Es que Tallón, uno de esos maestros que uno se consigue a distancia y sin que tengan mucha conciencia de ello -aunque ya algo sabe de nuestro club de fans en La Habana- lo dice tan preciso, tan bien y tan divertidamente que no me dan ganas de otra cosa que rebloguearlo. De aquí a unos años, cuando nadie recuerde nada de esto, lo plagiaré de forma descarada, pero por ahora, los dejo con la magia Tallón.

Descartemos el revólver

A todos nos ha pasado creer que no sucede nada porque la noche antes de participar en un evento importante nos tomemos una copita de algo. Sólo es una copa. Y después a casa a dormir plácidamente. Este domingo, un amigo y yo corríamos la Carrera de San Martiño, una prueba exigente de diez kilómetros que sólo pretendíamos acabar, sin más. No nos pareció que nuestro objetivo se pusiese en riesgo por que el sábado, después de cenar, nos detuviésemos a tomar un gintónic y hacer eso que, los que sí ambicionan la victoria, llaman «visualizar» la carrera. Aquel combinado nos supo especialmente bien, así que pedimos una segunda ronda.

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Un comentario en “Una victoria de mierda

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