Jaime Sarusky Miller, un judío se aleja de La Habana

jaime saruskyFoto: Roberto Suárez

Recuerdo un encuentro en un aula de la aséptica facultad. Éramos un puñado de estudiantes de periodismo escuchando a aquel veterano hablar de sus correrías por toda Cuba, reportando de zafras y rumiando una tremenda crónica sobre los fantasmas de Omaja. Recuerdo cómo habló de las porosas fronteras de la ficción y el periodismo en la redacción de su texto Galuber Rocha en La Habana. Recuerdo que pensé que era de los pocos periodistas preocupados en contar algo que quedaban en Cuba.

Jaime Sarusky Miller no volverá a investigar por la historia de los suecos en Cuba, ni desmontará mitos y verdades del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Ahora está recostado en la funeraria de Zanja y Belascoaín, probablemente con la luz de una vela alumbrando su rostro de hombre de otra época, un rostro de rasgos patricios y extraños para este siglo XXI. A las tres de la tarde sus huesos judíos irán a dar en el Cementerio Hebreo de Guanabacoa. Quizás descanse, o quizás se decida a hacer un perfil de Abraham o un gran reportaje sobre el éxodo israelí y el cruce del Mar Rojo con Moisés de protagonista. Con hombre tan inquieto nunca se sabe.

Nota: Justo ahora que ha muerto, descubrí este blog sobre su obra. Para los interesados: http://jaimesarusky.wordpress.com

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