pisoteada y humillada por un poder dogmatico y francamente ignorante y mediocre que me iba por la entrada de J para no tener que pisar los escalones ni pasar por al lado del alma mater. Yo no quiero que nadie mas sienta eso Pedro. Y yo se que esa Universidad, y tu facultad en especial, esta repleta de profesores y profesionales de un brillo intachable. Se que de tu facultad han salido mentes brillantes que enorgullece conocer. Pero tambien se de humillaciones sufridas, se andares cabizbajos, de latigazos al pensamiento “distinto”… No quiero mas historias como esas. Tal vez el tono de Carlos Manuel no era el que hubiesen querido, yo ni me percate del tono, yo lo que no hubiese querido era tener que leer que algo asi todavia suceda. Aun cuando no haya sido como Carlos lo comenta, aun asumiendo que el 4 de Lazaro haya sido por verdaderos errores metodologicos etc, el hecho de qeu tanta gente haya reaccionado en apoyo quiere decir algo. El hecho de qeu tanta gente haya comentado, reposteado, twiteado etc, es sintomatico de que algo asi es perfectamente concebible. Yo quiero que eso cambie. Yo quiero que algun dia, cuando alguien postee una historia como esa, los comentarios sean de asombro y no de “que mas se puede esperar en esa facultad”…
    Gracias por compartir Pedro. Ahora me queda mas claro todas las cosas buenas que Monica comentaba de ti.
    Un saludo sincero y mis deseos de que tu Lazaro tenga un viaje mas feliz por las aguas de la facultad y sus tribunales de tesis.
    No se por que, me viene este pedazo de cancion de Silvio a la mente, aqui se queda:
    El problema no es, darle un hacha al dolor, y hacer lenna con todo y la palma, el problema vital es el alma, el problema es de resurreccion… el problema sennor, sera siempre sembrar amor.

  10. Monica, sobre tus comentarios de que escribes como entiendes y que no aspiras a que nadie te lea etc… te respondo con tus propias palabras:
    “el periodismo no admite no comunicar. Tampoco se trata de aspirar a que te comprendan cada uno de los lectores de una nación, ni siquiera de una ciudad, pero debe procurarse la comunicación. Y comunicar no supone conformarse con bagatelas, renunciar a la originalidad, menos a la poesía. Porque también hay que aprender a comunicar sentimientos, en conjunto con las ideas. Sin embargo, la selección de las palabras debe ser tan estricta como en la literatura, y no por las mismas razones. Las palabras no son únicamente términos bonitos o feos, que entonan o desentonan. Las palabras son sentidos con formas específicas. Trabajar con ellas implica conocer el sentido de cada una, así como los sentidos que crean en relación con otras, en relación con una época, en relación con un contexto, en relación con quienes van a leerlas, en relación con quien se las atribuye. Ninguna palabra es inofensiva. Por eso cada una, en el periodismo, necesita justificarse en la integralidad de un texto”.
    “el periodismo no admite no comunicar”
    “el periodismo no admite no comunicar”
    “el periodismo no admite no comunicar”
    no se como tomar esa frase. A lo mejor, tu entiendes que comunicas, aun cuando por la extension y uso de las palabras muchos se vean privados de acceder a lo que quieres comunicar. Te entiendo cada vez menos.

  11. “en este tipo de escritura”, nunca pretendí el Periodismo en ese texto. Igual, hasta ahora, “en este tipo de escritura” que no podría clasificar, han sido más quienes han comprendido lo escrito. En lo que citas me refería al Periodismo.

  12. MÓNICA:
    Fundamentalmente, una cosa: Para enjuiciar el asunto debías haber estado (como Carlos Manuel) en la defensa de la tesis. Y luego haberla leído. Ahí radica la diferencia esencial entre tu trabajo y el suyo. Nadie que no haya pasado por estos dos momentos podría (ni debería, por razones obvias) andar dando puñetazos en el aire. Por eso subcomprendes el asunto. Y quienes te leen, en consecuencia, te subcomprenden. Cuando Norman Sims habló de “inmersión” en periodismo, quiso decir más o menos esto: No escribir de lo que no se conoce.
    Es un gran infortunio que no pueda dejar de dolerme lo que pasó con mi tesis (no mi tesis per sé) Por eso he decidido dejarte este comentario. Es mi segundo y último desde que comenzó todo esto. Mí último. Yo sí leí tu tesis y, si te soy sincero, creo que es bastante regular. Con “regular” quiero decir común y poco recordable. Yo, de hecho, la había olvidado ya.
    Si he logrado que la gente busque mi mamotreto y se lo lea, he salido invicto. Si se ha conocido medianamente mi tema, he salido invicto. Si han perdido crédito quienes tenían que perderlo, he salido invicto. Si pude graduarme con lo que quise escribir, sin dulcificar demasiadas comas y puntos, he salido invicto. Si he aprendido que tengo que aprender más. Y leer. Y entender. Y escuchar. Y escribir, porque esto apenas comienza, he salido invicto.
    He salido invicto. ¿Ves?

    1. Lázaro, dirás que no estuve, que no te conozco, que no sé del tema, que soy un entrometido… dirás lo que quieras decir, pero a partir de este comentario creo que a muchos nos importa un poco menos lo que digas. Solo sé, Lázaro, que es muy pronto para otorgar a tu tesis un lugar en la memoria de la Facultad. Sobre Mónica y su tesis no puedo ser objetivo, pero la pasión no me ciega al afirmar que ese ejercicio es (imperfecto, como el tuyo, como el mío) cualquier cosa menos “regular”. En mi mente ahora Julio García Luis y sus palabras de despedida a mi graduación: humildad, humildad, humildad.

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