Nikhil

Si el arte contemporáneo y yo nos pudíeramos entender, me gustaría hacer textos como este de mi amiga Diana Ferreiro.

Desnuda y con sombrilla

Casi treinta y seis horas después de haber iniciado su performance, Nikhil Chopra no luce descompuesto. Ni siquiera cansado. Tras los barrotes que le separan de la audiencia, Nikhil Chopra pinta. Está sentado sobre un lienzo y a la vez lo pinta. Lo llena con imágenes de esa Habana que tiene delante, que no es demasiada, pero al parecer le basta. Desde que comenzara a hacer La perla negra, en la 12 Bienal de La Habana, el mundo de Nikhil Chopra se ha convertido en una postal rojiza de la Plaza de Armas y sus alrededores.

Cuentan que al principio del performance Nikhil estaba todo arreglado, vestido con traje y guantes y maquillado como una mujer. Treinta y seis horas después uno pudiera preguntarse qué ha comido Nikhil –aunque de detrás de su cadera asoman unos plátanos y un mango–, o dónde ha vaciado la vejiga, o si de veras…

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