Breve charla con un discurso de Miguel Díaz-Canel

Foto: Roberto Morejón/AIN
Foto: Roberto Morejón/AIN

Los discursos son una pieza frágil pero esencial en la política. Muchas veces su carácter contingente impide se logre sintetizar en ellos un cuerpo de ideas que más tarde o más temprano no esté sujeto a críticas. Por eso no quiero ser demasiado absoluto a la hora de valorar las palabras de Miguel Díaz-Canel en la clausura del VIII Congreso de la UNEAC, sin embargo no quería dejar de hacer un par de comentarios al respecto.

De manera general, se concentró en los retos de la cultura cubana ante las prácticas homogeneizadoras de la industria cultural (aunque estuvo cargado de ideas asociadas al actual foco delirante del gobierno, la actualización del modelo económico). A lo largo del discurso Diaz-Canel llamó en reiteradas ocasiones a la unidad y a la discusión provechosa entre los intelectuales. Buen tanto.

Buen tanto que sin embargo se empaña cuando dice que la aplicación de la política cultural está reservada al estado y su red de instituciones, en franco desconocimiento de que el entramado de instancias que intervienen en la política cultural incluyen y tienen como actor decisivo al estado y sus instituciones, pero definitivamente los desborda. Semejante declaración no es solo contraproducente con el discurso que maneja el gobierno en materia de actualización del modelo económico, sino que deslegitima la labor de sujetos e instituciones que desde el ámbito privado están haciendo cultura, y no asumirlo sería un error cuya víctima principal seríamos nosotros mismos.

Ya en el plano más personal, no considero acertada la equivalencia que asocia la salvación de la cultura al socialismo. Una cosa es defender el proyecto cultural de un sistema social que busca la emancipación humana, y otra distinta es decir que ese sistema es la única vía para salvar la cultura, porque, nos guste o no, toda expresión humana es una forma de cultura, y hay tantas culturas como modos de vida posibles. En último caso, defender nuestro socialismo y su perfeccionamiento es la única alternativa para salvar la cultura socialista.

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6 comentarios en “Breve charla con un discurso de Miguel Díaz-Canel

  1. Estimado Rafa (mucho gusto), coincido con una parte considerable de tus postulados (no así en el bufo manejo de ciertos epítetos, los que prefiero minimizar para centrarme en el contenido y no en el continente). Mas me sucede que, en la misma medida que asiento, surgen varias interrogantes sobre las conclusiones que, quizás erróneamente de mi parte, deduje que planteabas.

    ¿Cuál es la cultura que promueve el capitalismo como sistema? El hecho de que hayan existido individualidades que hayan podido subsistir bajo ese sistema, como lo fue el Grupo Orígenes a mediados de los ´40 cubanos, no significa que el Estado haya potenciado su gestión, divulgación y propagación en la mayor amplitud de su espectro y menos aun como herramienta de emancipación.

    Que haya existido y exista cultura en el capitalismo es la demostración de que la necesidad de superación humana y su afán de elevar su espiritualidad se impone ante cualquier circunstancia, pero no de que sea este un escenario favorecedor para ello. El capitalismo, desde sus gérmenes, cuenta con más de 3 mil años de desarrollo y perfeccionamiento; antes se adquirían esclavos, luego mercancías, ahora acciones, pero siempre con el mismo fin de la plusvalía y alcanzar a toda costa un nivel de vida superior al de la mayoría. Este sistema no persigue otra cosa sino perpetuar la dominación de las clases altas mediante la alienación y la exacerbación del egoísmo, el individualismo y la ley de la selva entre el resto. Los egipcios hicieron cultura, no cabe duda, pero siempre alrededor del culto y ego faraónico y en pro de hacer aplastantemente incuestionable su grandeza y hegemonía; y así ha sido por los siglos de los siglos, pues ningún paje o siervo alguno trascendió a la historia más que como personaje coyuntural u ocasional de algún relato caballeresco del Medioevo. El capitalismo introdujo una emancipación, tampoco cabe duda, de la individualidad por encima de todo absurdo límite bajo el disfraz de casta social e incluso por sobre la religión y otros ciertos dogmas arbitrariamente formales. Restableció sencillamente la más simple de sus leyes, la del dinero, por lo cual debió refinarse el modo de someter por medio de la astucia, combinada oportunamente con la fuerza cuando la primera no resulta suficientemente “persuasiva”.

