ella quería ser linda

Por Jorge de Armas

Y para eso, años después, acorde con las modas, creó un blog.

Pero antes devoró cuanto libro de autoayuda se podía comprar, indagó en iglesias, sectas, conventos. Por pura inconsistencia trabajó en supermercados, fascinada por la sonrisa de cajeras horribles y sudadas que follaban sin parar tras las puertas del almacén y detenían las filas para atender sus teléfonos y sonreír otra vez.

Se enamoró de una manzana, blanca y pura, ajena a todo lo que era, mestiza de alma y carne, impura de sangre y raza. Una blanca manzana inalcanzable, tan suya y tan ajena, conjuntiva e irreal.

Devoró millas persiguiendo un sueño que jamás tuvo, calles que nunca visitó, y, en las que estuvo, murió de generosidad, dejó su alma a merced de los caníbales que de ella hicieron monumentos. Era ya linda, ¿para qué más?

La idea era sencilla, además de genial, un blog, mejor un sitio web. Fui su fan primero.

Quería una tetas, perfectas, como su manzana, y aceptaba donaciones vía PayPal. A cambio, nosotros, podíamos disfrutar, en usufructo, de esas tetas perfectas, en relación estricta y directamente proporcional al valor donado. Ni idea tenéis de cuanto gasté.

Fueron días tensos, febriles. Investigué cuanta clínica existiese, llamé a Miami, a Madrid, a Colombia. Hablé con cientos de mujeres implantadas, matriculé medicina, pagué cursos de cirugía estética y anatomía mamaria, en fin, recuerdo esos días como los más grises de mi vida, sin sueño, sin comer, dejado de mí mismo en mi ilusión.

Meses después vino el milagro. Según mis cuentas y las suyas, después de saldar su deuda con los otros que aportaron, mi crédito de tetas era ilimitado, eran mías, totalmente mías.

Llegó el día. Adolescente afeitado con cortada en las patillas llego yo, y de repente lo vi todo.

Allí estaban, al alcance de mi mano, para siempre, sus tetas y su sueño. En base a ese contrato todo ella era ya mío, y no soy nadie, así, que por no arrancar de cuajo su sonrisa, de reojo recorrí el perfil que proponía, y salí, dejando intacto el alma que aún vacila en sus rojos zapatos de tacón.

(Justo al terminar, le mando el texto por mail, y me responde, “No Jorge, ella quiere ser linda”)

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2 comentarios en “Ella quería ser linda

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