Bogotá, cinco de octubre de 2017, diez de la noche. El silencio atronador de la derrota es casi una capa de la atmósfera en esta ciudad. En el minuto 79 del partido que podría haberle asegurado la clasificación al Mundial de Rusia 2018 a la selección colombiana, Radamel Falcao la picó con frialdad por encima del portero paraguayo, y Colombia estalló. Un estallido que duró demasiado poco porque Paraguay luchó los diez minutos restantes como si hubiera empezado el partido y terminó llevándose la victoria con dos goles.
De regreso al hotel, luego de comer con dos amigos, apenas me monto en el taxi, por supuesto que el chofer comienza a parlotear sobre el juego Colombia-Paraguay.
No le presto demasiada atención, solo intercalo frases corteses o asertivas en su monólogo.
De repente dice algo que atrae mi atención: “Sabe que yo le encontré un error al técnico, no debió poner a James; ese man está muy mal. Cómo no va a estarlo si se le ha ido la mujer. Si a mí se me fue y adelgacé 22 kilos, imagina ese que se le fueron millones con ese divorcio.
“Mire ahí en ese mismo asiento que está usted, se echó a llorar un médico cirujano que me pedía consejo porque se le había ido la mujer con su mejor amigo. ‘Me quiero matar, qué hago’. Imagínese, un cirujano famoso pidiéndole consejo a este taxista.
Y lo peor no es el dinero, es separarte de los hijos. A mí mi niña se me fue con dos años y medio, y solo puedo verla cada 3 meses. Hace un tiempo me llamó una noche llorando porque no tenía qué comer, y yo acá desesperado sin poder hacer nada. A primera hora del día le comisioné cien mil pesos.
“Mire”, me dice mientras me enseña en su Whatsapp el vale por la transacción, “antes de las ocho de la mañana le envié ese dinero. Porque a un padre eso le duele mucho, no poder criar a su hija. Y luego la cría otro, que es un padrastro, que va y se la come, porque así somos los seres humanos, animales.
“Pero como le dije al cirujano, hay que seguir, aunque se adelgacen 22 kilos, hay que seguir.”
Y me dejó en la puerta del hotel, pensando en los hijos que no he tenido, en las mujeres que no me han abandonado, en lo parecido que son un futbolista de clase mundial, un cirujano de fama, y un taxista bogotano.
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