    No es coincidencia entonces que la gran mayoría (inmensa) de los intelectuales a lo largo del antepasado, el pasado y el incipiente nuevo siglo hayan sido y sean personas de pensamiento progresista, anticolonial y anti imperial. La cultura particularmente floreció durante o con posterioridad a conflagraciones bélicas, en momentos de hallazgos o surgimientos de nacionalismos y confrontaciones ideológicas; y, en menor medida, por saltos tecnológicos y/o meramente estéticos. No por gusto no tenemos mayor noticia en nuestros días de alguna huella “intelectualidad” del fascismo, o de la ignota África del siglo XIX, o de la tan funesta proliferación del kitch y consecuente degradación de la cultura pop durante la década de los ´80 a nivel mundial, en un marco de crisis de valores y sistemas. Por el contrario, la cultura floreció con el dadá occidental post primera guerra mundial al mismo tiempo que lo hizo el futurismo posterior al octubre rojo, o el amplísimo y diversísimo desarrollo de los movimientos culturales asociados a la guerra civil española y en otro momento la guerra de Vietnam, etc. A su vez, en Cuba y con la Revolución, la cultura se potenció a un ritmo vertiginoso, dándose una concentración, como nunca antes, en tan poco tiempo y en tan poca extensión territorial, siendo capaz de nuclear a lo vanguardia de la nueva cultura latinoamericana y buena parte de la mundial.

    El capitalismo no promueve la cultura. Es, como sistema, esencialmente opuesto al carácter liberador de la misma y solo se aprovecha de lo que le conviene para acentuar lo más recóndito y antihumano, escoge con pinzas de entre sus expresiones y artistas a aquellos que enaltezcan los antivalores, el individualismo, la excentricidad, la anarquía y el cuestionamiento burlesco a la ética y la virtud por medio del culto a todo lo que degrada la espiritualidad: la vulgarización del sexo, la estimulación del consumo de las drogas, la prevalencia de la “naturaleza animal” y el egoísmo manifiestos en la corrupción moral y la ausencia de principios.

    Desconocer la clara intencionalidad diversioncita, divisionista y de subversión de los proyectos culturales que varias “ONG´s” promueven en Cuba es pecar, más que de inocencia, de complicidad. Hace muuuuuuucho tiempo ya que la dirección de la Revolución trazó la línea de que “dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución: nada” y no podemos dejar de repasar esta idea. En Cuba, quizá con las mejores condiciones que en país alguno, se da una atención focalizada, estimulante y acompañante a la creación cultural; amén de quinquenios vetustos o contradicciones con falsas “políticas oficiales”, no exentas de dialéctica y producto de decisiones que al final no son más que obra (o destrucción) que cargan el determinismo de una persona X en un contexto dado, las que, más temprano que tarde, han sido y son superadas al no entrañar -e incluso llegar a contradecir – el espíritu de la Revolución.

    De tal modo, desconocer las instituciones propias, fruto y orgullo de la forja de nuestra nación, con el tímido alegato de cuestionar su funcionamiento sin combatirlo, enfrentarlo y transformarlo, acudiendo a la vez al facilismo de un “protector” foráneo, no es otra cosa que un facilismo, un oportunismo y una inconsecuencia moral. Por demás, pretender dar genuinidad a la cultura “free-lance” per se, sin preocuparse por buscar – proponer, exigir, luchar- un espacio dentro de la organicidad del sistema cultural, es comulgar con la estrategia de quien no se interesa por salvar nuestra cultura, sino se aprovecha de las contradicciones y carencias de nuestros espacios (en los que en su versión garrote influye decisivamente en entorpecer) para degradar el orden y la fe en la institucionalidad en general hacia el Estado en primer lugar y el sistema Socialista en esencia.

    Por ende, hay una sola cultura que salvar y es la obra toda de la humanidad, que se preservará únicamente si logra subsistir en sí misma como especie, urgencia a la que solo convocan consciente y activamente el Socialismo y el Comunismo.

    1. Hola Cubanauta:
      me alegra que mi breve comentario haya motivado una reflexión tan extensa en ti. Perdona si estas palabras no le hacen justicia a tu reflexión, pero ando escaso de tiempo y de conexión desde el Palacio de las Convenciones.
      Me sucede lo mismo que a ti con mi texto, estoy de acuerdo con lo que planteas, sin embargo le noto puntos de fuga con los cuales discrepo. En una primera instancia creo que, o me malinterpretas, o deicidamente no coincidimos. Respetar la diversidad de criterios me parece fundamental, y la disyuntiva de socialismo o barbarie -por bien que pueda sonar en un discurso- me parece que limita la riqueza de la expresión humana. Una cosa es decir, como bien apuntas, que el capitalismo como sistema no promueva una emancipación humana, y por tanto cultural, y otra bien distinta, es decir que no se genera cultura en el seno de las sociedades capitalistas. Obras como Los miserables, Kind of blue, Los simpsons, Life, surgieron en el seno de sociedades capitalistas (y muchas veces no por parte de individuos progresistas); negarlo es sacrificar parte esencial de la cultura moderna.
      Me molesta la insinuación -inconsciente o no- a la complicidad (¿complicidad con qué?, me da por preguntar), no tanto por su (in)existencia como por el hecho de esgrimirla como un argumento descalificador. El trabajo que realizan esas OnG’s que mencionas me tienen sin cuidado. Sin embargo no hablo de ellas; hablo de un complejo entramado que incluye serias ONG’s como el Centro Martin Luther King Jr. o la Fundación Ludwing de Cuba, proyectos tan variados como PMM, Fábrica de Arte Cubano o El Central Producciones, el trabajo free-lance (y sí, soy un defensor de la cultura free lance) que pueda realizar cualquier individuo, o los propios ciudadanos. Y por supuesto, las instituciones estatales. Mi punto es, sencillamente, que el estado no puede desconocer el resto de los actores sociales con los cuales se hace la política cultural, no puede dictar qué es cultura, qué es bueno, y qué se distribuye. En todo caso eso debe salir como resultado de una concertación de cada una de esas partes y siempre con un ánimo propositivo, nunca exclusivo. Pongamos un caso: Condenar el reguetón o los doramas me parece políticamente fatal; y sin embargo a nadie le dio por vetar la “década prodigiosa” (y de ahí pa’ alante), y es esa misma cultura -mucho más agresiva producto de un contexto social más complejo y si se quiere más hostil- la que incubó todas esas formas culturales que hoy se intentan condenar .
      Termino acogiéndome a tu frase final -mutilada por mí, eso sí-: “hay una sola cultura que salvar y es la obra toda de la humanidad, que se preservará únicamente si logra subsistir en sí misma como especie”. Saludos y gracias por el comentario extenso, respetuoso y polémico.
      R

