Tres poemas simples de Agusto Rodríguez (#ViernesDePoesía)


En mis días por la Feria del Libro 2014, tuve la oportunidad de bucear entre muchos de los libros que allí se presentaron. Había uno de portada negra con el sugerente título de Gramática del deseo, de un ecuatoriano llamado Augusto Rodríguez. Y sucedió que al mirar la contraportada me encontré allí a mi admirado Rafael Courtoisie recomendando aquella “poesía fina y penetrante como una aguja de acero, una poesía cuya extensión es máxima como el concepto de ser pero cuya intensidad, paradójica, extraña, se concentra en un punto de belleza singular insoslayable.”
El libro fue para mi casa y estuvo dando vueltas entre ese montón de cosas que no me decido a organizar, pero hace un par de días lo tomé, y empecé a meterme implacablemente en la piel de un poeta muy sólido, un poeta con el que resuena mi diapasón al confesar en una línea cualquiera “me interesa descrubir la luz de las cosas simples”. Y ya, los dejo con tres poemas suyos en este Viernes de Poesía.

I
En el principio era mi padre y yo tomados de la mano en la infancia de nuestro apellido, en la prehistoria de nuestros abrazos y besos, de los viajes a la noche inventada o a la ciudad del alcohol y del tabaco. Nada sacamos a limpio si el mundo no se despedazó con nuestros rezos familiares. Si nosotros no fuimos el mundo, si la tierra que hierve entre nuestras venas no expulsó el infierno que llevamos dentro. Mi padre era un ser de piel silenciosa que llevaba en el corazón la ira, el odio y la condena del tiempo; hombre de sal, de sueños verdes, destinado a padecer debajo de la tormenta de hielo que incendió sus manos; manos que acariciaron mis párpados gastados, que alguna vez miraron cómo el horizonte fue un imperio que se destruyó con el fuego de la selva. Mi padre atravesó la orilla de los muertos para alcanzarme, para alcanzar a sus muertos y decirles que es el hijo de la rabia, de la furia, el hijo de los ángeles violados, el hijo que se figó de su propio entierro para reinventar los sollozos de las mujeres que tanto amó. Mi padre es la copa rota donde yo bebo sus vicios. Su vicio más profundo, su herencia vengativa, la carne miserable que no teme dividir el aire para conquistar lo que desea. Soy su herencia enferma, que asesinará sin piedad a sus verdugos. Su herencia enloquecida, que revivirá cadáveres y bestias, con tal de que su herida expulse el veneno. Mi padre es una habitación abierta de par en par donde entro sin zapatos y sin medias, dispuesto a corregir mis errores. Ahí dentro sé que soy bienvenido, pero tengo que guardar silencio, para que su palabra, que es silencio y gozo, me atraviese el tímpano, el cerebelo y cruce mi espina dorsal hasta crucificarse en mi aorta. Tengo que aprender a defenderme de sus espejos y dioses furiosos: como tigres se me lanzan al círculo e impulsan a pelear con mis manos heridas. Solo acepto con honor su invitación y nos debatimos.

Tu geometría

A Maritza Romero Bernal

Observo tus instrumentos alucinantes, huelo tu cuello detrás de tu cabello. Soy como un alacrán en una tela de ropa, puro veneno y silencio. Te completo como lo que eres, un milagro en el espejo del tiempo. Miro tus manos inocentes, acaricio la punta de tus dedos con total tranquilidad. Sé que el tiempo no está a mi favor pero aun así no quiero perderte.

Tu cuerpo es la nieve

A nadie te me pareces en esta tarde tan caótica como audaz que arde en el interior de todos los riñones; cuando duermes y en el sueño sueñas con mis dedos en tu cabello y la oscuridad no llega y tu cuerpo es la nieve.

Augusto Rodríguez (Guayaquil, Ecuador, 1979) Licenciado en Comunicación social. Ha publicado los poemarios Mientras ella mata mosquitos (2004), Animales salvajes (2005), La bestia que me habita (2005), Cantos contra un dinosaurio ebrio (Barcelona, España, 2007 y Cuenca, 2008) y Matar a la bestia –recopilación- (Guadalajara, México, 2007). Sus textos aparecen en varias antologías locales y en países como España, Chile, México, Perú, Uruguay, Venezuela y Argentina. Ha obtenido el Premio Nacional de Poesía David Ledesma Vásquez (2005), el Premio Nacional Universitario de Poesía Efraín Jara Idrovo (2005), Mención de Honor en el Concurso Nacional de Poesía César Dávila Andrade (2005), Finalista del III Premio Internacional de Poesía Màrius Sampere (2007) y Finalista del VII Premio Internacional de Poesía Joven Martín García Ramos (2008). Es uno de los fundadores del grupo cultural guayaquileño Buseta de papel. Ha hecho estudios y ha editado varias antologías sobre poesía joven ecuatoriana en el Ecuador y el extranjero. Ha participado en varios encuentros literarios dentro y fuera de su país natal. Parte de su obra poética está traducida al inglés, al catalán y al francés. Poemas suyos han salido en importantes periódicos y en revistas impresas o virtuales de Ecuador, México, Argentina, España, Colombia, EE. UU., Chile, Canadá, Perú y Uruguay. Editor de la revista literaria El Quirófano.

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