Instrucciones para buscar la soledad

Ilustración: Pascal Campion
Ilustración: Pascal Campion
Hay dos maneras de buscar la soledad: por inmersión o por aislamiento.
La primera, contrario a lo que muchos podrían creer, es relativamente sencilla. Basta dejarse llevar hasta una zona bien concurrida de la ciudad -La Rampa, si vive en La Habana, es un espacio perfecto. Enseguida verá como la avalancha de cuerpos, voces y objetos hace desaparecer el entorno. Conviene, eso sí, evitar cualquier contacto visual, no sea que se tropiece con un conocido o con el amor de su vida, personas ninguna de las cuales le ayudará mucho a encontrar la soledad. Es muy recomendable también que el lugar elegido le sea bien familiar; así le negará al paisaje cualquier posibilidad de asombro.

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Estampas de la carretera

Ilustración: Brian Rea.
Ilustración: Brian Rea.

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La línea de la carretera. La línea de tu espalda. Los tonos del paisaje, según lo han querido el sol y la lluvia. Los tonos de tu piel, según lo han querido el sol y la lluvia. Charcos, arrugas, sequías, ausencias. Hay algo en esa nube que me recuerda tu boca. El aguacero que aparece de la nada, intenso y breve. Las ganas que aparecen de la nada, intensas y breves. El aire, de densidad cambiante, pasa de la liviandad del soplo a la opresiva carga de las cosas no dichas. Tu sonrisa colgada de la copa de los árboles.

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Amanecer sin Fidel. Boceto

La Habana en la mañana del 26 de noviembre de 2016. Foto: Ismario Rodríguez Pérez.
La Habana en la mañana del 26 de noviembre de 2016. Foto: Ismario Rodríguez Pérez.

Amanece. A las 7:00 am del 26 de noviembre de 2016, El Vedado está manchado por una pátina de gris húmedo y la calma de los despertares. Apenas se ven personas por las calles; en el kilómetro que camino puedo contar con los dedos la cantidad de carros con los que me cruzo. Más información

Gema Corredera, ese pañuelo nuestro

gema en casa. foto carla valdes leon
Gema en Casa. Foto: Carla Valdés Leon.

Tendría 18 años y estaría en el servicio militar. En esa época buena parte de mi servicio militar iba de unos largos viajes del Vedado al reparto Bahía, montado en rutas como la 20, la 8, el P-11. Por entonces tenía (léase le había incautado a mi padre) un raro reproductor mp4, probablemente de facturación china, que pretendía emular con las funcionalidades de un iPod –y fracasaba estrepitosamente en el intento. Pero a través de los audífonos de aquel trasto que se reseteaba constantemente y perdía la carga enseguida comencé a tomar cabal conciencia de lo que era Gema y Pavel, que son –por si queda algún despistado que no se haya enterado aún– mucho más que un dúo. Más información