extremismus

Este post lo escribí horas antes de refugiarme un fin de semana el en Centro Martin Luther King junto a una tropa universa y univaria de blogueros, algunos amigos, otros amigos sin descubrir, otros a una provocación más de volverse la nada ignorada. Lo escribí con la idea de leerlo durante el encuentro, pero por las dinámicas que se propiciaron no me pareció oportuno aburrir a mis compañeros con esta lata.

Quizás a muchos les parezca agresivo, machacón, ahora que como Leopoldo, todos vamos a ser amigos. Pero no podía quedarme con este post en la máquina, tenía que compartirlo, porque la amenaza a la intolerancia y al tolitarismo nos acecha a la vuelta de cada esquina, cada vez que se toma una decisión unilateral y luego se le intenta amparar en acciones estratégicas, cada vez que se ataca algo desde la hipocresía y la mala fe.

Oportuno llega este encuentro, en un momento en que las circunstancias recientes parecen querer desmentir las tesis sostenidas por investigadores serios –y por la mayoría de los blogueros de buena fe- acerca de la existencia de una blogosfera diversa, repleta de diferencias y puntos en común; y no la simple (e ilusoria) polarización entre oficialistas y disidentes.

Aquí está presente Alejandro Rodríguez Rodríguez (Alejo), un bloguero que ha recibido recientemente un ataque propio de la más rancia reacción,  un ataque con intenciones que hasta este mismo momento me son incomprensibles.

Alejo es un gran escritor, el único en mi opinión que hace en nuestro país una auténtica crónica costumbrista, un retrato con estilo y eficacia de la sociedad cubana contemporánea. Resulta que Alejo (lamentablemente) no publica en el Juventud Rebelde dominical, ni es miembro del Centro Promotor del Humor. Resulta que Alejo decidió bloguear y resulta que hay quienes no entienden para nada de qué va esto (no los aburriré con mi concepto, los remito a la definición hecha por Tunie en el blog Cubano en 1er Plano).

Lo que me preocupa no es el ataque puntual a Alejo –él debe estar partiéndose de la risa con eso-, lo que me preocupa es la amenaza de que la blogosfera cubana pierda toda la capacidad de diálogo ganada hasta aquí (capacidad cuestionable, pero estamos a años luz de etapas más críticas; los de Blogger Cuba y sus lectores saben de lo que hablo).

Lo repito a cada tanto, no hay ninguna necesidad de etiquetarse como revolucionario cada tres palabras (ni de poner Cuba en el título del blog, como recordara Alejo). En mi caso particular, soy consecuente con lo que entiendo por Revolución cuando me reacciono al ver una campaña que ha convertido en caricaturas a cinco hombres que lo dieron todo por las vidas y tranquilidad de desconocidos; cuando defiendo con uñas y dientes conceptos esenciales para mí como el derecho a la educación; cuando interpelo al Estado cubano por su sistemático accionar sin apenas participación ciudadana efectiva en el diseño y aplicación de sus políticas; cuando celebro deslumbrado el nacimiento en Cuba de una improvisación de jazz o el poema de un amigo. No necesito estandartes, ni recordatorios moncadistas para valorar la grandeza del proyecto social cubano; un proyecto perfectible pero que, como dijera Silvio, apuesta por el ser humano, y eso me basta para preferirlo a otras opciones.

Ahora, eso no significa que esté incapacitado para aceptar la idea de que otros piensen y juzguen de manera diferente a la mía. En tanto mi interlocutor no me aborde con posiciones extremas, dispuesto a aniquilarme a mí y a mis ideas, puedo conversar con cualquiera de todo. Incluso, si hay puntos irreconciliables, nos queda medio mundo de asuntos para tratar. Esta concepción dialógica, según me ha parecido comprender, se ha propagado entre quienes participan de una manera u otra en la Internet made in Cuba. Pero quedan reductos del fanatismo que, a cada tanto, dan coletazos de guapo moribundo con la esperanza de ver de vuelta el reino de la intolerancia.

Para este grupo que dice, rescatemos una criolla y sabrosa tradición que, como las victrolas, se fue para no volver. Para este grupo, niñas y niños, reservemos una gran y sonora trompetilla; y que pataleen en soledad, mientras le dure la cuenta de Internet.

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3 comentarios en “Para bloguear en Cuba (lo repetiremos hasta el cansancio)

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