El trágico destino de la mejor balsa del Diezmero

Alexis: Te lo confieso; me sorprendió el destino de Enildo Niebla. Me pilló desprevenido a pesar de ese título tan significativo, que parecía decidir su suerte de antemano, como si no hiciera falta abrir el libro para conocer el final. Debí sospechar de un apellido tan difuso, pero no, baje la guardia entretenido como estaba con los torneos  conquista-muchachas y los paseos por la finca Vigía y no me percaté del hálito mortuorio de ese apellido.

Nunca me quedó claro como volvieron a la balsa (ahí está quizás el único punto débil de la historia), pero me alegré cuando fueron rescatados, y juraría que escuché la voz del improvisador cuando cantó aquella estremecedora décima que parecía más bien un bolero y sentí pena por el solitario Enildo perdido en un New York gigantesco.  Pero de repente Alexis, vuelves sin pudor sobre tus pasos y me abofeteas con una realidad que por cotidiana no deja de ser horrible. Leer Más

Una delicia de Augusto Monterroso

Este es uno de los ensayos/crónicas más deliciosos que he tenido oportunidad de leer. Junto a “Cómo me deshice de quinientos libros” es mi texto favorito del incombustiblemente ingenioso Augusto Monterroso, de quien medio mundo –para suerte suya y desgracia del resto de su obra- conoce aquella inmortal y fugaz narración de “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Este texto de las traducciones me hizo pensar en qué hubiera dicho Monterroso de las traducciones de los títulos de las películas que vemos en los cines y en la TV cubana, salidas de la mano de algunos poetas ocultos tras bambalinas que algún día conoceremos y premiaremos; ¡y menos mal que no llegó a la era de Google Translator & Cía!

Sin más preámbulos (aunque hacer ensayos sobre ensayos se ha convertido en una tradición cultural, siempre me ha parecido una actitud un tanto parásita) aquí les va.

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También un asunto de todos

Este polémico artículo pone sobre el tapate un tema candente que debe estar rodando por las cabezas de muchos, ¿qué pasará con la cultura en nuestro economizado entorno? Arturo Arango, si bien no llega a quemar las naves y tomar una posición clara, describe el panorama con extrema precisión y expone el peligro que significaría adoptar determinadas medidas para rentabilizar la inmensa maquinaria que es el quehacer cultural de nuestro angosto archipiélago. Espero que su lectura avive la el espíritu polémico de quienes lo lean, dentro de poco dejaré mi opinión al respecto. Solo adelanto una cosa: suscribiré eternamente la definición de Fidel de que «la cultura es lo primero que hay que salvar.» Leer Más