Feliz cumpleaños Edwin Madrid (#ViernesDePoesía)

Mañana, anuncia Facebook, es el cumpleaños de Edwin Madrid. A él llegue como llego a la mayoría de los libros que compro en este país, tanteando, tirándome al vacío en esta jungla sin crítica literaria ni jerarquías. En Mordiendo el frío y otros poemas descubrí una voz profunda, auténtica, emocionante, lo que me llevó a regalar su libro a las muchachas que intentaba enamorar entonces en una mezcla de evangelización y cortejo.
Podría decir que Madrid es uno de los grandes poetas ecuatorianos contemporáneos, pero la verdad es que no tengo la menor idea de cosas tales como poesía ecuatoriana contemporánea. Sí puedo asegurar en cambio que Madrid tiene una poética hermosa, un verbo lleno del espíritu urbano de su Quito natal, que se desentiende de estructuras y supuestos deber ser para entregar una poesía limpia, rotunda. Y nada que queríamos matar dos pájaros de un tiro compartiendo a este gran poeta como un regalo de cumpleaños y brindando por otro #ViernesDePoesía.

Postal urbana de Quito con yo en el fondo

Montañas irrumpiendo el cielo de la noche, calles locas que suben y bajan, campanarios, más campanarios, autos que patinan al doblar la esquina, jóvenes que se dirigen a las discotecas pateando latas de cerveza, parejas que se besan mientras los semáforos cambian. Música fugándose entre las piernas de una minifalda y los tacones obscenos de un muchacho que da los primeros pasos en su verdadero mundo. Niñas de fantasía perdiéndose sobre el rechinar de las motos.

Y allí voy yo, casi sin poder pararme, abrazado de una mujer que como bandera me agita por bares y hoteluchos. 

Con la música a todo volumen

Quién fue ese muchacho de melena rubia o negra,

pantalones de terciopelo o piel. 

Semidios que transformaba buenas canciones en maravillas.

¿Acaso un hijo de familia que dejó la vida apacible

para tocar jazz y blues o tango y cumbia

en bares o clubes de mala muerte?

¿Quién?

Prematuramente envejecido, algo obeso,

de mirada perdida

que dicen se bañaba en la piscina con su novia Anna o Gina

o que nadaba en la tina del hotel con una prostituta

El mismo que hizo escuchar a sus compañeros

discos de Chuck Berry o Chavela Vargas y Benny More.

Y que a veces, de tanto frío o calor se quedaba todo el día,

tocando la guitarra o el piano bajo las sábanas.

Pero que una tarde junto a Luis en el bajo y Phill en la batería,

empezaron a sonar en  las radios locales,

y otro día furioso golpeó a Anna o Gina,

            y Anna o Gina escapó con Lucho que luego diría:

Le quité a su novia y arruiné todo para siempre.

Entonces el muchacho descargó toda su melancolía

en el dulcimer amplificado, el sítar,

los pianos o vibráfonos repartidos aquí o allá

redondeando un disco que lo disparó a la fama planetaria.

Mas en el 68 ó 98 trataba de aquietar el

grueso de los aullidos con pastillas o alcohol,

y continuaba dejando embarazadas a sus amantes.

Aunque cada vez pasaba más tiempo escapando

de perseguidores reales o imaginarios.

Pero que no era para que el 71 o 2071 lo encuentren

en la piscina o en la bañera

con la melena formando una aureola en el agua.

¿Quién fue ese muchacho por el que paso encerrado escuchando su música?
Bonus track

Admirado Filipo si el corazón y calzoncillo de Marcia no son tuyos, no te engañes. Pues alocado como andas, vas directo a la cárcel o al hospicio.
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