leo brouwer y marta valdes, concierto palabras

Hay una foto que nadie tomó pero que rodará en mi cabeza por el resto de mis días. Está a punto de comenzar un concierto y, en la penumbra, detrás de bastidores, esperan sentados Leo Brouwer y Marta Valdés. La verdad es que intenté capturar el momento con mi celular, pero al no usar flash, unido a mi torpeza habitual, el resultado fue francamente desastroso. Lástima de foto que no existe, porque en ella se podría resumir la música cubana de los últimos 60 años. Por suerte, a su manera, lo ratificó Haydée Milanés la noche del 2 de octubre, cuando salió al escenario del teatro Mella a defender un puñado de canciones de Marta, reunidas bajo el sencillo pero poderosamente evocador título de Palabras.

La Milanés es una cantante inteligente, aunque nos hiciera dudarlo con esa temporada mediocre cuyo resultado fue el disco titulado A la felicidad. Afortunadamente, tras un silencio fecundo –física y espiritualmente fecundo– vuelve a nosotros con dos criaturas; una pequeña hija y la presentación de uno de los discos más hermosos del actual panorama musical cubano.

La fórmula era infalible, de qué manera podría salir mal un concierto que tuvo como acompañantes a Jorge Reyes (contrabajo), Enrique Plá (batería), Ernán López-Nussa (paino), Nam San Fong (guitarra), Roberto García y sus discípulos Carlos Frank y Orlando Carrodeguas (trompetas), Yaroldi Abreu (percusión), el cuarteto de cuerdas Presto y una sección de voces de la Schola Cantorum Coralina. Todo esto, por si fuera poco, apoyado en la monumental obra de Marta Valdés, ese pedazo esencial de la canción cubana que ha cumplido ochenta magníficos años y a quién estuvo dedicado el concierto.

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Foto: Ivan Soca Pascual

En algo más de una hora, Haydée Milanés viajó entre las composiciones de Marta Valdés, dando muestras de un extraordinario ejercicio de apropiación musical. En cada una de las piezas –a través de pequeñas variaciones en los arreglos, a través de ciertos acentos precisos, a través de silencios repletos de belleza–, los asistentes pudieron saborear temas en los que la huella de su autora era evidente, pero también la búsqueda de un elemento original por parte de la intérprete, esa explosión de la canción de la que habla la gran cantora argentina Liliana Herrero; solo que esta –a tono con el espíritu de Haydée y la propia Valdés–  es una explosión íntima, tan sutil como cualquiera de sus acordes.

Aunque muchos se emocionaron con la irrupción de Pablo Milanés, quien la acompañó en par de canciones, la entrada leve de Marta Valdés cargó el teatro de una vibración maravillosa. Verla ahí, encima del escenario de un teatro por primera vez en más de diez años, verla recibir una ovación cerrada y larguísima por parte del público, sentir la magia en el aire en esos breves minutos en que tocó su guitarra y cantó, es de los buenos instantes que habrá que agradecerle a Haydée, a Alejandro Gutiérrez y al Festival Leo Brouwer de Música de Cámara.

Haydée, decía al comienzo, es una cantante inteligente. Su mutismo de los últimos años ha valido absolutamente la pena. Los miles de espectadores que colmamos el Mella le agradecemos su retorno a la mejor canción con el espléndido homenaje que ha rendido a Marta Valdés, a esa señora de frágil apariencia que tantas palabras de amor nos ha regalado.

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Foto: Ivan Soca Pascual
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