  2. La extensión, lo admito, es producto de la falta de tiempo para ser breve, o más bien conciso; una limitación e incapacidad de síntesis de un no-comunicador, como afortunadamente para este blog, sí lo eres tú.

    Que menciones a Víctor Hugo como autor del capitalismo me resultó sorprendente por contraproducente a tu propio mensaje; que menciones a Los Simpson… risible, y que conste que también los veo y me divierten, como South Park, o Family Guy, o Futurama, todas manifestaciones y reflejo de la misma degradación del sistema (y tendencia repetitiva, copiadora y poco innovadora). De haberme mencionado a la antigua Disney o la siempre adelantada Pixar, quizás tenía tu punto mi atención. ¿Que se genera cultura en el capitalismo? no lo desconozco, ni nadie podría hacerlo. ¿Que sea esta un agente enaltecedor de los “valores” del sistema..? dudoso planteamiento, considerando que su fundamento es el individualismo, el egoísmo, la enajenación y la insolidaridad. En fin, que, cuando menos, ayuda a reflejarlo, ya sea desde la crítica a sus preceptos inhumanos o desde la confirmación pavorosa de su exacerbación a los más bajos instintos.

    Partimos de puntos de vista opuestos para lo que ambos estamos enfocando. No entiendo porqué te empeñas en negar y negar, al afirmar que “el estado no puede desconocer el resto de los actores sociales con los cuales se hace la política cultural”. Esa sola frase, suena… dogmática? totalitaria? impositiva? Y sobre todo absolutista, no te parece? Si ves con detenimiento mi réplica, espero puedas encontrar que pretendo la cultural política del estado como una plataforma inclusiva, de soporte y amplificación cultural, pero sí, capaz y responsable de priorizar y discernir; o me vas a decir, que Porno para Ricardo es el tipo de música que desearías que encontraran tus hijos en la tv? Y, a propósito, te recuerdo, antes de plantearse abiertamente desafiantes, cierta vez tuvieron cabida en los Lucas. Te recuerdo además, que no fue el Estado, sino la opinión pública en sus diversas manifestaciones, la que censuró el beso de Ser de Sol o el Chupi Chupi de Osmani García, independientemente del derroche pseudo-estético. Y así de complejos somos, un pueblo donde la diversidad de la vanguardia (que no necesariamente representa La Voz) se encuentra aun con el conservadurismo social.

    Si no te interesa conocer sobre las ONG´s que abiertamente obran subrepticiamente contra los movimientos progresistas y regímenes que desafían la hegemonía de EE.UU., es, por muy lamentable que suenes, tu problema tanto como periodista como desde lo intelectual. Tal confesión, querido Rafa, dice más de ti que de mí, así que prefiero obviarla.

    Te resistes -lo comprendo perfectamente en el tono pésimamente persuasivo que arroja mi propia incapacidad para atenuar los mismos impulsos que a ti, apenas un poco más joven que yo, te compulsan- a dar el más mínimo paso atrás y te lo felicito y agradezco. Pues no es eso lo que pretendo, y menos aun públicamente.

    Siempre resulta grato debatir con alguien que apuesta por dar rienda suelta a las neuronas y aun más cuando se puede al mismo tiempo ser consciente de que se es merecedor de la amable atención de una contraparte, que, en un alarde de dotes caballerezcos, ha sabido sacar de entre su escaso y seguramente provechosísimo tiempo unas breves líneas donde afinar su verbo y asumir este modesto duelo.

    slds

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